A 109 años del nacimiento de Juan Rulfo, genio de la literatura hispanoamericana del siglo XX se le recuerda por el gran legado dejado en la Cuenca del Papaloapan tanto por programa de avanzada en organización, planeación y gran sensibilidad con pobladores, principalmente de origen indígena.
El autor de obras celebres como El Llano en Llamas y también Pedro Páramo, sentó huella imborrable en su paso por la región en el periodo de 1955 a 1957 incorporado al equipo de la Comisión del Papaloapan, después de la tragedia ocasionada por inundaciones de 1944.
Emprendieron labor titánica para superar la adversidad e impulsar una transformación integral cuyos beneficios siguen vigentes.
En ese escenario de contrastes apareció la figura de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaino.
Momento crucial, mientras el mundo literario comenzaba a intuir su grandeza ,gracias a una beca de la Fundación Rockefeller fue contratado el primero de febrero de 1955 en Ciudad Alemán con salario de $ 2800 mensuales.
Ese marzo del año referido resultó mes bisagra para la cultura universal, mientras el Juan Rulfo, funcionario se instalaba en el trópico veracruzano, la Colección Letras Mexicanas publicó “Pedro Páramo“ obra cumbre.
Habitante solitario en casa de soltero
Entre 1955 y 1957, el escritor nacido en Jalisco habitó en la Casa de Solteros de la Comisión del Papaloapan en Ciudad Alemán, municipio de Cosamaloapan.
Compartió vivienda con el contador Alberto Asiain, director administrativo del organismo.
Según relatan quienes lo trataron de cerca era persona muy culta, callado , de plática amena, en ocasiones introvertido; pero profundamente interesado en la historia de México .Provisto siempre de su cámara fotográfica Rolleiflex 6x6.
Rulfo no se puede considerar burócrata de escritorio, se encargó de investigar las condiciones sociales de la zona.
Organizó programas de riego, proyectos de revistas institucionales, redacción de textos que documentaban labor del ingeniero Raúl Sandoval Landázuri, vocal ejecutivo de la Comisión del Papaloapan.
También le tocó participar en el doloroso pero necesario proceso de re acomodo de poblaciones indígenas por la construcción de la Presa Miguel Alemán, en Temascal, Oaxaca.
Dejó legado de 350 fotografías que retratan el paisaje, la arquitectura y los rostros de pueblos originarios de la Cuenca del Papaloapan.
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