Un día como hoy, pero de 1882, en la ciudad de Oaxaca nació José Vasconcelos Calderón, quien se convertiría más tarde en el fundador del ministerio de educación en México. A lo largo de su vida, se destacó como filósofo, escritor y político, pero su mayor legado fue su labor dentro de la Secretaría de Educación Pública durante el gobierno de Álvaro Obregón, entre 1921 y 1924. Su legado marcó un antes y un después en la historia educativa del país, promoviendo una enseñanza accesible, humanista y enfocada en la identidad nacional.
Cursó la preparatoria en la Ciudad de México y más tarde estudió la licenciatura en derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde obtuvo su título en 1907. Al año siguiente, se unió al movimiento revolucionario de Francisco I. Madero, en contra de la dictadura de Porfirio Díaz y apoyó a Venustiano Carranza en su lucha contra Victoriano Huerta.
Aunque en un inicio apoyó a Carranza, con el tiempo sus diferencias ideológicas se hicieron evidentes, pues Vasconcelos veía en Carranza a un líder burocrático y autoritario que no compartía su visión de un país impulsado por la cultura y el conocimiento. Para Carranza, el orden y la estabilidad eran prioritarios, mientras que Vasconcelos apostaba por una educación más libre y una identidad nacional basada en la cultura y el mestizaje.
Su oposición se hizo evidente tras la caída y asesinato de Francisco I. Madero, pues no pasó mucho tiempo para romper alianzas con Carranza debido a sus diferencias ideológicas, entonces Vasconcelos se convirtió en un ferviente crítico del carrancismo.
En 1920, cuando el Plan de Agua Prieta, encabezado por Obregón y Plutarco Elías Calles, desconoció el gobierno carrancista, Vasconcelos apoyó el movimiento y terminó siendo nombrado rector de la Universidad Nacional de México, impulsando una reforma educativa más abierta y humanista. Este nombramiento marcó el inicio de su consolidación como una de las figuras más influyentes en la educación del país.
Aunque Vasconcelos no fue un enemigo militar de Carranza, sí fue uno de sus principales críticos y, en el plano ideológico y educativo, su rival. La caída de Carranza en 1920 permitió a Vasconcelos consolidarse como una figura clave en la educación y la cultura de México, mientras que el carrancismo quedó relegado a la historia como un régimen que no logró consolidar su visión política.

En 1921, el presidente Álvaro Obregón lo designó como el primer secretario de Educación Pública, desde donde impulsó una de las reformas educativas más trascendentales en la historia de México.
Al frente de la Secretaría, la estructuró en tres departamentos: Escolar, de Bellas Artes y Bibliotecas, y de Archivos. También impulsó un amplio programa de publicaciones, editando una colección de clásicos de la literatura universal, así como la revista El Maestro y el semanario La Antorcha. Promovió la educación en comunidades rurales, estableció redes de bibliotecas, facilitó el acceso a libros y convirtió el muralismo en una herramienta educativa, respaldando a artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
Vasconcelos también impulsó la creación de escuelas rurales con el objetivo de unificar al país a través de la educación y la cultura. Entre ellas, destacaron las Casas del Pueblo, espacios dedicados a la alfabetización, la enseñanza de diversas habilidades y la promoción del desarrollo social. Estas escuelas no solo mejoraron las técnicas de producción en las comunidades en su momento, sino que también formaron maestros rurales con sus propios recursos. Con esta iniciativa, en 1923 nacieron las ‘cruzadas contra la ignorancia’, conocidas como Misiones Culturales, un esfuerzo sin precedentes para llevar la educación a los rincones más apartados de México.
Gracias a su visión, la educación en México dejó de ser un privilegio y se convirtió en una herramienta de transformación social, con un enfoque en la identidad y el conocimiento. Como él mismo dijo: “La educación no consiste en enseñar una técnica, sino en despertar en el alumno el amor por el conocimiento.” Con este principio, Vasconcelos dejó una huella imborrable en la historia educativa del país, recordándonos que la educación va más allá de la transmisión de saberes, es una forma de cultivar una conciencia nacional y un amor profundo por el aprendizaje.
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