Por: Nancy Torres Castañeda/Marzo2026
Las felicitaciones son una constante en el marco del Día Internacional de la Mujer, que, en mi opinión, ya debiera considerarse en plural, asumiendo la diversidad de voces y mujeres que participamos en el mundo. Espacios como este nos permiten evidenciar la frecuencia con la que se corrige en todos los espacios este discurso, NO SE FELICITA, SE CONMEMORA; esto con la reivindicación directa de que las luchas emprendidas por las mujeres históricamente por sus derechos, la garantía de ellos y el empoderamiento nos ha costado el doble.
Si bien el Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo fue declarado por las Naciones Unidas en 1975, donde la importancia era reflexionar sobre los derechos de las mujeres y reconocer su participación, y dos años más tarde se convirtió en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional, simbolizando la búsqueda de la justicia, el desarrollo y la paz internacional, destacando los avances y desafíos de ello, donde las desigualdades estructurales son evidentes y la participación de las mujeres es esencial para la paz y el desarrollo sostenible, qué en los últimos años tenemos muy claro y se visibilizan en las agendas de cuidados.

Pero desde la perspectiva histórica ¿por qué surge este día de conmemoración y que mitos la rodean?, cronológicamente se puede deducir que uno de los antecedentes históricos más evidentes es la manifestación masiva bajo el lema “pan y rosas” iniciada el 8 de marzo de 1857, donde miles de trabajadoras textiles salieron a las calles en la ciudad de Nueva York, organizando una protesta contra las precarias condiciones laborales, los salarios pauperismos, aunado a las largas jornadas, donde también se exigía el fin del trabajo infantil; esto marcó un antes y un después en la lucha por los derechos laborales de las mujeres y su preocupación por las desigualdades e injusticia que también involucraban a las infancias.
Este antecedente de lucha se confunde con el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist, que ocurrió el 25 de marzo de 1911 también en Nueva York, donde aproximadamente 123 mujeres y 23 hombres murieron, siendo en su mayoría jóvenes inmigrantes de entre 14 y 23 años. Según el informe de los bomberos, una colilla mal apagada tirada en un cubo de restos de tela que no se había vaciado en dos meses fue el origen del incendio. Las trabajadoras y sus compañeros no pudieron escapar porque los responsables de la fábrica habían cerrado todas las puertas de escaleras y de las salidas, una práctica habitual entonces para evitar robos.

Al no poder huir, muchas de las trabajadoras saltaron a la calle desde los pisos más altos del edificio, otras en su mayoría murieron por quemaduras, asfixia y lesiones; uno de los mitos referentes al color morado es que el humo de este incendio era de ese color a raíz de las tinturas de las telas, sin que esto tenga una precisión.
Este trágico incendio se pudo haber evitado si desde 1857 se hubieran considerado los riesgos que se exponían por medio de la huelga y las manifestaciones, como antecedentes de las necesidades laborales que eran emergentes desde entonces. Esto nos recuerda que muchos sucesos lamentables se pueden evitar si se escucha a quienes los evidencian y les atraviesan las desigualdades; este desastre industrial, el más mortífero hasta ese momento histórico, supuso la introducción de nuevas normas de seguridad y salud laboral en ese país.
Por otro lado en Nueva York y Chicago ya habían acogido el 28 de febrero de 1909 como el nombre de “Día de la Mujer”, organizado por destacadas mujeres socialistas como Corinne Stubbs Brown (1849–1914)quien fuera presidenta de la Alianza de Mujeres de Illinois y trabajó activamente por los derechos de las mujeres trabajadoras y la implementación de leyes de educación obligatoria en Chicago y Gertrude Breslau-Hunt (1869–1952), una destacada autora, conferencista y activista estadounidense, reconocida principalmente por su papel en los movimientos socialista y sufragista a principios del siglo XX.

En Europa, fue en 1910 cuando, durante la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague (Dinamarca) con la asistencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, se decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como consecuencia de esta “Cumbre de Copenhague”, el mes de marzo de 1911 se asumió el referente del “Día de la Mujer” en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Realizando durante ese mes mítines en los que reclamaban su derecho al voto, a poder ocupar cargos públicos, al trabajo, acceder a la formación profesional y al NO ser discriminadas laboralmente. Detrás de esta iniciativa estaban las defensoras de los derechos de las mujeres Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo que, si bien no fijaron una fecha concreta, determinaron el mes de marzo como el referente que coincidía con la primera guerra mundial, y por ello se aprovechó este mes en toda Europa para protestar por las consecuencias de los actos bélicos.
Rusia adoptó el Día de la Mujer tras la Revolución comunista de 1917, después le siguieron otros países, como China donde se conmemora desde 1922, mientras que en España se asumió por primera vez en 1936. Estos referentes dieron pie a los movimientos feministas en nuestro país e inspirar que el 13 de enero de 1916 se realizara el Primer Congreso Feminista organizado en México, en la ciudad de Mérida, Yucatán, donde las mexicanas reclamaban sus derechos, educativos y sufragistas, sin embargo, se empezó a conmemorar formalmente en México alrededor de 1961, cuando esta fecha fue tomando fuerza internacional tras la primera conferencia mundial de la ONU sobre la mujer.

EL COLOR MORADO
El 8M se tiñe de morado, este color es considerado el color del feminismo, al ser vinculado históricamente con la lucha sufragista de principios del siglo XX y la trágica conmemoración de la muerte de trabajadoras textiles, simbolizando igualdad, dignidad y justicia. Representa la unión de la lucha por los derechos laborales y la igualdad de género.
Emmeline Pethick-Lawrence, líder sufragista británica, explicó que el violeta (morado) simboliza la “sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, su conciencia de libertad y dignidad”. La teoría popularizada del incendio de la fábrica en Nueva York donde el humo que salía era morado debido a las telas que estaban confeccionando, significando el color morado como “un símbolo de la lucha por los derechos laborales de las mujeres”.
Desde el contexto simbólico este color se adopta para identificarnos en nuestra lucha feminista representando la autonomía de las mujeres, actualmente reivindica la lucha por la igualdad y la prevención de la violencia hacia todas nosotras.

Desde hace unos años es muy usual los pañuelos verdes y morados, estos se adoptan a partir de las manifestaciones de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina que en su gobierno militar se caracterizó por muchas desapariciones, las madres empezaron a congregarse en dicha plaza con una pañoleta distinción de protesta, por ello ahora es muy común que los pañuelos sean evidencia de lucha y exigencia.
En este 2026 no es la excepción inundar de morado; las Naciones Unidas se centran este año en la justicia y la igualdad, sin negar que la marea verde está inundando todos los espacios, a partir del 8M cada año se empieza a considerar pintar todo de morado llamando al inicio de lo que se considera la “Primavera Violeta” un período de acciones afirmativas donde las mujeres y sus necesidades están al centro, priorizando la exigencia de vivir una vida libre de violencia; evidenciando la lucha, insistencia, persistencia y resistencia en la exigencia de que nuestros derechos sean garantizados sin reparo; con la máxima de que todas las mujeres ejerzamos todos los derechos.
