El cine de terror que propone algo nuevo, en automático se gana mi respeto por tratar de darle algo distinto al género, y en 2022, Zach Cregger sorprendió a los críticos y fanáticos del terror (a los que también me uno) con “Bárbaro” la cual estaba llena de giros y revelaciones, con lo que demostró que un nuevo talento había llegado, y tres años después, tenemos su regreso con “La hora de la desaparición”, una cinta que nos ofrece una auténtica historia siniestra, película que se cuenta a través de la perspectiva de varios personajes, y es eso lo que ayuda a armar el rompecabezas.

Cuando todos, excepto un niño de la misma clase, desaparecen misteriosamente en la misma noche y exactamente al mismo tiempo, una comunidad se queda preguntándose quién o qué está detrás de su desaparición. Esto lleva a los padres de los niños, en su desesperación por falta de respuestas, a tener severas dudas hacia la profesora de estos, Gandy, una joven con un aparente pasado complicado, que no hace mucho tiempo llegó al pueblo y se convirtió en la maestra de los pequeños, pero el ataque social hacia ella, como una cacería de brujas, la llevará a estar intranquila e investigar, sin saber que algo más oscuro habita en Maybrook, ya que a la mañana siguiente arribó al salón para encontrarlo vacío y con un solo estudiante, llamado Alex, sentado en su escritorio.


Señoras y señores… ¡ESTO SÍ ES UNA EXCELENTE PELÍCULA DE SUSPENSO! Tenía muchos años de no vivir una experiencia así en una sala de cine: Tensión, estrés, DEMASIADO SUSPENSO, una fábula tétrica narrada en episodios muy atractivos que nos va revelando poco a poco lo ocurrido, sobre la misteriosa desaparición de esos niños del mismo salón de clases que salieron de casa a las 2:17 AM y no regresaron; escenas de horror sin necesidad de ser explícitas, cada personaje tiene un aporte especial a la historia y es necesario, pero sin duda Alex es eso y más, sumado a la secuencia final que resulta un verdadero placer lleno de adrenalina, donde nos dieron una excelente representación del mal en el camino de búsqueda por respuestas, es decir una tétrica mujer, Gladys, la tía de Alex que ha llegado a su casa, una extraña anciana de cabello con color intenso, un maquillaje excesivo, un comportamiento raro y que se hace acompañar de un pequeño árbol del que cada una de sus ramas representa la posibilidad de hacer algún mal, y en donde un poco de sangre y objetos personales, permite conectar a sus víctimas en cada uno de sus rituales de control mental.


Inicialmente, el rol protagónico recaía en Pedro Pascal, sin embargo, sus compromisos con otros títulos hicieron que saliera de la película, siendo su lugar ocupado por Josh Brolin, quien cumple en su papel de un padre intenso ante la pérdida, estando acompañado de Julia Garner, quien después de verla en “Los cuatro Fantásticos: Primeros pasos”, y aquí, nos deja en claro que sí puede ser buena actriz, sumándose Alden Ehrenreich, Austin Abrams y Benedict Wong; y es importante destacar a cada uno de estos personajes, ya que tienen una función muy importante dentro de la historia, y si bien la narrativa por capítulos para algunas personas puede resultar un poco desgastante, ese es precisamente el punto a destacar en esta historia, ya que nos permite conocer sus situaciones de fondo, ver enlazadas cada una de las vidas de estos seres, que sin desearlo, tienen un punto de conexión con lo que está ocurriendo.


Si bien me hubiera gustado tener más información sobre la persona responsable de estas desapariciones, su caracterización, la interpretación y su sola presencia imponen, dan miedo y nos recuerda a esas películas de antaño en las que se apoyan de un buen sonido, oscuridad y escenas sorpresivas, brindando con ello el suspenso necesario, el horror desmedido, y la desesperación por tratar de resolver un problema que, además de dejar al descubierto algunos problemas sociales en el marco de aquello que ocurrió en “Weapons”, da como curiosidad la forma en que estos pequeños se alejaron, todos corriendo con los brazos abiertos, y sin dejar rastro; algunos fueron captados por los videos de seguridad de las casas, donde se muestra que nadie los obligó a salir y que todos corrieron exactamente a la misma hora y de la misma forma.

