Va a resultar muy difícil poder analizar “Juicio al diablo”, el documental de Netflix que explora la primera y única vez en la que se usó oficialmente una posesión demoníaca como defensa en un juicio por asesinato en EU, pero también deja mucha duda sobre lo que ocurrió en realidad con el integrante de una familia, un niño que a sus 11 años, fue poseído supuestamente por un demonio, lo que llevó a su familia a buscar el apoyo de los populares Ed y Lorraine Warren, y de los cuales aquí se pone en duda la imagen de estos personajes, mostrándolos como unos oportunistas, siendo esta la historia que inspiró la película “El Conjuro 3”.

Este documental que gira en torno al inquietante caso de Arne Cheyenne Johnson, conocido como ‘El diablo me obligó a hacerlo’, que supuso la primera y única vez en el que la defensa demostró en un juicio por asesinato la inocencia del crimen basándose en la posesión demoníaca. Era el año 1981, Johnson asesina brutalmente a un hombre, meses después asegura en su juicio que no recuerda nada, su abogado argumenta entonces como explicación la posesión satánica. Después de aparecer en las noticias nacionales, el juicio produce rápidamente fascinación en la audiencia norteamericana.

Este documental recopila grabaciones reales y relatos de primera mano de las personas más cercanas, en torno a los acontecimientos que condujeron al brutal crimen y su posterior juicio, pero también a través de dramatizaciones y diversos videos es como se presenta la investigación de lo ocurrido en aquel tiempo con la presencia demoniaca de un niño que culmina en un asesinato. El detalle está en que el documental no logra hacernos entender bien el objetivo que busca, si dejar en mal a la pareja popular de la que se desprendieron muchas historias en la saga fílmica, o dejar en mal a la madre de familia que aparentemente fue la causante de todo esto, llevando así a una familia que en la actualidad viven separados ya que lo sucedido los dejó marcados y los hizo no volver a tener contacto entre ellos.
Lamentablemente la producción falla, al ser incapaz de responder las principales preguntas acerca de la verosimilitud de su premisa, dejando en claro que al parecer todo fue una farsa.
