Tenía muchísimo tiempo que una película no me sorprendía, y “BUGONIA” es una de ellas, puesto que tiene muchos elementos que la hacen valer la pena, pero el principal de ellos es esa enorme cantidad de empatía que sentimos por sus personajes, quienes destruye nuestras ansias y nos llevan hacia las dudas, el dolor y la impotencia, caminando por el descubrimiento de la verdadera maldad y ese factor sorpresa que llega de golpe dentro de su recta final y eso nos deja prácticamente con la boca abierta, así es, a un grado de sentirnos vulnerables por haber dudado, juegazo y señalado un dolor que lleva a la locura, pero que también esconde diversos actos imperdonables, pero también vacía el abuso de poder del más fuerte sobre el más débil, y eso lleva a la aniquilación total de aquel espacio que estaba en la mira y en el cual no se logró obtener el resultado esperado.

Bugonia es una historia sangrienta de extraterrestres, de mentiras y de una fuerte batalla interna que lleva hacia una enfermedad mental, por la cuenta regresiva de una pérdida que sabemos nos afectará, pero que esto detona al ser que habita en el interior; hablar de esta película es referirnos a aquella que arrasó en Venecia y se llevó una ovación de pie de más de 6 minutos, y créanme, se lo merece.
El director y la actriz ya habían sorprendido con películas como “The Favourite” y “Poor Things”, donde han abordado temas como la salud mental, el autodescubrimiento, el ego, el horror de la experiencia humana y mucho más, y con “Bugonia” cuentan una historia sobre teorías de conspiración, invasiones extraterrestres, secuestros y tortura, y como buena película del director Yorgos Lanthimos, tiene un gran reparto, una historia con mucha oscuridad, situaciones extrañas y una fotografía colorida que le da un toque surrealista a todo, con una explosión de sangre y que además cuenta cuenta una historia que, a pesar de ser ficción, tiene una conexión con el mundo real que es fácil poder conectar con los personajes “humanos”, y si, las actuaciones huelen a Oscar.

La película sigue a Michelle, una importante CEO que está a la cabeza de una compañía farmacéutica poderosa. Del otro lado está Teddy, un hombre frustrado y que cree que el mundo tiene la culpa de todos sus problemas y que todo lo malo que sucede en el mundo, desde colapsos económicos, problemas personales, hasta desastres naturales, son obra de Michelle, y está convencido de que ella es una extraterrestre que quiere destruirlo todo, en especial por esa perfección visual que refleja ante el mundo, desde lo físico hasta lo espiritual. Es por ello que Teddy se deja llevar cada vez más por esta idea de una invasión extraterrestre y decide tomar cartas en el asunto y, junto a su primo, Don, un chico al que podemos considerar noble y especial, secuestra a Michelle, y pese a que está logra dar batalla para evitar el acto, finalmente lo logra, le rapa la cabeza (porque el cabello es una conexión con la que rápidamente los seres de otro mundo los podrán localizar) y busca obligarla a confesar, y encontrar la manera de hacerla volver a su propio planeta, mientras Michelle intenta recuperar un poco de control y manipular la situación para mantenerse con vida. La naturaleza de ella poco a poco se va mostrando de una maldad desmedida, mientras que en Teddy sabremos los motivos que lo llevaron al acto: salvar la vida de su madre que fue sometida a pruebas médicas iniciales con tal de obtener dinero, y eso es algo que salió mal en el camino.

Emma Stone, interpreta para mi gusto, a una despiadada poderosa CEO que un día para descubrir que fue secuestrada, y Jesse Plemons, que trabajó con el director en la película “Tipos de Gentileza”, aquí nos brinda una actuación BRUTAL gracias a los matices que nos permiten navegar en su sentir y su locura; un hombre al borde de la locura, paranoico y frágil. Emma se mantiene en su línea haciendo un gran dúo con Jesse quien se roba en esta ocasión toda la atención, además cuenta con Aidan Delbis, el personaje más sensible y humano en esta descabellada situación; Alicia Silverstone, Stavros Halkias, Vanessa Eng, estos últimos necesarios independientemente de que su participación es mínima, siendo una película que dialoga con temas profundamente contemporáneos como la teoría conspirativa como refugio existencial, la alienación del individuo frente al poder corporativo y la imposibilidad de distinguir verdad de delirio.

Basada en la cinta surcoreana Save the Green Planet! (2003), la cinta reinterpreta su premisa bajo una mirada profundamente actual; en la original se exploraban los traumas políticos de Corea del Sur, y aquí Lanthimos traslada la historia a un presente dominado por la desconfianza hacia las corporaciones, la paranoia digital y la pérdida de fe en las instituciones, puesto que muchas merecen ser señaladas por el trato a sus empleados. Es una película absolutamente moderna, inquietante y necesaria, una sátira política disfrazada de thriller psicológico, que merece ser vista y debatida y se estructura en tres actos: Arranca con una comedia negra muy divertida, cargada del humor típico de Lanthimos. Las dinámicas entre los personajes son grotescas, torpes y ridículamente humanas. De ahí el tono cambia, la incomodidad crece, el humor persiste, pero se envenena. Aparece la tensión y el drama, y la película se adentra en un terreno psicológico cada vez más oscuro, y finalmente el director opta por pisar el acelerador, ya que muestra el factor sorpresa con creatividad y violencia en un clímax salvaje, impredecible y visualmente impactante, como una montaña rusa emocional que pasa del absurdo a la desesperación con una naturalidad desconcertante, y sí, tu boca queda abierta.
