Son solamente cuatro los episodios brutales que “Adolescencia” presenta, una serie cruda en todos los sentidos que invita al espectador a cuestionarse muchas cosas, a descubrir de dónde nace la maldad en el ser humano, no importando la edad, de buscar entender quién es en realidad el culpable de un acto atroz, que cobija una venganza o simplemente un deseo natural hacia la violencia desmedida, y esto es algo que se logra por el inquietante plano secuencia que nunca presenta una pausa (una sola toma en tiempo real), donde la cámara nos hace ir más allá de los sentimientos de los personajes, quienes viven dolor, angustia, miedo, terror e impacto por lo que ha ocurrido.

La serie británica es demasiado realista y se respira muy distinta a otras, ya que si bien su trama principal es ya hoy en día algo común dentro de nuestra sociedad, al momento de verla nos obliga a analizar los eventos desde una perspectiva más compleja y por momentos angustiante. Aquí, los delitos no son cometidos por villanos evidentes ni por adultos plenamente conscientes de sus actos, sino por un niño, lo que añade una capa de profundidad terrible por lo que estamos sintiendo.
Protagonizada por Stephen Graham y Owen Cooper, la trama se centra en Jamie Miller, un adolescente de 13 años que es arrestado en su hogar por un equipo SWAT y es acusado de asesinar a su compañera del colegio, Katie. A lo largo de cuatro episodios, se reconstruye el caso en tiempo real, explorando las repercusiones tanto para el joven acusado como para su familia, los detectives y la sociedad que los rodea, quienes están listos para señalar y juzgar, es decir, destruir vidas dentro del mundo exterior. A medida que avanza la investigación, sus padres luchan por probar su inocencia y descubrir la verdad, mientras él intenta comprender la magnitud de lo que enfrenta. Pero todo se desmorona en el interrogatorio, ya que se comienzan a revelar los eventos que llevaron al niño a reaccionar con violencia.

LO BUENO: La historia no solo cuestiona la normalización de la violencia, sino que también aborda temas como la misoginia, los desafíos de la adolescencia, la salud mental, bullying, el horror del ambiente escolar y, principalmente, presenta un análisis profundo hacia los motivos, todo con interpretaciones destacadas por parte de todo el elenco, quienes reflejan su sentir ante la situación y se desmoronan ante la realidad.

LO MEJOR: Si bien el caso de Jamie Miller es ficticio, la serie se inspira en hechos reales. Según Netflix, su creador se basó en múltiples reportes sobre crímenes cometidos por menores, especialmente aquellos en los que se utilizaron armas blancas, mismos que en la actualidad han aumentado de manera desmedida.

LO DESTACADO: La forma en que se nos presentan los cuatro episodios y la profundidad en cada uno de ellos: En el primero la policía derriba la puerta del hogar de los Miller, donde el adolescente Jamie es arrestado y llevado a la comisaría para un interrogatorio, pero insiste en que no ha hecho nada malo. En el segundo la policia busca respuestas, y el arma homicida, en la escuela de Jamie; no obtienen información de los amigos del chico, hasta que el hijo del detective aparece para revelar el significado de los mensajes en redes sociales. En el tercero Jamie se reúne con una psicóloga y con ello vamos a experimentar el horror intenso. Al principio, no quiere hablar, pero después se sincera sobre sus complejos sentimientos hacia Katie. Y finalmente en el cuarto tenemos el cumpleaños de Eddie, el líder de los Miller, quienes intentan festejar como si todo estuviera bien, pero una serie de sucesos imprevistos amenaza con desestabilizarlos, y con ello saben que su futuro será complicado.
