Voz de alerta lanzó ayer el señor Juan José Domínguez García sobre la crisis presentada de 3 meses a la fecha con el despido de 600 trabajadores tanto de confianza como sindicalizados, consecuencia de medidas burocráticas asumidas por personal de la Aduana Marítima de Veracruz al retrasar de manera excesiva la autorización de inicio de reparaciones de buques que ingresan al dique.
Prevalece situación alarmante agregó el informante, porque el mensaje enviado a los armadores extranjeros provoca cancelaciones de contratos firmados por los tiempos “muertos” que los barcos tienen al permanecer en espera de la autorización de arranque de trabajos luego de inspecciones abordo y también en la verificación de salida, al concluir los mismos.
Nadie discute ni desaprueba la aplicación de autoridades en el afán de prevenir hechos ilícitos; sin embargo el cumplimiento de ese propósito resulta extremoso en tiempo, sobre todo al tratarse de compañías navieras cuyas largas estadías los saca de competencia.
Domínguez García demanda cambio de modelo sin salir del objetivo fundamental, de lo contrario, la carga deficitaria en pagos de nómina y demás servicios inherentes a la industria naval poseedora de prestigio por la calidad de mano de obra en el mercado internacional podría padecer estragos en productividad y hasta niveles de colapso que nadie desea en un momento que la prioridad económica y social radica en generación de empleos bien remunerados y de largo plazo.
Tenían ocupación asegurada para 1200 trabajadores
Lamentan el cambio drástico de lo conocido durante el primer trimestre comparado con la realidad actual apuntó el secretario general del SINATIN. Disponían de contratos firmados por navieras de Estados Unidos de Norteamérica, Canadá y banderas de otros países latinoamericanos que garantizaban ocupación por el resto del 2025 y todavía abarcaban primer trimestre del 2026.
Ese panorama dio un giro diametralmente opuesto. Ahora bien, Domínguez García extendió el efecto del daño económico al sector de proveedores industriales con asiento en el comercio local, regional y nacional, una cadena de acciones interrumpida de manera sensible que urge corregir.
Bienvenido el orden en el desarrollo económico, positivo el control siempre en equilibrio; pero en el caso que nos ocupa el rigorismo que caracteriza su aplicación genera efecto fuera de lo que el país necesita: trabajo y producción para un bienestar duradero, concluyó.
Síguenos en Twitter @ElDictamen
O si lo prefieres, en Facebook /ElDictamen.
Y también en Instagram: @ElDictamen
Más noticias: AQUÍ
