Transformar el trópico mexicano a través del conocimiento pareció una gloria del pasado y lo fue, cierto; pero hoy existe la evidencia de que ese legado resurge. Al cumplirse 11 años de ejercicio de innovación continua aplicada en producir alimentos básicos, constituye un eje tecnológico operado por estudiantes, maestros e investigadores en la Cuenca Baja del Papaloapan.
Recordemos que el personal del Campo Experimental Cotaxtla, desde hace más de 70 años, ha “picado piedra” uniendo la fuerza estudiantil de escuelas rurales con la ciencia y la tecnología. Llevaron los primeros maíces híbridos y variedades de frijol mejorado a las manos de maestros y alumnos. Una estrategia de divulgación efectiva que atrajo la atención de científicos de todo el continente.

Lamentablemente, comentaba el investigador Francisco Javier Ugalde Acosta, con el paso de los años se descuidó la obra, la “llama se fue extinguiendo”, solo veíamos intentos esporádicos en el camino. Hasta el 2014 reinició la era que se espera permanezca largo tiempo; sucedió en la población de Carlos A. Carrillo, Veracruz, comunidad escolar del CBTA 84, plantel a nivel bachillerato.
Aquella experiencia que empezó como una colaboración, ahora aparece convertida en actividad prioritaria de profesores y alumnos, hazaña en el sureste mexicano. Se cumplieron 11 años de una constante, de la mano de investigadores del Campo Cotaxtla, e integraron una estación experimental de vanguardia; así, con todas sus letras, opina el ingeniero Ugalde Acosta, quien recién cumplió 41 años en la familia del Inifap.

RESULTADOS TANGIBLES en el campo Cotaxtla
De manera concreta, daremos resultados de acciones realizadas durante poco más de una década: instalaron 50 módulos experimentales y de validación. Evaluaron 140 genotipos de maíz, frijol, caña de azúcar y abonos verdes. Obtuvieron rendimientos de 9 toneladas de maíz por hectárea en tierras de temporal y 2 toneladas de frijol en humedad residual. En los hechos, demostraron que la alianza establecida aporta frutos que devuelven atractivo al cultivo del campo, aseguran rentabilidad, porque nadie en su sano juicio trabaja para perder.
En los anteriores términos de una agricultura sustentable, el Centro de Estudios de Bachillerato Agropecuario 84 dejó de ser una escuela del “montón”. Más de 600 alumnos han sido arropados por alcances de la tecnología de avanzada y 30 de estos han liderado directamente los módulos demostrativos, ventaja que les da proyección hacia carreras profesionales.

La formación de calidad en grado excelente en docentes y estudiantado crece cada año en materia académica y, simultáneamente, aumenta la matrícula escolar. Esta historia presenta de manera sucinta y genuina el impacto que se puede alcanzar con la vinculación de conocimientos; en esta ocasión, una escuela tecnológica agropecuaria – bachillerato – además considerada garantía de relevo generacional al ser muchos, si no es que todos, estudiantes hijos de productores.
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