El universo Marvel, que es el favorito de muchos, hoy en día está desgastado a un grado de que ya no llaman la atención algunos estrenos, es por ello que tener “Thunderbolts*” resulta una bocanada de aire fresco gracias al desenfreno, la enorme cantidad de acción, los personajes, y a eso le sumamos lo divertida que inyecta su comedia y ese toque emotivo que sorprende, lo que le permite una mayor profundidad lejos de los espectaculares efectos especiales y los momentos clichés como parte de ese peculiar grupo de marginados a quienes queremos rápidamente y que de paso se permite darle un vuelco al futuro de este universo cinematográfico, ya que actualmente no hay héroes confiables y la cinta aborda el tema de la salud mental y el vacío que habita en los seres humanos, sobre lo difícil que es aguantar el dolor, algo que no debemos experimentar solos, porque hablándolo se encuentra una salida.

Tras el descalabro que representó “Capitán América: Brave New World” en febrero, algunos de los últimos títulos que no lograron éxito y justo antes de presentarnos “Los Cuatro Fantásticos: Primeros pasos”, Disney presenta en sociedad a un nuevo supergrupo de inadaptados, la cual puede ser catalogada como la primera gran película indie de Marvel, donde Jake Schreier dirige acertadamente la apuesta protagonizada por Florence Pugh en la piel de la viuda negra Yelena Belova y Sebastian Stan con Bucky Barnes convertido en congresista, sumado a un cast de lujo que lucen ideales en sus papeles. Un grupo de supervillanos poco convencional (Yelena Belova, Bucky Barnes, Red Guardian, Ghost, Taskmaster y John Walker) son reclutados por el gobierno para misiones encubiertas. Sin embargo, pronto descubren que han caído en una trampa mortal orquestada por Valentina Allegra de Fontaine. Obligados a unirse para sobrevivir, estos marginados se meterán de lleno en una peligrosa misión que los enfrentará a los rincones más oscuros de su pasado, poniendo a prueba su lealtad, sus habilidades y su sentido del bien y el mal.

Tras una misión fallida de Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus), quien trata de deshacerse de los personajes más perdedores y solitartios del MCU, a quienes ella considera como una tragedia antisocial humana, estos se ven obligados a sumar fuerzas para hacer frente a una nueva amenaza. Ellos son Yelena, Bucky, el Guardián Rojo (David Harbour), John Walker (Wyatt Russell), Fantasma (Hannah John-Kamen) y un misterioso hombre llamado Bob (Lewis Pullman), y de quienes conocemos sus historias gracias a los flashbacks que nos muestran sus historias una vez que tienen cercanía con Robert “Bob”, el proyecto que de manera sorpresiva aparece junto a ellos y que se sacrifica con el fin de que estos obtengan libertad, lo que le permite descubrir el gran poder que tiene.

Con una apuesta narrativa más contenida, original y efectiva, resulta una película certera, que honra las explosiones y los fuegos artificiales propios del género, pero que en esencia es una historia de personajes más profunda e íntima de lo esperado. Florence Pugh es la protagonista indiscutible de esta aventura, en cada trauma confesado en voz en off, en cada pelea contra sus demonios internos, la antiheroína más interesante que ha dado la Marvel reciente con Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen). A través de Bob, Jake Schreier se adentra inteligentemente en la mente de sus protagonistas y profundiza en sus heridas como ninguna otra película del género, por lo que es un viaje a los errores, arrepentimientos y episodios dolorosos de unos pseudo-héroes, una exploración de la salud mental mediante los pacientes más obvios, un puñado de mujeres y hombres que se dedican a sobrevivir, salvar y matar, y el resultado es sorprendentemente demoledor y emotivo y esto nos devuelve las esperanzas con un futuro prometedor, sin faltar las dos escenas post créditos ideales para los fans.
