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Hechos

El huachicol, detrás del caos en municipios de la Sierra

Grupos delincuenciales dedicados al robo de combustible expandieron sus actividades para extorsionar a los docentes

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Desde hace al menos cuatro años, la zona noroeste de Veracruz se convirtió en uno de los lugares preferidos para los grupos del crimen organizado dedicados al robo de trenes, el traslado de personas y, sobretodo, al huachicol.

Fuentes federales confirmaron a El Dictamen que la zona que comprende comunidades como Xoxocotla, Zongolica, Tezonapa, Acultzingo y Soledad Atzompa forman parte del área de influencia de estos grupos, que tienen en Puebla, Hidalgo y Veracruz su base de operaciones.

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Las tres entidades citadas están entre las cinco con más tomas clandestinas de hidrocarburos, sumando entre sí tres mil 900 en lo que va del año; Veracruz por sí sola reporta 1200 casos, la gran mayoría en territorios colindantes con Puebla.

Lo anterior recrudeció la violencia y puso en vilo la seguridad de los veracruzanos de la zona, los cuales están entre los más pobres no solo de la entidad sino del país; para muestra un botón: a finales de junio fue detenido en una comunidad de Acultzingo uno de los principales líderes de las bandas de huachicol a nivel nacional.

El gran negocio que representa el huachicol en la región serrana entre Puebla y Veracruz permitió que germinaran nutridos grupos que construyeron bandas especializadas en la ordeña de ductos de Petróleos Mexicanos, así como en la distribución y venta del hidrocarburo ilegal.

El problema para las comunidades es que, según las fuentes federales comentaron a este diario, el cerco realizado por las fuerzas del orden provocó un incremento en la violencia al obligar a las bandas a agazaparse y a buscar nuevos “negocios”, de tal forma que se volvieron comunes la extorsión, el cobro de derecho de piso y el secuestro.

Los huachicoleros diversificaron sus actividades para no perder sus altos ingresos ante la mayor vigilancia del ejército y de la Policía Federal en la zona serrana, lo que derivó en que pusieran sus ojos en grupos vulnerables, entre los que destacan los docentes.

Desde principios de este año, las bandas criminales comenzaron a cobrar a los maestros para dejarles trabajar y para evitar un secuestro, situación que se agravó cuando éstos grupos, de acuerdo a investigaciones, sospecharon de que algunos docentes eran enviados a las escuelas de la zona para servir de espías a los rivales.

Lo dicho podría explicar el incremento de la violencia contra los maestros del área (que incluye 50 comunidades), quienes mantienen su huelga de brazos caídos en protesta pese a las presiones de algunos grupos de padres de familia y ciudadanos que les exigen volver a las aulas, por más que su vida o integridad estén en riesgo.

El asesinato el pasado fin de semana de dos maestras de la región solo fue un botón más de un problema que va en ascenso por la presión de los grupos criminales ligados con el huachicol, mismos que han visto cómo la autoridad estatal los ha evitado confrontar, pese que eso significa dejar a cientos de niños sin clases, y decenas de profesionistas sin la mínima certeza de seguridad para realizar su trabajo.

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