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Mujeres que viven en la calle

Este reportaje de Testigo Púrpura se adentra en la historia de diferentes mujeres que viven en las calles del Puerto de Veracruz, todas marcadas por la violencia sexual, discriminación, violación de sus derechos humanos y estigmatización. La situación empeora cuando estas son madres, teniendo que luchar por no ser separadas de sus hijos.

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Mujeres que viven en la calle

Por: Ana Alicia Osorio/ Testigo Púrpura

En una esquina solitaria Isidora se cubre del frío y del peligro con un chal. Desde allí, agazapada, aguarda a que el movimiento de la noche cese para ella poder dormir un rato.

Los riesgos de vivir allí, en la calle, son muchos y ella lo sabe, por eso cuando dice que ha sido víctima de violencia sexual lo minimiza y sonríe.

“Me han tocado las pompas y algo de las bubis, pero nada más”, dice cubriendo su sonrisa con el chal gris, mientras cuenta los cuatro meses que lleva en situación de calle y la forma en que sobrevive obteniendo algunas monedas de la gente.

Nadia López Posada, fundadora de ‘Cenitas con Amor’, un grupo que ayuda a la población en situación de calle en el Puerto de Veracruz, puede entenderla. Ella ha visto que la violencia sexual es una constante entre las mujeres que viven en la vía pública.

“Estado de alerta constante porque son víctimas de violencia física y sexual todo el tiempo, si los mismos hombres son víctimas las mujeres pues las tienen detectadas, por eso se mueven mucho”, señala.

El diagnóstico sobre las condiciones de vida, el ejercicio de los derechos humanos y las políticas públicas disponibles para las mujeres que constituyen la población callejera 2019, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, señala que se normaliza las situaciones de violencia que viven las mujeres en situación de calle y cuando llegan a las autoridades son revictimizadas.

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“Hay un caso de una señora que me tiene muy marcada, luego te la encuentras es muy agresiva, ha sido abusada sexualmente muchas veces, en algún momento la agarraron y le metieron un palo por el ano, entonces tuvo que llegar así a urgencias y la ves caminando en calzones con playera, expuesta de los pechos; es el momento en que entendí porque las mujeres de las calle tienen más problemas mentales que los hombres”, narra Nadia.

Por las situaciones de violencia que enfrentan, la dificultad de acceder a servicios de salud, la falta de libertad, entre muchos otros aspectos el diagnóstico de la CNDH señala que la expectativa de vida una mujer en situación de calle es de 28 años.

“Su expectativa de vida es alarmantemente baja, cayendo hasta los 28 años. Es decir, cuando el grueso de la población femenina se encuentra desarrollando sus capacidades productivas y reproductivas, las mujeres que habitan las calles fallecen”, señala el informe.

Nadia ha visto a mujeres que han sido violentadas sexualmente hasta la muerte, otras que mueren de enfermedades degenerativas tras ser abandonadas por su familia en las calles, entre muchas otras historias.

Pero nadie se hace cargo de esos problemas. El propio diagnóstico de la CNDH señala que ni siquiera hay cifras de mujeres que habitan o mueren en las calles, menos aún un diseño para atender las problemáticas específicas que viven día con día.

Por ejemplo Isidora vive en el puerto de Veracruz, un municipio con Alerta de Violencia de Género y este mecanismo de emergencia no hace mención específica para ella o las otras tantas mujeres que pasan por lo mismo.

Acceder a un médico

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El coche con la comida que llevan las voluntarias de ‘Cenitas con Amor’ llega y un grupo de personas sale desde los camellones para pedir lo que para algunas es el único alimento del día.

Entre el grupo está Antonieta, sobresale por el cubrebocas azul que cubre la mitad de su cara y por ser la única mujer en situación de calle que se acerca en ese punto a solicitar esa ayuda que noche tras noche les llevan.

Esa es la primera noche después de muchas en que acude pues, cuenta, estuvo hospitalizada. Sus defensas bajaron debido al VIH con el que vive y para el que no ha podido comenzar tratamiento.

La situación de Antonieta es complicada: no contaba con su acta de nacimiento por lo que no se podía dar de alta en el sistema de salud y contar con los antirretrovirales que requiere desde hace cuatro meses, cuando le diagnosticaron el VIH.

“El doctor me dice que si no saco mis papeles a la próxima que vea será en la morgue”, cuenta a una voz muy baja, mientras guarda sus manos en las bolsa de su sudadera.

Antonieta no tiene servicio médico. Las veces que se enferma le hacen el favor de atenderla en el hospital como foránea pero la falta de documentación le hace cada vez más difícil ese acceso.

El diagnóstico Comisión de Derechos Humanos señala como uno de los problemas de las mujeres en situación de calle justamente la falta de acceso a servicios de salud, que complican la vida de muchas de ellas.

Por eso muchas, dicen, prefieren buscar una pastilla que les quite sus dolores o esperar a que las enfermedades se vayan solas pues saben que ser atendidas en una institución pública resulta muy complicado.

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En el caso de Antonieta sí fue registrada de niña pero en la ciudad de Cuernavaca por lo que obtener su acta de nacimiento es difícil pero no imposible a través de internet. Por eso su esperanza es que la ayuden a hacerlo para después tramitar credencial de elector y otros tantos documentos que necesita para tener servicio de salud.

Sin embargo, según el diagnóstico muchas de las mujeres que viven en la calle no tienen documentación lo que les impide el acceso a servicios de salud, apoyos sociales, educación o trabajo.

Antonieta a sus 22 años ha investigado acerca del VIH, se consuela y pide cambiar la mirada de quien la escucha cuando cuenta que no se va a morir pues los tratamientos han avanzado mucho, por eso su esperanza de comenzarlos rápido.

Pero la cara le torna preocupada cuando empieza a hablar de su expareja, la primera que tuvo en las calles cuando comenzó a vivir en ellas hace cuatro años, y quien no le advirtió que no podían tener relaciones sexuales sin protección pues vivía con VIH.

“Cuando me pongo mal lo recuerdo y le digo a Dios, si me vas a llevar llévatelo primero a él”, bromea para romper lo tenso del ambiente.

Ahora tiene otra pareja, una que la lleva al hospital a media noche cuando se pone mal  y a quien le pide ayuda para pagar las medicinas que le recetan, pues no cuentan con trabajo.

“La mayoría de las mujeres que viven y sobreviven en las calles en México trabajan en subempleos de bajo ingreso es decir que sus ingresos son inferiores al mínimo legal, a pesar de trabajar en jornadas completas limpiando parabrisas, realizando actividades de entretenimiento para los transeúntes y automovilistas, vendiendo productos en la vía pública”, señala el diagnóstico de la CNDH.

Autoridades omisas

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Cuando el frío arrecia en Veracruz, las mujeres en situación de calle solamente tienen la opción de cubrirse con cartones o acudir a los albergues que están instalados en algunos municipios.

Sin embargo, muchas optan por no ir a esos sitios pues de acuerdo con la CNDH allí suelen encontrar malas condiciones sanitarias y mucha discriminación y violencia.

“Le tienen temor a los asilos, a los albergues porque cerrando las puertas 2 o 3 de la mañana el albergue se vuelve ciudad sin ley (…) la ruta es lugares transitados, tratan de estar siempre en movimiento”, cuenta Nadia López.

La situación para las mujeres que tienen hijos o hijas y que viven en situación de calle no es mucho mejor, según señala.

“Tienen pánico, tanto que ni siquiera pueden pedir la ayuda porque en el momento que el DIF les detecta les quitan a los niños, ni siquiera pueden ir a solicitar ayuda médica o despensa porque en el momento en que dicen no tenemos casa les remueven a los niños y para regresárselos es un problema”, indica.

Por eso muchas veces, dice, cuando una mujer que tiene hijos en las calles es detectada por las autoridades opta por irse de ciudad y volver a iniciar en una nueva.

La CNDH advierte que el retiro de infantes es una práctica común debido a que las autoridades actúan bajo estereotipos de género y consideran que quienes viven las calles no cumplen con los requerimientos morales para maternar.

En general, señala, las mujeres en situación de calle se enfrentan a que las autoridades las etiquete de “malas mujeres” y por ello se olviden de su obligación de garantizar sus derechos.

El documento señala que “son signadas como ‘malas mujeres’: adictas empedernidas, no aptas para ser madres, irresponsables, promiscuas, ignorantes, peligrosas, criminales, incapaces de tomar decisiones, o bien que suelen tomar malas decisiones (…) son interpretadas como una causa perdida, o bien, que merecen ser castigadas”.

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