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Tanatología y vida: Toda jaula tiene una puerta

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Por: Mariana Osorio/Tanatóloga

Todo lo que hacemos viene de una preparación adquirida a lo largo de nuestra vida; sin saberlo, desde que nacemos, estamos aprendiendo a sobrevivir de una manera instintiva más que consciente, pues simplemente reaccionamos, sin pensar, por impulso a todos los estímulos que nos rodean.

Sin querer, todo y todos se convierten en nuestros maestros, aprendemos a comer, a caminar, hablar y según el maestro que elegimos, comienza el conocimiento sobre lo que podemos hacer, lo que no podemos hacer, lo que está bien y lo que está mal. Que alguien  le avise a nuestras madres que esta vida es de elección para que no sufran diciendo: ¡Eso yo no te lo enseñé!, ¡Eso  no lo viste en la casa!, pues aunque la educación comienza en casa, la terminamos donde mejor nos plazca.

Algunos de nuestros maestros nos dicen que no hay que llorar, porque los hombres no lloran o minimizan nuestros motivos para hacerlo y dicen que ellos nos darán uno para que lloremos con provecho; otros nos enseñan que no hay que reír a carcajadas porque pareces loco o te ves mal. Entonces ni lloro, ni me rio, comienzo a guardar mis emociones y en lugar de experimentarlas o sentirlas, aprendo a reprimirlas y ahí aprendo lo que llaman “impotencia”.

Pareciera que en lugar de nacer en cuna de oro nacimos en cuna de actores, nos encanta el drama. Con el paso del tiempo aprendemos a sumarle a la impotencia un toque de nuestro dolor cotidiano (sano y normal) para adentrarnos en nuestra jaula de “sufrimiento”, que no es más que la falta de aceptación ante lo que se nos niega desde la infancia, donde aprendemos mucho de ese tan puro placer instintivo que mientras crecemos tenemos que aprender a modular.

Sufrimiento, asignatura de la vida que tiene varias corrientes: interpretación negativa del dolor ya sea físico o emocional y oportunidad de aprendizaje. Todo depende el autor que uno elija y es que aunque estoy de acuerdo con eso que dice que la educación se mama, también creo firmemente que la educación se elige. Siempre tenemos elección de ver la huella del pasado para construir un futuro o ver esa huella como una cicatriz que nos marca y devora hasta dejarnos uno.

Vivimos en una jaula de la cual no podemos salir, tras los barrotes que en ocasiones son nuestros prejuicios, pensamientos, actitudes, sentimientos, creencias, culpa o muerte. Aprendemos a alimentar al sufrimiento y como resultado de esa dieta alta en angustia, miedo y desesperación se nos nubla la visión, no podemos encontrar  la salida por nuestra interpretación  negativa.

Pero toda jaula tiene una puerta, la cual se abre cuando simplemente, con enfocar la mirada, ampliamos el campo de visión para poder aceptar la verdad que se expone  por sí misma. Aprendamos a responder ante las exigencias del momento, aprendamos que las situaciones adversas no nos destruyen solo construyen una transformación.

“Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento” Gerardo Schmedlig.