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TANATOLOGÍA Y VIDA: El COVID-19 y consumos de substancias durante la pandemia

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Por: Mariana Osorio/Tanatóloga

Como si sonaran las alertas sísmicas en señal de advertencia para afrontar un temblor, así se nos presentaba en Diciembre del 2019,  por la televisión y las redes sociales, la presencia de un virus que llegaría como onda telúrica a nuestro país; teníamos el aviso y con ello el comienzo de la incertidumbre, pues como buen mexicano, “hasta no ver no creer”, ¿será verdad? El epicentro, la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, ¿ira a llegar hasta acá? El informe que emitía la OMS el 30 de enero del 2020 señalaba ya la existencia de un total de 7,818 casos confirmados en todo el mundo, la mayoría de ellos en China y 82 en otros 18 países, la OMS evalúo el riesgo en China como “muy alto” y el riesgo mundial como “alto”… ¿Me iré a contagiar?

Superando las expectativas, nos encontramos en medio del movimiento, un terremoto (pandemia) que ha ido aumentando su intensidad, cimbrando con ello nuestra estructura social, económica, familiar y nerviosa que se derrumba debido a las pobres habilidades de afrontamiento y la mala adaptación al dolor; pero no es para menos, pues a diferencia de un temblor que dura a lo mucho escasos minutos, llevamos medio año de derrumbes que hacen que caigan sobre nosotros factores estresantes que nos asfixian gradualmente por medio de la depresión, la ansiedad, la violencia y la adicción. Ya no nos basta con “un pan, pal susto” necesitamos más, así se deja ver en los resultados de las encuestas aplicadas por la secretaria de salud (presentados por Guillermina Natera Rey en el proyecto  COVID 19 y consumos de substancias durante la pandemia) donde se indica que un 23% de la población encuestada se inició en el consumo de sustancias psicoactivas durante la cuarentena, aumentando el 5.5%  en el consumo de alcohol, 2.8% de tranquilizantes, 1.9% de tabaco, 1.0 % de marihuana y 0.7% en otras drogas.

Llevamos meses bajo una situación atemorizante y de pérdida que repercute también en quién ya tenía una adicción o problemas previos que hoy se agudizan con el estar confinados, a veces aburridos, llenos de un gran vacío que nos lleva a un quiebre emocional. “Si el alcohol no me ha matado, menos un virus” (olvidando que no es el virus el que mata, sino las bajas defensas), grita el mexicano que ha estado durante varios años en el solo por hoy, sobrellevando duelos y eventos traumáticos que no ha podido concluir, se nos agota poco a poco la reserva emocional. La va acabando la angustia por la falta de fe, el miedo que se antepone al amor y la desesperación que no deja espacio para la esperanza. “Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”, oración de la serenidad.

Y se altera todo: hay días que como mucho y otros que no como nada, dice el apetito, el sueño suele ausentarse o abrazarte por más de 18 horas, me siento dispersa, comenta la atención, mientras que el estado de ánimo a veces ríe entre lágrimas o grita por la neurosis y nos lleva a buscar en una adición, ya sea de tipo química  o conductual, un falso alivio. Y  como dice el lamento boliviano “hoy estoy aquí borracho y loco…” El estar sano de cuerpo y mente es la diferencia entre los contagiados y los asintomáticos, entre el derrumbe y la estabilidad.