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viernes, abril 23, 2021

Tanatología y vida

La Inteligencia artificial  en un mundo sin inteligencia  emocional

Por: Mariana Osorio/Tanatóloga

Después de hojear varias veces una revista, de esas que pretenden matar la aburrida espera de llegar a tu destino durante un largo viaje, encontré un artículo que llamó mucho mi atención. Decía así: El miedo a la “inteligencia artificial”, esa que pretende imitar la inteligencia humana para hacernos la vida más fácil. Según decía tenemos miedo, pero yo creo que más bien es ignorancia, pues la pensamos como si fuera algo futurista cuando es tan cotidiana y parte de nuestras vidas que vive inmersa en nuestros asistentes digitales, en las grandes empresas, es  quien decide a qué información tendré acceso al usar mis redes sociales, sin darme cuenta es la que toma las decisiones de mi día a día.

¿El cambio fue tan rápido que ni cuenta me di? O en verdad si es miedo a no querer aceptar un mundo de cambio, donde la única constante es el mismo cambio y es mi necesidad de sentirme seguro y estable la que me hace aferrarme a lo conocido (en apariencia) porque sin darme cuenta mi inteligencia emocional está agonizando y fluyo más ante los códigos, algoritmos y sofisticados mecanismos que me hacen usar imágenes para reír, llorar, besar, en vez de sumergirme en un profundo abrazo en los brazos de mía amor. ¡A mí no me escriba para decirme que me extraña, a mí hábleme para decirme: Ábreme que estoy en la puesta de tu casa!

No pues sí, la inteligencia emocional está en peligro. Pues son las emociones las que juegan un papel importante en nuestras decisiones; cuando piensas en un carro, quieres el de tus sueños sin importar si es rentable. No te casas pensando objetivamente en la mejor opción, te casas enamorado. Son mis emociones las que me conectan con mí alrededor, ellas crean la empatía  para los vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos.

¿Dónde quedan las emociones? Quizá  atrapadas entre mis juicios, la negación, confusión o tal vez en la rigidez de mi cuello provocado por las largas jornadas de uso de mi celular. Me voy convirtiendo en robot fría y tensa, me programo todos los días para no sufrir olvidando que eso viene de la mano con no sentir. Voy rechazando y restringiendo mi sentir, ¿y le tengo  miedo a la inteligencia artificial?

Terminé de leer el artículo y mientras cerraba la revista, abría los ojos ante mi resistencia, y entendí que rendirme ante mis emociones no es sinónimo de sumisión o debilidad; rendirme es dejar fluir, aceptar y desapegarme de todo lo que crea en mí una falsa necesidad (apegos), necesito las mejores actitudes para enfrentar momento a momento las experiencias de la vida.

“Hoy me riendo ante la corriente del mar, pero jamás suelto el timón de mi barco”, solo yo soy responsable del curso de mi vida y yo, no quiero ser un robot.

Acompáñame este viernes 13 de marzo en la Casa de Cultura Boca del Río a las 10:00 am, a la plática “Los duelos de un corazón roto”. Las pérdidas que se viven en nombre del amor, y las herramientas emocionales para una vida en pareja. Sígueme marianatanatologa en Instagram y Facebook o escríbeme [email protected]

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