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Tanatología y vida

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El proceso de morir se llama vida

Por: MARIANA OSORIO/TANTÓLOGA

Durante el proceso de morir vamos conociendo el dolor de pérdida. Luisa recibió la noticia  de que su marido le es infiel, Rafael vive el divorcio de sus padres y no solo llora por la separación, sino que también sufre porque no verá más a su padre en casa; Laura descubre que después de tres años de intentar embarazarse es estéril; Patricia y Luis entregaron a su hija en el altar, ya no vive más con ellos; Samuel le dijo adiós a su perro después de 15 años de compartir su grata compañía; Rodolfo dejó su oficina después de 30 años por la llegada de la jubilación; Rubén recibió la noticia de que es diabético; Alejandro perdió su casa en el terremoto que sacudió al país; Claudia cumplió 10 años y ya no recibió regalos de los reyes magos, hoy entendió que la vida es diferente, que está en constante cambio y que ella está en crecimiento.

Todos constantemente estamos perdiendo algo y eso nos causa dolor, pues el dolor es directamente proporcional al aprecio, amor o apego que se tenía a eso que ya no está. Dolor que no quita la aspirina, dolor que está presente pero que a la vez no sabemos dónde está, pues lo que nos duele es el alma.

Tontamente todos le huimos al dolor, pero sin dolor no podríamos darnos cuenta cuando el fuego quema nuestro cuerpo, el dolor nos pone alerta, nos prende el foco rojo de que algo está pasando, es el mismo dolor el que me lleva a reconocer lo importante que son algunas personas para mi y es el más profundo dolor el que me lleva a valorar y agradecer lo que se me dio. Si sufro por la pérdida es porque eso que se fue seguramente era una bendición.

El sendero de la vida siempre nos lleva al mismo destino “la muerte”, la transformación, al crecimiento, al aprendizaje que se va forjando durante el proceso de morir, el cual inicia con nuestro nacimiento y culmina con nuestra muerte. Vivir es lo que hacemos a lo largo del proceso de morir, no sabemos cuando ni como sucederá, lo único que sabemos es que llegará.

Una de las preguntas más frecuentes entre nosotros los vivos es: ¿Qué esperas que suceda cuando llegue la muerte? Cuestionamiento al que la gente ha respondido con un “no quiero dolor ni para mí, ni para mi familia”, “no quiero que me dejen ni dejar desamparados a mis seres queridos”, “quiero ser perdonado por mis errores” toda una serie de situaciones que llevan un trabajo previo, pues si quieres morir perdonado en vida tendrías que pedir perdón, si no quieres dejar desamparada a la familia antes de morir tienes que trabajar en una previsión.

No es el momento de la muerte para el que hay que estar preparado, más bien se tiene que preparar el camino para llegar a la muerte, con las herramientas necesarias tanto físicas,  emocionales y espirituales que nos lleven a la aceptación del fin.

Como vives mueres, por eso no vivas resignado, vive en la aceptación que es la que te da el control; acepto que voy a morir, acepto que voy a tener que decir adiós, y por eso me preparo, pues si no soy consciente de lo que quiero para mi en vida, menos lo seré para mi muerte, y serán otros los que decidan qué va a pasar con mi salud, con mis propiedades, con mis seres queridos y con mi cuerpo. La aceptación me hace dueño incluso hasta de mi muerte.

No importa lo que hayas perdido, no te rindas; quizás sin saberlo, tu mejor beso, la mayor carcajada y el mejor de los días todavía están por llegar.