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Tanatología y vida

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Bruta, ciega, sordomuda

Por: Mariana Osorio/Tanatóloga

Hace 22 años todo para mi tenía sentido, una canción en la radio, la mirada de un chico, el consejo de una amiga, asistir a la secundaria, las peleas con mi hermano, era capaz de escuchar lo que me gritaba  la vida y ver todo lo que me ponía al frente, pues todo lo que me pasaba era una posibilidad más que un obstáculo. Nunca fui buena para la escuela y menos para las matemáticas, reprobé tercero de secundaria por culpa del álgebra, la geometría y el bendita factorización. Y aunque mi mamá pensaba que no iba a llegar muy lejos yo siempre me vi potencial, (aplausos para mi autoestima, la cual ando buscando últimamente) y eso de haber reprobado solo me dio la posibilidad de no estar en un salón de clases si no poder estar en una cabina de radio. Locutora a mis 15 años, “borra de tu vida las tardes aburridas” era el slogan del programa me comía  el mundo.

Pasaron los años crecí, me enamoré, fracasé, crecí un poco más, lloré, reí, terminé la secundaria , la prepa, la universidad, creo que me volví a enamorar, volví a llorar, me casé, me divorcié, me volví a juntar (tropecé más de 5 veces con la misma piedra), fui madre, y conforme pasaron los años, fui dejando a tras varios ciclos de mi vida, y al llegar a mis 36 me di cuenta que las etapas pasaban pero yo seguía parada en el mismo lugar: estaba llorando por lo mismo, sintiendo miedo por lo mismo, paralizada  esperando  que sucediera algo que era evidente ya no iba a pasar, estaba ciega, sordomuda y embrutecida en una vida sin sentido. Ya no era la de 15 que veía  posibilidades ahora era la de casi 40 que solo veía  obstáculos.

No sabía que me pasaba, me sentía así bien… ¿quién sabe cómo? Hasta que un día conocí  a “Viktor Frankl” padre de la logoterapia (psicoterapia que actualmente estudio) y me di cuenta que ya había perdido el sentido, no tenía motivos, estaba parada en el pasado negada a toda posibilidad de un futuro. Negada a cerrar ciclos para abrir nuevas puertas.

Me había olvidado que esta vida es como ir en tren, y todos los que me rodean son mis compañeros existenciales algunos coincidirán en el mismo vagón, se subirán o bajaran, pero nadie ni nada me acompañara hasta el final de viaje. Para algunos seré yo la que me baje y tome otros destinos, pero no me puedo quedar viendo pasar el tren sentada en un andén, tengo que subirme replanteando el nuevo sentido. Volviendo a ver, volviendo a sentir y volviendo a ser responsable de mi vida, donde yo no tengo que olvidar si no recordarlo todo como un aprendizaje.

No soy la esposa, el profesionista, la mamá, la hermana, la socia de un club, soy yo el conjunto de lo dado, lo adquirido y decidido en mi vida. Todo se va a ir pero no por eso dejo de ser, nadie me puede arrebatar lo que he vivido, haber sido también es una manera de ser.

Si en algún momento sienten que viven en un completo “sin sentido” les sugiero leer un libro que sé, se los devolverá: “Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos” El hombre en busca del sentido, Viktor Frankl.

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