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PALABRAS PARA SANAR

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La conversación del Terremoto 19´s

Por: Julieta Enríquez

19 de septiembre 2017, 13:14 horas, mi conversación con una amiga se interrumpe cuando alguien, en tono nervioso, exclama ¡está temblando! Parecía una broma del destino al conmemorar a las víctimas del 85. Ese día se sintió el miedo ante lo desconocido, el dolor ante la pérdida propia o la de otros, pero sobre todo ese día sentimos en el corazón el amor por la vida, esas ganas de ayudar a como dé lugar, esa intención de entregar lo que podamos para ponerlo al servicio de los demás, nuestro tiempo, trabajo, recursos, conocimiento, fuerza, talento, palabras o abrazos para contener a alguien más; queríamos colaborar de cualquier forma. Ese día este país le dio una lección al mundo, pero en especial a nosotros mismos. México latió en un solo corazón y nos descubrimos como fuerza cívica, como hermandad, como potencia, miles de historias nos regresaron la esperanza en que somos millones los seres humanos que creemos en la honestidad, la solidaridad y generosidad, miles de actos de bondad nos mantuvieron de pie ante la tragedia. 19 de septiembre alguien salió de su casa y nunca más regreso, o alguien regresó ese día a su casa y ya no la encontró. ¿Se abra despedido?, ¿habrá dado un beso o un abrazo antes de partir?, ¿cuál fue su última conversación en esa casa? Un buen día nos sacude la vida y nos cambia la jugada, por eso dediqué un capítulo a una de las entrevistas más interesantes de mi libro, con el fundador de Los Topos, Carlos Cienfuegos.

Carlos, ¿en qué momento de tu vida decidiste dedicarte al rescate? – Mi papá trabajaba en la Cruz Roja desde antes de que yo naciera, así que de niño a veces lo acompañaba en la ambulancia y pude participar ayudando por primera vez en un parto cuando apenas tenía 9 años; oficialmente soy parte de la Cruz Roja desde 1972, he tenido mucha capacitación en diversos tipos de rescates y para mí es un estilo de vida.

¿Qué te dices a ti mismo para salir a ayudar en diferentes desastres en el mundo, dejar a tu familia y poner en riesgo tu vida? – Me digo que voy a morir una sola vez, hay gente que se la pasa de lunes a viernes en su oficina y el fin de semana tirado en el sillón viendo el futbol tomándose una cerveza; el lunes regresa otra vez a su oficina y toda la vida se la pasa así sin hacer nada hasta que se muere infartado en el sillón y ¿qué hizo por alguien más?, ¿qué hizo por la comunidad?, ¿a cuánta  gente ayudó? Si vienes al mundo, vienes una sola vez y si vienes a hacer absolutamente nada, ¿a qué fregados vienes? La mayoría de la población así es, viven en una monotonía increíble.-

Cuando tú llegas al desastre están las emociones de toda la gente, hay un drama, ¿cómo se le hace para tener el temple y entrar a hacer la labor? – Lo más difícil es cuando hay sobrevivientes, la última víctima que sacamos de los multifamiliares de Tlalpan y Taxqueña nos tardamos 15 horas, pero no hubo tanto problema porque ya había muerto, pero en cambio en el terremoto de Haití encontramos a la directora de la universidad con vida y con ella me tardé 24 horas en sacarla, y a un profesor me tardé 48 horas en sacarlo porque van con dolores, no es lo mismo manejar un cadáver que manejar un vivo. Te pongo un ejemplo, y no te digo qué institución de gobierno, estábamos en la labor de rescate de Haití y de repente me dijeron “Ya vámonos, ya es hora de regresarnos”, y yo le dije “espérame tantito que tengo a una persona viva, consciente y atrapada, no me puedo ir”. Me contestaron “no, ya dile que mañana regresamos” ¡Imagínate la mentalidad!; cuando me tarde 48 horas en rescatar al profesor me quedé un rato dormido con él con la loza a un lado por el cansancio, pero no puedes abandonar a una víctima hasta que la saques.-

¿Te ha tocado estar con alguien y verlo partir? – En el Terremoto del 85 algo que me marcó y creo que fue por lo que me dedico a esto, es que yo vivía en Villa de Cortez y fui caminando con mi mochilita y un pequeño botiquín con cuerdas porque yo era parte del rescate de alta montaña de la Cruz Roja para ayudar; pude sacar a todas las costureras que salieron vivas de la fábrica de Topeka, yo las saqué menos a tres, entre ellas una señora que estaba embarazada y fue por falta de equipo, ella estaba entre un cuerpo, concreto y varillas, yo no tenía ni con qué cortar, pero en pocas palabras, para llegar a ella y sacarla, tenía que cortar un cadáver para recuperar a una persona viva, entonces cuando voy a bajar ella me dice: “¡No! ¡No me dejes!” Y yo les decía “No tengo cómo sacarte, pero no te voy a dejar, te juro, te prometo que regreso”. Me agarró de la mano y le puse un suero para que se tomara el suero y la convencí, todavía me quedé un buen rato con ella, cuando salí me encontré con una camioneta con herramienta del ejército y pedí hablar a solas con el capitán para explicarle que tenía a dos señoras atrapadas y una estaba embarazada, en eso nos escuchó el esposo que dijo “¡Es mi esposa la que está embarazada!”. Le pedí a él que nos aguantara tantito y me llevé al capitán para explicarle que tendría que cortar un cuerpo para rescatar a más personas, me dijo: “¿cómo crees?, ¡Vamos al ministerio público para que te den autorización!”; no te la voy a hacer larga, se me hizo eterno ¡Eterno! y después de horas que me tuvieron ahí me dijeron: “si, hazlo, pero no se lo digas a nadie”. Cuando me vuelven a regresar al lugar había sucedido un colapso y ellas se murieron. ¿Te imaginas lo que se siente?, por no tener una maldita segueta o cualquier cosa ¡No la tenía!-

Tu estas en constante contacto con el dolor en cada tragedia, ¿cómo lo manejas? – Dicen que te acostumbras, una cosa que yo aprendí en el Tsunami de Indonesia, donde sacábamos a diario un Torton (un camión grande lleno de cadáveres todos los días), fue que con toda esa carga emocional la gente se empieza a pelear, empiezan a existir problemas entre los grupos porque de alguna forma tienen que expresarlo y si yo les pregunto ¿cómo están? me dicen: “Todo está bien, yo soy bien macho, no me pasa nada”. Así es que lo que empecé a hacer cada noche es pedirles que se pusieran a escribir lo que habían sentido en el día, entonces ya en la soledad de todo se ponían a escribir y a sacar la realidad; la gente empieza a expresar realmente lo que siente, porque si les preguntas, todos se quieren hacer los clásicos machos mexicanos y lo que realmente hace falta es que la gente libere lo que está sintiendo en esos momentos.-

¿Y el miedo te murmura, se te acerca?, ¿cómo lo manejas? – He estado tantas veces a punto de morir ¡Que ni te imaginas! Sé que alguien allá me está cuidando y el día que me digan hasta aquí llegas me voy a morir contento. He tenido varios conatos de accidente, en Haití me cayó una losa mientras recuperaba a una víctima, la losa cayó en mi tobillo, tengo una placa con 8 tornillos, es cosa de suerte; en otro rescate estaba con mi hija entre las losas y de repente empezó una réplica y nos cayó una losa, tuvimos que quitarnos el casco para poder salir de ahí; me acuerdo que cuando empezó, le metí a mi hija su cabeza en medio de las piernas y nos tiramos al suelo esperando a ver qué pasaba, lo peor que puedes hacer es salir corriendo porque te puede caer algo, hay que esperar y esperar lo mejor; el día que te toque, te va a tocar y vas a morir feliz.-

Conversar con Carlos Cienfuegos fue toda una experiencia, ya que su vida la ha dedicado en cuerpo y alma a su pasión por servir a través del auxilio y rescate, su preparación lo ha llevado a colaborar en diferentes países en las más diversas circunstancias y como él dice resulta doloroso que la incapacidad de muchos servidores públicos corruptos e incompetentes se conviertan en nuestro peor enemigo, por eso es importante estar preparados, informarnos, capacitarnos. ¡Nos URGE escuchar para coordinar en lugar de atacar, criticar, culpar, juzgar y separar! El 19 de septiembre fue un gran ejemplo de que podemos hacerlo, supimos guardar silencio, respetar, observar, escuchar, acompañar, unir esfuerzos y colaborar, ese día conversamos a otro nivel y nos conectamos. ¡Fue extraordinario! ¡Nos importamos! ¡Nos respetamos!

¿Qué tendría que pasar otra vez para volverlo a hacer?, ¿y si empezamos a proponer? Si la conversación es una herramienta de transformación, en México tenemos conversaciones pendientes y algunas ya son urgentes. ¡Basta! sería la palabra o nos empezamos a escuchar, a respetar y a coordinar o este país se va a colapsar y no precisamente por un terremoto. Te invito a conocer la entrevista completa en “Palabras para Sanar”. Espero tus comentarios en mis redes sociales.