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PALABRA DE VIDA: DOMINGO DÉCIMO TERCERO

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en

MATEO 10, 37-42

Nuestra historia va caminando día a día, en medio de esta crisis, en medio de esta epidemia, pero nosotros confiamos en Dios. Veintiocho de junio, el domingo décimo tercero del Tiempo Ordinario. ¿Habrá algo superior a la familia, que le dé sentido a la existencia de la familia? Para la sociedad, la familia es la célula de esa sociedad de donde se van conjuntando la gran comunidad, la sociedad, los pueblos, la ciudad y una nación. Para la Iglesia en México, valora a la familia como un regalo de Dios a la humanidad. En la vida cotidiana no podemos dejar de valorar los signos positivos que se dan en las iglesias domésticas, el numeroso esfuerzo de los padres para sacar adelante a sus hijos, y así, con el trabajo de numerosos grupos y asociaciones que trabajan en bien de la familia.

Efectivamente, sobre la familia el gran valor que da sentido a nuestra existencia, es la fe, creemos en un Dios que es amor, en un Dios que también es familia, que es comunidad y que se nos ha dado a conocer por medio de Jesucristo el Señor. Hoy, el Evangelio en este domingo, la exigencia de Cristo el Señor, que debemos amar más a Él que a nuestro padre, a nuestra madre, a la misma esposa, a los hijos. ¿Por qué?, dice, que, si no somos capaces de eso, de amar primero a Dios, pues no somos dignos de seguirlo. Son palabras fuertes, cuando nosotros hemos escuchado que Dios nos manda a honrar a nuestros padres en los mandamientos; hay algún texto en la Escritura que dice: que Dios bendice a los hijos que cuidan a sus padres.

Bien, es que en tiempos de Jesús vamos a entender, que la familia era el grupo social que daba sentido a la vida de los individuos y, por tanto, romper con ella suponía un desarraigo social casi completo. Esta exigencia de romper con las propias seguridades, es lo que Jesús quiere, que verdaderamente confiemos en Él y en Él tengamos puesta toda nuestra seguridad. Si nosotros amamos a Dios, pues vamos a amar a nuestra familia; un padre de familia no puede decir que ama a su hijo si no viene su amor que viene de Dios, de Dios en Cristo, porque es la fuente de todo amor. Lo mismo nosotros los hijos, no podemos decir que amamos a nuestros padres, si no amamos verdaderamente a Dios.

Abramos nuestro corazón para que Dios ocupe el primer lugar en nuestra vida, en nuestra existencia y podamos darle sentido a nuestra vida. Este texto del Evangelio que escuchamos, es parte de la conclusión del discurso misionero que Jesús da a sus discípulos; por eso también el Señor los invita a tomar la Cruz y seguirlo, es decir, saber entregarse, los discípulos a los que escribía Mateo su Evangelio, contemplaban y tenían el recuerdo de la entrega de Jesús de tomar la Cruz y por lo mismo, ver pasar a muchos que iban a crucificar, que iban totalmente desnudos y que eran para que se avergonzaran de él sus familiares y por lo mismo para que, viendo eso, nadie volviera a cometer algún delito, era un castigo muy ignominioso, sin embargo Jesús dice, hay que arriesgar por Dios, hay que tomar la Cruz de cada día y no importa que seamos rechazados, porque Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra vida. También habla de esa generosidad, el Señor, quien es capaz de darse y que quien es capaz de recibir. Jesús, en su comunidad dice, los apóstoles, los profetas, los justos, son precisamente, la presencia de Jesús que se hace hacia la comunidad en el anuncio del Evangelio. Quien diera, aunque sea, un vaso de agua fría, a estos pequeños por ser discípulos de Jesús, no se quedarán sin recompensa.

Hoy, más que nunca, estamos invitados también a ser generosos porque Jesús se hace presente en cada uno de los que sufren. Hoy la Iglesia necesita hacerse presente en el dolor, en esas llagas, en esa periferia existencial que esta ante esta realidad de la epidemia, hermanos que no tienen trabajo, hermanos que no tienen comida, hermanos enfermos, hermanos a los que hay que tender la mano y de esa manera somos enviados como los apóstoles, como los discípulos, para llevar el Evangelio a los demás. Que, como familia cristiana, que, como familia en casa, pensemos y reflexionemos y oremos, que tenemos un gran valor en ser familia y que sepamos custodiarla; porque la familia, como decían los obispos, en Puebla ’79, es bombardeada por ideologías que quieren terminar con el designio de Dios sobre la familia. Familia, se lo que eres y siéntete enviada por Cristo para llevar la buena noticia a las otras familias.

Bonita semana para todos