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viernes, mayo 7, 2021

Domingo Veinticuatroavo del Tiempo Ordinario

18, 21-35

El Evangelio es Mateo en el capítulo dieciocho, versículos del veintiuno al treinta y cinco.

Siguen las recomendaciones a la comunidad. La comunidad es donde conviven los seres humanos que tienen un carácter, un temperamento y muchos arrastramos como un costal atrás cargando frustraciones, que a la ora de relacionarnos con el otro aparecen y que es normal, es normal en una convivencia de seres humanos que se dan pequeñas fricciones, pero a veces esas fricciones se convierten en enemistades y se guarda el rencor, se guarda el coraje y el deseo de venganza que ahí es en donde está lo malo.

Hoy, como siempre, Pedro da la ocasión a sus preguntas de alguna enseñanza que Jesús da a sus discípulos. Y hoy Pedro quiere saber cómo los maestros de Israel, porque había una tarifa para el perdón, algunos incluso decían que, a la mujer, a la esposa puedes perdonarla tres veces, a los hijos máximo cinco. Pedro quiere batir el record de generosidad, como decimos, quiere lanzarse con un home run llegando hasta siete veces y nosotros escuchamos la respuesta que Jesús le dice: <<No te digo siete veces, sino hasta setenta veces siete>> es un modismo, diríamos semítico, para dar a entender que hay que perdonar siempre.

El Antiguo Testamento, nosotros encontramos ya que, se prohibía el rencor, la venganza, simplemente dice: <<si ves caído bajo la carga el asno del que te aborrece, no reúses su ayuda, no te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, amarás a tu prójimo como a ti mismo, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber>>. Bien, son invitaciones que en el Antiguo Testamento eran para superar aquella ley vigente que era la Ley del Talión. Pero ahora veamos nosotros, seguramente tú y yo hemos tenido enemistad con alguien y como decimos, nos hierve el estómago de verlo, ese deseo de venganza, ese rencor que muchas veces vamos arrastrando, ese coraje nos enferma, nos enferma también anímicamente; se dice que hay patologías que vienen de aquella persona que siempre se encuentra enojada que siempre se encuentra llena de coraje porque se siente lastimada por los demás.

Es importante que, en primer lugar también, nos demos cuenta que tenemos que perdonarnos a nosotros mismos, nuestras equivocaciones y también saber perdonar a los demás, no llevar esa carga que a veces nos lastima por coraje, por rencor, como he dicho o deseos de venganza; cuando Jesús da estas recomendaciones a sus discípulos porque los quiere felices, porque los quiere en paz, porque los quiere en armonía.

Piensa en tu casa, cuantas veces, pues es normal, que entremos en fricciones por una palabra por algo que no se acomodó, pero no está bien guardar el coraje, no está bien guardar el rencor, estar lastimados por situaciones porque convivimos todos los días como dicen las viejitas, bajo el mismo techo. En el trabajo para que, si vas ocho horas, para que estas en enemistad con los otros, llegas a tu casa tenso y explotas, etc. Y lo mismo con los vecinos, son personas y hay que vivir con ellos ese amor y sobre todo tenemos que perdonar porque Dios siempre nos perdona, no le decimos en el Padre Nuestro, Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, aprendamos a pedirle perdón a Dios y si somos perdonados por Dios podemos salir como el sol para iluminar a todos con el perdón, con la misericordia y con la compasión que debe distinguirnos como discípulos misioneros de Cristo.

Bonita semana para todos.

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