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martes, diciembre 1, 2020

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MATEO 25:14-30

 En este domingo 15 de noviembre, la Iglesia celebra el domingo treinta y tres del Tiempo Ordinario. El Evangelio Mateo en el capítulo veinticinco, versículos del catorce al treinta. Te invito a leerlo de manera personal y si no lo escucharás en la Eucaristía que asistas. Hoy celebramos también, la Cuarta Jornada Mundial de los Pobres, el Papa nos da un mensaje y me voy a permitir dar algunas ideas que nos ayuden a que tengamos ese aprendizaje de atender siempre a los más necesitados. Titula el Papa el mensaje “Tiende tu mano al pobre”.

La antigua sabiduría ha formulado estas palabras como un código sagrado a seguir en la vida. Hoy resuenan con todo su significado para ayudarnos también a nosotros a poner nuestra mirada en lo esencial y a superar las barreras de la indiferencia. La pobreza siempre asume rostros diferentes, que requieren una atención especial en cada situación particular; en cada una de ellas podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló estar presente en sus hermanos más débiles.

El libro el Sirácida insiste en el hecho de que en la angustia hay que confiar en Dios. La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. El tiempo que se dedica a la oración nunca puede convertirse en una coartada para descuidar al prójimo necesitado; sino todo lo contrario: la bendición del Señor desciende sobre nosotros y la oración logra su propósito cuando va acompañada del servicio a los pobres.

Mantener la mirada hacia el pobre es difícil, pero muy necesario para dar a nuestra vida personal y social la dirección correcta. No se trata de emplear muchas palabras, sino de comprometer concretamente la vida, movidos por la caridad divina. Cada año, con la Jornada Mundial de los Pobres, vuelvo sobre esta realidad fundamental para la vida de la Iglesia, porque los pobres están y estarán siempre con nosotros para ayudarnos a acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana.

El encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e interroga. ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o al menos aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarla en su pobreza espiritual? La comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad.

Es cierto, la Iglesia no tiene soluciones generales que proponer, pero ofrece, con la gracia de Cristo, su testimonio y sus gestos de compartir. También se siente en la obligación de presentar las exigencias de los que no tienen lo necesario para vivir. Recordar a todos el gran valor del bien común es para el pueblo cristiano un compromiso de vida, que se realiza en el intento de no olvidar a ninguno de aquellos cuya humanidad es violada en las necesidades fundamentales.

Tender la mano hace descubrir, en primer lugar, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida. Tender la mano es un signo: un signo, dice el Papa, que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. La mano tendida hacia el pobre no llegó de repente, ella más bien, ofrece el testimonio de cómo nos preparamos a reconocer al pobre para sostenerlo en el tiempo de la necesidad.

Este es un tiempo favorable para “Tiende la mano al pobre” es, por lo tanto, una invitación a la responsabilidad y un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino. Es una llamada a llevar las cargas de los más débiles. En un primer momento toma en consideración la debilidad de cuantos están tristes. No dejes de visitar al enfermo. “Tiende la mano al pobre” destaca, por contraste, la actitud de quienes tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son también cómplices. La indiferencia y el cinismo son su alimento diario. Nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. En todas tus acciones, ten presente tu final. Acordarse de nuestro destino común puede ayudarnos a llevar una vida más atenta a quien es más pobre y no ha tenido las mismas posibilidades que nosotros. Es el fin de nuestra vida que requiere un proyecto a realizar y un camino a recorrer sin cansarse. Y bien, la finalidad de cada una de nuestras acciones no puede ser otra que el amor.

La mano tendida, entonces, siempre puede enriquecerse con la sonrisa de quien no hace pesar su presencia y la ayuda que ofrece, sino que sólo se alegra de vivir según el estilo de los discípulos de Cristo. En este camino de encuentro cotidiano con los pobres, concluye el Papa, nos acompaña la Madre de Dios que, de modo particular, es la Madre de los pobres.

Pues que este mensaje, esta invitación del Santo Padre Francisco a vivir esta Jornada Mundial de los Pobres, nos ayude a todos a aprender, a que tenemos que dar a nuestros hermanos lo que le corresponde. Tenemos que promover a la persona hacia su dignidad, hacia su responsabilidad, también en construir un mundo diferente ya que todos somos hermanos.

Aprovechemos estos días de la pandemia para atender también la mano al necesitado, así ejercemos la caridad. La Iglesia en nuestra Diócesis de Veracruz, ha promovido la ayuda asistencial en este tiempo de pandemia a través de la Pastoral Social, a través de Cáritas y lo mismo a través de la Pastoral Social en las Parroquias. Agradecemos a Dios tu persona, tu generosidad y no dejes esta semana de compartir con el pobre, tender tu mano como nos invita el Papa Francisco.

Bonita semana.

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