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jueves, abril 22, 2021

DOMINGO TRIGÉSIMO PRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO

MATEO 5, 1-2.

Pues ya el mes once de este año dos mil veinte y este mes de noviembre donde celebramos dos acontecimientos importantes que nos atraen a todos. Esta solemnidad, de todos los santos y el día de mañana la conmemoración de los fieles difuntos. El evangelio, Mateo cinco del versículo uno al dos.

En primer lugar, tenemos que decir que la vocación universal a la santidad es para todos, no solo para las monjitas, no solo para los curas, no solo para los obispos. El Papa Francisco en el documento sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, nos dice: “que le gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente y habla de los santos de la puerta de lado, los padres que crían con tanto amor a sus hijos en esos hombres y mujeres también que trabajan por llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo, con esta constancia para seguir adelante el día a día, dice el Papa, veo la santidad de la Iglesia militante, esa es muchas veces, la santidad de la puerta de lado, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios o dice el Papa para usar otra expresión, la clase media de la santidad.”

También hay muchos hermanos nuestros que han sido un testimonio de vida coherente, que han vivido esas virtudes, fe, esperanza y caridad de una manera heroica y hoy es lo que Jesús, a través de las Bienaventuranzas, nos invita a todos nosotros. ¿Cómo se hace para llegar a ser buen cristiano? la respuesta es sencilla, Jesús nos la da hoy en el Evangelio a cada uno de nosotros y nos dice, en el Sermón de las Bienaventuranzas, en ella se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados, cada uno de nosotros a manifestar o como dice el Papa Francisco, a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.

Pues volvamos, como dice el Papa, a leer estas Bienaventuranzas. A mí me gusta hablar de felices porque todos queremos ser felices y por lo tanto volvamos a leerlas y les invito también a que tomemos este documento del Papa Francisco, sobre la santidad y el capítulo tercero que lo titula “A la Luz del Maestro”, comenta estas Bienaventuranzas:

Felices los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Jesús es el modelo de pobreza de espíritu. Pablo explica que Jesús, siendo rico, se hizo voluntariamente pobre para enriquecernos con su pobreza. Esto es la pobreza de espíritu. Es un espíritu que abraza gustosamente la pobreza por caridad, por benevolencia, por misericordia. Lucas nos habla de una pobreza material, austera, que nos hace confiar plenamente en Dios.

Pero también seguimos, Felices los afligidos, porque Dios los consolará. Algunos piensan que estas lágrimas a las que se refiere Jesús en esta Bienaventuranza, son las del que llora sus pecados. Por ejemplo las de Pedro. Esto es verdad pero no es todo ni lo más hondo. Porque el modelo de las lágrimas bienaventuradas es Jesús, porque Jesús lloró por los pecados de toda la humanidad.

Felices los humildes, porque heredarán la tierra. Jesús se presenta a sí mismo como el manso y humilde de corazón e invita a imitarlo, a seguirlo por su camino con la cruz a cuestas: <<Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera>>.

Felices los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciará. No se trata de cualquier hambre ni de cualquier sed, sino del hambre y sed “de justicia”. Vamos a ver a qué hambre y sed se refiere Jesús durante su vida. Jesús declaró que tenía hambre de hacer la voluntad del Padre, junto al pozo de Jacob le pidió de beber a la mujer samaritana y en la Cruz gimió: <<tengo sed>>.

Felices los misericordioso, porque Dios tendrá misericordia de ellos. Jesús misericordioso nos invita a ser misericordiosos como Él lo es, para compartir su bienaventuranza.

Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dios habla al corazón del hombre porque es allí donde tiene sus raíces la vida religiosa y moral del hombre. En el lenguaje de la Sagrada Escritura, el corazón del hombre indica lo más profundo de su ser, de su conciencia y de su voluntad.

Felices los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos. En el Antiguo Testamento, Dios aparece dando la paz: “El Señor bendice a su pueblo con la paz”. Y Jesús da la paz, el Jesús resucitado, a sus discípulos, la paz sea con ustedes. Somos portadores de la paz a nuestros hermanos.

Felices los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos. Hay un contraste llamativo entre esta bienaventuranza y la anterior. Aquí se habla de los perseguidos y en la anterior de los que buscan la paz. Los pacificadores serán perseguidos por causa de la justicia de los hijos de Dios, que excede todas las justicias anteriores, y es nueva dentro de la humanidad.

Pues hermanos, dejemos que la gracia de Dios, a través de su palabra, en este capítulo cinco, versículos del uno al doce y este capítulo de este documento del Papa sobre Un Llamado a la Santidad en el Mundo Actual, impregne nuestra vida y estemos dispuestos a alcanzar este llamado a la santidad.

El día de mañana no dejemos de orar por los difuntos, la Iglesia nos ha concedido todo el mes de noviembre para ganar la indulgencia en favor de ellos, yendo a la Iglesia, rezando un credo, el Padre Nuestro, orando por el Papa y desde luego confesándonos y comulgando.

Hoy más que nunca, necesitamos ayudar a tantos hermanos que a causa del coronavirus han muerto y que los conocimos y que muy cercanos a nosotros, familiares, amigos, Dios les dé el descanso eterno y por la oración de la Iglesia la gracia de contemplar a Dios cara a cara.

Bonita semana para todos.

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