fbpx
Síguenos en:

Sociales

Domingo Sexto del Tiempo de Pascua

Publicado

en

PALABRA DE VIDA

JUAN 14, 15-21

Hermanos, estamos ya en el Domingo Sexto del tiempo de Pascua. El tiempo pasa, hay cierta incertidumbre todavía en nosotros, ya el Papa Francisco nos decía en el mes de marzo en esa bendición a Roma y al mundo: “al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió esta epidemia como una tormenta inesperada y furiosa, nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos y ayudarnos.”

Y para nosotros en México, los obispos, el día veinticuatro de abril nos decían: “que, tenemos que proclamar que la esperanza en Jesús resucitado, es nuestra certeza y nuestro camino, recordando que, a lo largo de Nuestra historia, nuestro pueblo ha sabido sobreponerse a momentos difíciles de donde ha salido fortalecido”. Y la Palabra de Dios hoy, en el Evangelio de San Juan en el capítulo catorce, versículos del quince al veintiuno, donde seguimos nosotros en esa despedida de Jesús.

Jesús ánima en la esperanza a sus discípulos, si me aman cumplirían mis mandamientos, Jesús dice que, va a rogarle al Padre para que Él les dé a los discípulos y a nosotros como Iglesia también, el Paráclito, ¿quién es ese Paráclito? ¿Quién es ese abogado? ¿Quién es ese intercesor? Paráclito significa, defensor, protector o intercesor; en un contexto jurídico significa el abogado que defiende o ayuda a un acusado, ese espíritu es el abogado defensor de Jesús, que da testimonio, reconoce su Palabra y lo glorifica; también es el abogado de sus discípulos, les recuerda las palabras de Jesús, hace presentes a ellos, al Señor y los hace valientes en el mundo y los defiende en la persecución.

Por eso también nosotros tenemos que estar abiertos a esa esperanza, Jesús está con nosotros, Él vive, está resucitado y no se va para alejarse de nuestra pequeñez, sino que, al contrario, Él habita en nosotros, habita el Espíritu Santo, en cada uno de nosotros, esa promesa que Jesús hace y que se derramará en Pentecostés, también habita en nosotros por el sacramento del bautismo, somos templos vivos de ese Espíritu, y ese Espíritu nos hace actuar, nos hace hablarle, relacionarnos con el Padre y también relacionarnos con el prójimo, nosotros lo conocemos, porque dejamos que Él actúe, que Él viva en cada uno de nosotros.

¿Jesús volverá? Si, efectivamente, en lo que llamamos la Parusía, al final de los tiempos, pero el Señor está presente con nosotros, “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. El Señor está presente en la eucaristía, el Señor está presente en la comunidad, el Señor está presente en el altar, el Señor está presente en el ministro, el Señor está presente en medio de nosotros, en nuestra casa, cuando esa relación, esa convivencia entre nosotros se da en la paz, en la armonía, se da en la caridad, en el amor y se da también en nosotros cuando cumplimos verdaderamente los mandamientos y es así como podemos decir que nosotros amamos a Jesús y Dios habita en nosotros. El Señor dice: “…al que me ama a mí lo amará mi Padre, Yo también lo amaré y me manifestaré a él. ¿Cómo podemos manifestar a los demás a Jesús?, a través de nuestras obras.

Hoy más que nunca, también tenemos que dar esperanza, tenemos que dar razón de nuestra esperanza a los demás hermanos, como nos dirá el apóstol Pedro en la segunda lectura de este domingo, también él dice: “…veneren en sus corazones a Cristo el Señor, dispuesto siempre dar al que las pidiera, las razones de la esperanza de ustedes”.

Pues hermanos, en nuestra vida, en nuestro testimonio y hoy más que nunca, la Iglesia lo está haciendo, en la caridad para aquellos que necesitan; la pastoral social en cada una de las Parroquias, se está haciendo cercana, quizás pueden decir algunos, no hacen nada, no podemos resolver todo, pero si hacernos cercanos para dar esperanza y fortaleza a aquel que necesita. Tú también eres Iglesia y tú lo puedes hacer con tu vecino, con tu amigo, con tu compañero de trabajo, dar testimonio de la caridad expresándola con ayuda material, compartiendo los alimentos, haciéndote solidario con los demás, que la presencia de Cristo Resucitado nos siga animando para vivir en medio de esta epidemia, de esta contingencia que nos tiene encerrados pero al mismo tiempo abiertos a los demás, abiertos a la humanidad entera para salir a su encuentro y decirle, hermano en mi vive Cristo, vive el Paráclito y me mueve a que te ame y a que te tienda la mano.

Bonita semana para todos.