Crítica: POLVO


⭐️⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Cuando la idea es presentar algo que se sienta distinto, se debe reconocer el esfuerzo para tratar de destacar entre la enorme cantidad de cintas mexicanas que ahora llegan a cartelera, algunas mejores que otras, y “Polvo”, la ópera prima de José María Yazpik, es una cinta que camina entre las enormes ganas de triunfo y el irremediable momento en que debemos volver a nuestros orígenes para volver a encontrar el rumbo, aunque nuestra cara se caiga de vergüenza por no ser lo que prometimos ser.

En búsqueda de fama y fortuna como gran actor de Hollywood (situación que hacía que su mamá invitara a todos en el pueblo a ver las películas que se estrenarán con tal de verlo actuar), El Chato dejó San Ignacio, su idílico y apacible pueblo en medio de la nada. Diez años después, en 1982, un cargamento de cocaína es arrojado desde el aire sobre San Ignacio, por lo que es encomendado por la mafia de Tijuana para recuperar la droga a sabiendas de que si no lo hace todos los habitantes del pueblo estarán en peligro (esto proveniente de un siempre excelente Jesús Ochoa). A su regreso, se confronta con la posibilidad de recuperar su vida, su familia y al hijo que no sabía que tenía.

Filmada en el pueblo de San Ignacio Mulegé, en Baja California Sur, de donde era originario el padre del también actor, la película lleva un buen ritmo dentro de su corta duración, además incluye una buena fotografía por parte de Tonatiuh Martínez, quien hace su trabajo para lograr destacar y lucir los escenarios naturales de dicho lugar.

Convenciendo “El Chato” a sus vecinos de toda la vida para recuperar el famoso “polvo milagroso”, cada uno se ve en la necesidad de realizar la búsqueda con tal de recibir la gratificación que se les dará en dólares, olvidándose por momentos de sus labores comunes, ya que esto despierta la alegría de muchos por la motivación, mientras que en otros comienzan las sospechas, en especial del alguacil del lugar, ex amigo del protagonista y que ahora está casado con la mujer de su vida, interpretada por Mariana Treviño (a quien insisto, ya están gastando mucho en cine), pero que desarrolla bien su papel como una mujer que de pronto fue abandonada y que siguió su vida con el hijo del hombre que ahora ha regresado para tener redención en su vida; ambos utilizando un acento peculiar que provoca sonrisas entre el público, esto viniendo de la mano de varias frases que se sienten coloquiales y muy naturalizadas al idioma mexicano.

La película explora cómo el dinero sucio puede corromper hasta el más santo, reflejado aquí en la droga que cae del cielo, y la cual deberá recuperar si es que tiene el deseo de seguir existiendo y no ocasionar un daño mayor, del que ya ha creado por sus mentiras, algo que siempre lo perseguirá.

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