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domingo, mayo 16, 2021

CRÍTICA: Pienso en el final

No, no es una película fácil. No, no es una cinta entendible desde la superficie de lo que en sí representa. No, no sabemos qué es real, qué es imaginación, qué es pasado y qué es presente. ¿Ella y él existen? ¿Quiénes son? La trama es compleja, demasiado diría yo, tiene un aire de desesperanza, de mucho dolor no tanto del hoy, sino del ayer, lo cual nos va dirigiendo hacia la soledad. En instantes nos estamos preguntando qué es lo que estamos viendo, a dónde quieren llegar estas poco más de dos horas que nos hacen permanecer por mucho tiempo dentro de un mismo sitio, pero a la vez no sabemos qué hacemos ahí. Un auto, una casa con peculiar decoración, la carretera llena de nieve, una escuela y finalmente un teatro, todo en un marco de enorme desesperación.

Existen demasiadas dudas, tanto en lo sentimental, como en la forma de actuar, sentimos culpa por no amar de forma real, pero extrañamente permanecemos ahí, junto a ese ser que en realidad es un extraño ¿o yo soy el estaño?… ¿Qué es correcto, qué es incorrecto? ¿En qué momento enloquecimos y no nos dimos cuenta?.. ¿A dónde nos dirigimos? En realidad siento el golpe y me pregunto ¿Soy yo el que está escribiendo esto o es ya otra persona que fue programada para hacerlo justo en este momento?

Hablar de todo esto, quedarnos con una enorme duda y experimentar gran cantidad de diálogos, con muchas frases enlazadas a las situaciones extrañas que estamos viviendo, es referirnos a “Pienso en el final” la nueva cinta que llega al catálogo de Netflix que está basada en la novela homónima del escritor canadiense Ian Reid, un drama psicológico de horror, no por tener imágenes gráficas de sangre, sino por lo que habita desde nuestra mente, la cual es la protagonista desde el primer minuto en que la narración de un pensar entra en juego con una joven contrariada y llena de dudas (que además responde a muchos nombres y profesiones) todo esto respecto a la relación con su novio de cuando mucho unas semanas de relación, y con el cual emprende un viaje en carretera con rumbo a una granja propiedad de la familia del susodicho con la finalidad de que este, de forma muy apresurada, le presente a sus padres (personajes que resultaran demasiado extraños o locos). Cuando una tormenta de nieve los deja atrapados con la madre y el padre de este, ella entra en desesperación, ya que al no saber decir “NO” a las cosas, es como su incomodidad y falta de ánimo cobran fuerza y la angustia habita ahí con un mar de situaciones que ni ella misma comprenderá.

Lo que pensaba iba a ser la respuesta a todos sus cuestionamientos y miedos, es el punto de partida de la confusión y quizá el grado de intensos pensamientos mostrando la juventud, la edad adulta y la temible vejez, y el tiempo de ya no existir.

El tercer largometraje de Charlie Kaufman va a ser difícil de digerir, pero Jessie Buckley como protagonista acapara la pantalla junto a Jesse Plemons, pero sin duda Toni Collette y David Thewlis quienes nos hacen estremecer. Con tintes teatrales (con musical sorpresivo incluido), la imaginación y la realidad juegan con nuestra mente en la que abiertamente puedo decir que no, no es una película fácil porque el silencio se apodera de ti y momentos después descubres que la película ya ha terminado y tú sigues sentado frente al televisor sin haberte movido; y ahí reaccionas y regresas a tu vida “normal”.

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