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jueves, mayo 6, 2021

CRÍTICA: Mano de obra

Debemos tomar al cine como un medio en el que podemos expresar nuestro sentir, retratar alguna problemática o simplemente mostrar las diferencias que pueden existir en alguna serie de situaciones que representen la desigualdad laboral, política y social de una sociedad injusta y a veces deficiente.

Cuando una historia sencilla puede traer consigo el reflejo de algo grande, es en automático que adquiere un valor especial, y justo ahí es donde me gusta aplaudir el cine mexicano, aquel que deja de lado lo superficial o convencional, para dar lugar a una situación que para algunas personas puede ser común, mientras que para otras puede ocasionar un cambio drástico en sus vidas.

Francisco (Luis Alberti, ganador del premio Ariel como mejor actor por esta película) y un grupo de albañiles trabajan construyendo una lujosa casa en la Ciudad de México. Tras la muerte de su hermano en la obra, Francisco se entera que su cuñada, ahora viuda y que se encuentra embarazada, no recibirá indemnización alguna por parte del dueño de la casa. Él, junto a su grupo de albañiles, buscarán justicia no solamente por la nula compensación, sino también por una vida llena de carencias, contrastes y opresión.

En tan solo 80 minutos, “Mano de obra”, ópera prima escrita y dirigida por David Zonana, y que buscará representar a México en la próxima entrega del premio Oscar, nos habla del valor familiar, de los lazos que deben existir en las buenas y las malas, y de la justicia que aquí, el protagonista, intentará a como dé lugar que todo se realice conforme a la ley, la cual, desgraciadamente, nunca muestra apoyo a la clase social baja y, por el contrario, les ocasionan una serie de problemas que los lleva a tomar decisiones complicadas ante el poco interés que les muestran.

Sin embargo, en el proceso, el empoderamiento, la corrupción y otras de sus propias deficiencias morales saldrán a flote dentro de esta producción en la que la actuación de Luis Alberti destaca completamente, viviendo junto a él esos largos andares bajo la lluvia para regresar a casa después de un cansado día de trabajo, las condiciones precarias en las que vive, la desesperación por lograr abrirle los ojos a aquellos que le dan la espalda, y el nuevo estilo de vida que decide llevar debido a lo inconforme que se encuentra, brindando apoyo y recibiendo la traición de aquellos a quienes ayudó, pero aquí, el destino, nuevamente le da otro golpe, el cual lo hará abrir los ojos y a saber que solo deberá tomar el mejor rumbo.

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