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Cinéfilos

CRÍTICA: ANNABELLE 3: VIENE A CASA

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en

Por: Mario E. Durán/Cinefilos

Mucho se dijo al principio, con la aparición de Annabelle, que se trataba de la película de terror más sorprendente de todos los tiempos, hasta en las noticias surgieron datos de personas que se desmayaban en la sala de cine, la cual se desprendía de una cinta que sí logró acaparar la atención, me refiero a “El Conjuro” y como saben, fue el marco para desprender más historias, centrando su atención en esta muñeca (la cual fue cambiada de su imagen original para volverla tétrica).

Estrenada en 2014 y no logró ser la sensación prometida, y es que aun gozando de la usanza de aquellas cintas de terror de antaño, donde predominaba lo mecánico en lugar de los efectos especiales, la película no era en sí tan intensa como decían; siguió en el camino una precuela que valió la pena mesuradamente, “Annabelle: Creación” de 2017 y es así como nuestra expectativa mejoró, y bajo esa idea, es que teníamos la esperanza que “Annabelle 3: Viene a casa” nos sorprendiera; vale la pena, no es mala porque tiene buen suspenso, pero se siente insuficiente y no necesaria.

Los demónologos Ed y Lorraine Warren están dispuestos a mantener a Annabelle bajo control para evitar que causen más estragos. Con este pensamiento en su cabeza, se llevan a la muñeca poseída a la sala de objetos bajo llave de su casa, colocándola dentro de una urna de cristal de seguridad bendecido por un sacerdote para evitar que la muñeca pueda cruzar el lugar. Sin embargo, una perversa y horrible noche de terror les espera al despertar Annabelle a todos los espíritus malvados que yacen en aquella habitación. Su objetivo es claro: la pequeña niña de diez años de los Warren, Judy, y sus queridas amigas, de las cuales la tentación despierta toda la maldad en esa casa.

En esta tercera parte de la saga, basada en la leyenda de la muñeca del mismo nombre, y séptima película del Universo Warren, no encontramos lo que necesitamos, puesto que el suspenso es el elemento principal en esto para lograr un aporte a lo ya visto; cuenta con todos los clichés clásicos del género, tiene dos que tres momentos tétricos que te ponen de punta, pero estos no son suficientes al sentir la película muy “teen” para las audiencias que se quedaron encantadas con los trabajos anteriores estilo “El Conjuro” y hasta “La monja”, la cual también fue una decepción.

Marcando el debut en dirección de Gary Dauberman, quien también fuera guionista de esta película y de las dos entregas anteriores de Annabelle, en el reparto tenemos el regreso de Vera Farmiga y Patrick Wilson (quienes no aparecen durante todo el filme, pero su presencia es necesaria para dar fuerza y dirección), además encontramos a Madison Iseman, Katie Sarife, clásicas jóvenes de su edad que cometen errores y experimenta una de ellas el primer amor, además de la niña Mckenna Grace, quien reemplaza a Sterling Jerins como el personaje de Judy Warren, responsable aquí de los momentos de mejor suspenso, aunque su voz tenue (para quienes la vimos en idioma ingles), si es un poco estresante porque de momento no entendemos, entre sus susurros, lo que quiere decir.

Sabemos que la verdadera Annabelle está en el Museo Oculto de los Warren en Monroe, Connecticut, guardada en una urna de cristal con señales de advertencia, las cuales aquí no son tomadas en cuenta y la aparición de un demonio, un lobo y una mujer vestida de novia, son los elementos que complementan, por lo que sentimos como si nos encontráramos viendo un capítulo de “Escalofríos” por el exceso de neblina y la clásica situación que todos nos cuestionamos cuando esto ocurre, ¿los vecinos o alguien alrededor no escucha los gritos provenientes de la casa?.

Para pasar el rato, meramente palomera por el sonido bien logrado y la excelente ambientación que es cuidada a detalle junto con el vestuario, pero de ahí en fuera solo esperamos que los productores ya dejen descansar en paz a este personaje que no creo de para futuras entregas.