Opinión

Leviatán, AMLO y los neoliberales

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Es imposible pedirles diferenciar las etapas políticas de la nación o reconocer a quienes fueron independentistas, monárquicos, conservadores o liberales.
Foto: Agencias

“El neoliberalismo existe, pero sólo para los pobres” – Noam Chomsky-

De acuerdo con los análisis de la educación en México, al menos a seis de cada diez les cuesta ubicar en nombres y espacio-tiempo a los protagonistas de la historia, a aquellos hombres y mujeres que formaron la patria desde hace más de doscientos años. Para muchos, Benito Juárez hizo revolución junto a Madero, o para otros, Agustín de Iturbide ni siquiera existió.
Por tanto, es imposible pedirles diferenciar las etapas políticas de la nación o reconocer a quienes fueron independentistas, monárquicos, conservadores o liberales. Lo mismo ocurre con el neoliberalismo, palabreja que se metió de a poco en el imaginario colectivo gracias al ahora presidente López Obrador.
Desde sus primeros tiempos como candidato, AMLO usó el término para afirmar que los gobiernos de Miguel de la Madrid hasta Felipe Calderón arruinaron al país por ser, justamente, paladines del neoliberalismo más radical. Y claro, millones asintieron y le dieron la razón mediante fuertes consignas en contra de esos ex presidentes.
López Obrador no dejó el tema, al grado de que en su mismísima toma de posesión embistió contra esta corriente político económica, para no perder la costumbre y para puntualizar que realmente le importa el caso, lo siente suyo y mantendrá el discurso.
Aunque lo que realmente importa son las acciones, y es ahí donde vive el riesgo. Porque no, atacar al sistema capitalista no es una fruslería, más cuando se encuentra tan acendrado como en México.
Mientras muchos critican al titular del ejecutivo por ofrecer amnistía y olvido a los políticos corruptos y se desgarran las vestiduras exigiendo una justicia a la que siempre huyeron o bloquearon, dejan de ver que el tabasqueño a quienes tiene entre ceja y ceja es al grupo de oligarcas que han manejado los hilos del país desde la oscuridad.
Aquellos que, desde principios de los setentas, construyeron un programa capitalista que luego introdujeron al país arbitrariamente, sin previo aviso y sin anestesia. Bajo el amparo del poder presidencial de entonces y coaptados los principales medios de comunicación, forjaron su micro sociedad capitalista y nos llevaron a todos a su fiesta, pero sólo como observadores. Pocos muy ricos, y el resto entrando en un espiral de pérdida del poder adquisitivo que perdura hasta nuestros días.
Dígame usted si miento.
El punto es que este señalamiento por parte del presidente de la república puso a temblar a varios, ellos sí, neoliberales recalcitrantes que tienen como biblia las ideas de Milton Friedman e hicieron de la teoría del choque (tan bien narrada por Naomi Klein y que abordaremos en un artículo posterior) su diario vivir.
El riesgo y dilema, justamente, están en esto. Los aludidos difícilmente se quedarán de brazos cruzados ante la embestida del mandatario y volverán a sus viejas prácticas para continuar moviéndose al margen de la ley, desde donde promueven que el Estado deje de intervenir en los asuntos económicos, productivos y laborales (fines prioritarios para los neoliberales), por más que esto cargue en contra de la justicia social o el bienestar de la clase trabajadora.
Incluso, si vuelve estéril la Constitución, tampoco interesa.
Si laceran a la educación, encarecen los servicios públicos, evitan la competencia, inhiben la competitividad laboral y promueven la corrupción, tampoco.
Ergo, si López Obrador mantiene su cruzada anti neoliberal, tendrá que hacerlo de forma decidida y requerirá de respaldos significativos. De entrada, de una ciudadanía enterada y dispuesta a asumir las consecuencias, y después de medios de comunicación libres que le permitan diseminar sus mensajes y acciones en pro de lo que ha prometido: el bienestar común y no de unos cuantos.
Lo dicho no implica que todos deban estar de acuerdo a pie juntillas con las decisiones del gobierno federal, o lanzarse a una cruzada por su defensa sin mayor sentido que el acto en sí; en realidad se trata de comenzar un proceso virtuoso para lograr la madurez como sociedad y separar a los unos de los otros, en pro de ver por el desarrollo común y no por abonar a que políticos y oligarcas alcancen sus metas en detrimento de millones.

cesartovar23@gmail.com / @cmtovar

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