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“El Salto Cósmico de Bob Beamon en México ´68

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Relatos Olímpicos de Eduardo Moreno.
Foto de internet.

Relatos Olímpicos de Eduardo Moreno
Cuando se le otorgó a la ciudad de México la sede de los XIX Juegos Olímpicos, uno de los argumentos en contra era el de su altitud de 2,200 mts. –los atletas caerán como moscas, decían periódicos extranjeros- ya que el rendimiento deportivo en esas condiciones, no había sido suficientemente estudiado.

Por lo que también se le “obligó” a México a realizar, en tres años previos, las llamadas semanas deportivas internacionales; en las que se confirmó que en las pruebas de resistencia el rendimiento disminuye y las pruebas de velocidad son beneficiadas.

La prueba que nos ocupa este relato, la del salto de longitud varonil, presentaba gran interés, tanto por la calidad de los atletas que intervendrían como Ralph Boston (USA), Igor Ter-Ovanessian de Rusia, el propio Robert Beamon y el británico Davies; sino también, por la expectativa de los records olímpico y mundial.

La carrera atlética de Bob, con ascendencia Afro-americana y de enormes cualidades, se vio afectada cuatro meses antes al ser expulsado de la Universidad de Texas, por negarse a competir contra una Universidad Mormona, que no dejaba participar a los negros. Entreno para los olímpicos con su amigo y rival Ralph Boston.

En la eliminatoria previa, casi no pasa a la final con dos saltos nulos, en el tercero salta 8.19 para calificar, a pesar de que poseía la mejor marca del año con 8.33.

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El 18 de Octubre sería la gran final con los mejores “chapulines” del orbe, yo me encontraba en la alberca así que solo pude ver la prueba por la T.V., el día se encontraba gris con amenaza de lluvia que enrarecía el ambiente, el cuarto turno en su primer intento, correspondió al larguirucho Beamon de 1.91 mts.

Empezó una carrera explosiva de impulso, su zapatilla derecha de seis clavos golpeó poderosamente en el tartán con precisión milimétrica la tabla de despegue. Su cuerpo de goma, elástico y flexible, trazó una parábola, cruzó los brazos en el aire y sus piernas las extendió al frente cual canguro con técnica impecable, las plantas de sus pies se hundieron juntas al caer en la arena; para salir dio tres pequeños saltos al frente e inició un trotecillo sacudiendo los brazos.

Un oooh! Salió de los espectadores que estaban cerca a la fosa del salto de longitud, cuando el aparato del sistema óptico de medición se deslizó por el riel hasta el límite, sin que pudiese alcanzar la huella del salto. El barullo y expectación empezó a crecer en las tribunas del estadio olímpico. Fueron en busca de una cinta metálica, la modernidad deportiva no esperaba un salto de esa magnitud, y midieron con estupor ¡8.90 mts.! Más de 29 pies le dijeron a Bob, no acostumbrado al sistema métrico, quien empezó a correr delirante sin saber hacia dónde, se hinco y beso el tartán. No lo podía creer al superar por 55 cms. el ¡record mundial!

El anemómetro marcó 2 m/ seg, la velocidad de viento máxima permitida por el reglamento. La temperatura 25° C., Iba a llover por lo que la presión atmosférica descendió y el aire se adelgazó. La altura de 2,240 msnm, el tartán y un atleta extraordinario, coincidieron en el salto perfecto, que aún hoy, a 50 años es record olímpico. Los que lo vivimos, nos sentimos privilegiados de haber presenciado el salto del siglo.

PIES DE FOTO
En los eventos del 50 aniversario de México ´68, coincidieron el saltador Bob Beamon y el nadador jarocho Eduardo Moreno Loyo.

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