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Opinión

Y nos cayó el 20

Sí; y en ésta travesía para llegar al 2020, se deseaba que esas sonrisas de consuelo ante las penas experimentadas por los variados decires y el hacer salpicados hoy con el “feliz año nuevo”, las expresiones políticas se afinaran con el término verdad, en lugar de las forzadas sonrisas que provocan pena ajena.

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en

Irene Ortega Valdivia

Sí; y en ésta travesía para llegar al 2020, se deseaba que esas sonrisas de consuelo ante las penas experimentadas por los variados decires y el hacer salpicados hoy con el “feliz año nuevo”, las expresiones políticas se afinaran con el término verdad, en lugar de las forzadas sonrisas que provocan pena ajena.

Muy loable es tender puentes de amistad entre el país vecino y México, pero éste último necesita entusiasmo pleno, sacrificio, entrega y conocimiento de sus dirigentes para convertirse en un país economicamente saludable, socialmente independiente y respetuoso de todo y de todos.

Desafortunadamente tiene México aventureros de la política, falsos profetas movidos por toda clase de ambiciones en donde las palmadas fuertes en la espalda, sellan actualmente amistades en ese mundo vano. Como tampoco se han observado las inquietudes políticas de los universitarios; esos que tienen un espíritu constructivo y aprenden a respetar los cauces legales.

Tiene el jefe supremo tantas cosas por hacer sin hablar mucho, allí donde hay tanta dañina humildad inútil, como esa que halaga a los poderosos para corresponder favores.

La feria de vanidades en la que todos quieren darse importancia, también abunda en los ambientes políticos; sin embargo, en algunos hay bases sólidas que mucho ayudarían a lograr un México no sereno, sino positivo, fuerte, económicamente respetable y con una personalidad social inespugnable que lo saque de apuros en cualquier circunstancia incómoda.

Sin duda, muchos en éste ambiente político conocen de sobra la patología de la convivencia forzada que les ayuda a sonreír y seguir como si nada, fingiendo un afecto de utilería demostrando fuerza moral y hasta valor, fácil para algunos acostumbrados al doble lenguaje político. Otros, y sin llamar mucho la atención, han sabido colarse en la élite del poder y hasta del dinero en un ambiente plagado de situaciones difíciles, en donde más de un ambicioso termina perdiendo.

Se necesita alguien carismático, discreto, con agilidad mental y una apariencia respetable; un dirigente que no muestre el término de la madurez y el comienzo de la decrepitud y que la ráfaga constante de actividades no le permitan mostrar las emociones surgidas en esa plataforma de lucimiento.

Un hombre que hoy tiene la página en blanco de su libro de 366 hojas en donde podrá escribir todo lo que piensa, desea y planea para el bien de México.
Que sea pues 2020 el año de hechos.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.