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Opinión

Tres meses fueron suficientes

Nos enfrentaremos a la peor crisis económica que nuestro país haya vivido en los últimos cien años.

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Tres meses fueron suficientes

Javier Herrera Borunda

México se prepara para reiniciar la actividad económica, educativa, administrativa y social que se detuvo de manera abrupta a partir de la segunda quincena de marzo por la pandemia internacional provocada por el Covid 19, situación que de acuerdo a los datos oficiales proporcionados por la Secretaría de Salud ha cobrado ya más de 18 mil víctimas mortales e infectado a más de 150 mil connacionales. Tres meses de confinamiento han modificado muchas reglas del juego en nuestra vida cotidiana, el reiniciar actividades nos asusta, vivimos un estado de azoro que no nos permite visualizar con optimismo el futuro que nos espera.

Escuchamos a los especialistas decir que nos enfrentaremos a la peor crisis económica que nuestro país haya vivido en los últimos cien años; prestamos atención a las palabras de pequeños y medianos empresarios que se debaten en la angustia de pensar si sus negocios podrán sobrevivir ya que milagrosamente han logrado en estos tres meses, sin producir, vender y cobrar, pagar los gastos fijos propios de un negocio establecido, de manera muy especial los salarios de su planta laboral, situación que ni ellos mismos saben cómo han logrado.

Leemos que miles de millones de dólares han salido de nuestro país en búsqueda de mejores alternativas de inversión y seguridad jurídica para los propietarios de estos capitales; y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) nos alerta en el sentido de que el futuro de la cadena de producción internacional tras la pandemia, que nadie en el mundo sabe cuándo podrá terminar, activará los procesos de desaceleración de los flujos de inversión y de las cadenas de valor mundiales, lo que redundará en caídas significativas del comercio internacional y desatará una competencia feroz de los países por atraer inversión foránea.

Ante una realidad tan desconcertante, los mexicanos no nos podemos permitir que el pesimismo atrape nuestras vidas, sin embargo los datos a los que nos enfrentamos no nos ayudan en nada. El IMSS informa que sólo en el mes de mayo se perdieron 344,522 empleos formales y que de enero a mayo, según sus registros, se han dado de baja a 838,272 trabajadores, y ese es el caso de quienes en sus empleos gozan del privilegio de contar con esta prestación obligatoria que muchas empresas soslayan utilizando alguna otra forma, incluso legal, de contratación laboral.
Por otro lado, en el mes de abril del presente año, de acuerdo a cifras proporcionadas por el INEGI, en nuestro país la población económicamente activa que se encontraba laborando en la economía informal ascendía a 31 millones de personas y un mes después esta cifra había caído a 20.7 millones; increíblemente se habían perdido 10.3 millones de empleos informales.

Nos hemos puesto a pensar en ¿cuántos mexicanos, algunos de ellos nuestros amigos, conocidos o incluso desconocidos, están pasando en estos momentos por el calvario de no contar con un empleo? ¿Cuántas familias mexicanas se verán obligadas a retirar a sus hijos de las escuelas a las que asistían para incorporarlos al mercado de trabajo de manera temprana y sin las herramientas y habilidades mínimas que hoy demanda el mundo globalizado? ¿Cuántos niños y niñas no tendrán qué comer mañana porque sus padres perdieron sus empleos? ¿Tenemos conciencia de que estas pandemias, sanitaria y económica, engrosarán las filas de mexicanos en situación de pobreza?

El Coneval nos informa que el número de personas en pobreza extrema podría aumentar entre 6.1 y 10.7 millones, y el de quienes se ven afectados por pobreza laboral, es decir los trabajadores que tienen empleos remunerados con los deciles más bajos que ya no podrán adquirir la canasta básica alimentaria, ha aumentado del 37.3 al 45.8 por ciento en los dos primeros trimestres del año en curso… Tres meses fueron suficientes para acabar con décadas de esfuerzo.

Esta situación no es privativa de nuestro país, prácticamente todo el mundo padece hoy crisis sanitarias y económicas como consecuencia del Covid 19, sin embargo los gobiernos de otras naciones las están enfrentando con medidas contra cíclicas, entre ellas de endeudamiento público que les permiten apoyar la estructura económico-empresarial y la planta laboral de sus comunidades, pero en México la situación se agrava ya que el Ejecutivo considera que estas medidas no son necesarias… Al tiempo, ojalá le asista la razón.

Nos encontramos, sin duda, ante una encrucijada en la que nos puso un inesperado cambio de timón en la historia. Vivimos en un presente que nos produce temor y ansiedad, que se acompaña de la incertidumbre ante un futuro lleno de intranquilidad y preocupación. A ello tenemos que añadir los graves problemas que se viven en el mundo, no sólo en México, en cuanto a seguridad pública, violencia, racismo, presencia de actos delictivos, feminicidios, pederastia, contaminación, cambio climático, pérdida de valores, autoritarismo… y mejor no sigo.

Ante esta encrucijada el temor no ayuda, sólo paraliza y lleva a pensar que los problemas del ser humano contemporáneo ya no tienen solución. Tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos, ser creativos, darle sentido a la inteligencia, a la solidaridad social y a la innovación; crear nuevos paradigmas de convivencia social y luchar unidos para enfrentar ese futuro que tanto nos asusta; el ejemplo lo tenemos en los liderazgos de los grandes hombres y mujeres que sacaron a sus ciudadanos de las crisis sanitarias, políticas, financieras, económicas, laborales y sociales que se fueron presentando a lo largo del siglo XX.

México necesita darle un nuevo sentido a su pacto social, en el que la solidaridad de la que tanto nos enorgullecemos en los momentos difíciles se haga presente en todas nuestras acciones de vida cotidiana; en el que la paz social se viva y se respire en todas y cada una de las comunidades de nuestro país; en el que la igualdad de oportunidades educativas sea una realidad tangible para todos los niños y niñas nacidos en el territorio nacional; en el que la justicia social no se escatime a ningún mexicano por su condición de raza, identidad sexual o creencias; y en el que el estado de derecho se viva permanentemente como parte de nuestro ser y sentir como mexicanos.

javi.borunda@me.com

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.