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sábado, enero 23, 2021

Sursum Corda

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

O hay que decir que está manchado el HijoO hay que decir Inmaculada a la Madre

Había esperado toda su vida. Por fin, ya en la vejez Dios le concede la dicha de ver con sus propios ojos al Salvador del mundo. El anciano Simeón no se refirió a sus ojos o a su piel, a la belleza de su rostro o a los rasgos físicos. No destacó la ternura que siempre despierta un recién nacido ni la nostalgia y la paz que genera la contemplación de un bebé.El anciano Simeón, se refirió al niño con palabras que no espera una madre: “Este niño será signo de contradicción”. Nosotros que conocemos las Escrituras y el desenlace de la vida de este niño hemos visto cómo se cumplió la profecía de Simeón.

Simeón, dijo esas palabras solamente respecto de Jesús. No alcanzó a ver lo que nosotros de manera incomprensible estamos viendo: que María también es signo de contradicción.

En torno a María se manifiestan sentimientos muy profundos de amor, respeto, devoción y admiración. María hace aflorar nuestra más profunda sensibilidad religiosa y le da una connotación específica a nuestra fe. El pueblo se vuelca en torno a María y le profesa un culto muy emotivo. Sin embargo, también vemos con tristeza y sufrimiento las reservas que muchos tienen para referirse a Ella. Porque se trata de la madre de Jesús y de nuestra propia madre, sufrimos cuando se le ataca de manera visceral. Nosotros vemos, pues, lo que no vio Simeón, que María Santísima también es signo de contradicción.Con ocasión de estas fiestas de la Inmaculada Concepción y de la Virgen de Guadalupe, queremos no sólo defender su culto sino sentirnos verdaderamente orgullosos de llevar en el corazón a María Santísima y de imitarla especialmente en el camino de la humildad y de la fe para estar fielmente al lado de Jesús, incluso cuando nos toque estar fielmente al lado de la cruz.

En este ambiente de fiestas marianas quisiera recordar el caso de los dos sacerdotes dominicos italianos, P. Gassiti y el P. Pignataro, que en 1823 (30 años antes de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción), en una ceremonia de exorcismo a un muchacho lograron someter y expulsar a Satanás.El diablo que es el padre de la mentira también dice la verdad cuando se le somete, y llegó a expresar en ese exorcismo una oración que ya encierra la fe de la Iglesia en la Inmaculada Concepción, muchos años antes que se proclamara este dogma. Humillado, el diablo se vio forzado en nombre de Cristo a cantar la gloria de María, y lo hizo mediante un soneto en italiano, perfecto en construcción y en teología.Soy verdadera madre de un Dios que es Hijo,y soy su hija, aún al ser su madre;Él desde la eternidad existe y es mi Hijo,y yo nací en el tiempo y soy su madre. Él es mi Creador y es mi Hijo,y yo soy su criatura y su madre;fue divino prodigio ser mi Hijoun Dios eterno y tenerme a mí por madre. El ser de la madre es casi el ser del Hijo,visto que el Hijo dio el ser a la madrey fue la madre la que dio el ser al Hijo. Si, pues, del Hijo tuvo el ser la madre,O hay que decir que está manchado el HijoO hay que decir Inmaculada a la madre.

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