fbpx
Síguenos en:
.

Opinión

Reformas políticas que nos privan de nuestra posesión más preciada: nuestra vida espiritual

En el sistema democrático se fueron consolidando estructuras de gobierno para que el pueblo se sienta representado y cuente con servidores públicos que promuevan sus causas, defiendan sus derechos e impulsen un estilo de vida de acuerdo a sus valores y convicciones.

Publicado

en

En el sistema democrático se fueron consolidando estructuras de gobierno para que el pueblo se sienta representado y cuente con servidores públicos que promuevan sus causas, defiendan sus derechos e impulsen un estilo de vida de acuerdo a sus valores y convicciones.

Si bien esto ha sido más un ideal que una realidad -ya que el pueblo no siempre ha sido escuchado ni representado dignamente-, en las circunstancias actuales de nuestra vida democrática los representantes del pueblo se han olvidado de su gente y se ponen al servicio de intereses ideológicos que favorecen la descomposición social.

En el ideal, el pueblo tendría que estar más relajado y confiado, consciente de que sus representantes están velando por sus intereses. Pero en la realidad el pueblo se tiene que organizar para defenderse y llega incluso a tener que gestionar un tiempo necesario para que sea escuchado por aquellos representantes que juraron servirlo y estar cerca de él.

De suyo representa una carga muy grande que nuestra gente tenga que cuidarse, por sus propios medios, de tanta inseguridad para que ahora tenga también que ocuparse de supervisar la actuación de sus representantes que están maquinando e impulsando una reingeniería social anticristiana que abona más a la confrontación, polarización y descomposición social.

De muchos servidores públicos se puede decir con tristeza y decepción que ya no representan el alma del pueblo, los valores del pueblo y la altísima sensibilidad del pueblo sino que están a las órdenes de ideologías que combaten rabiosa e irracionalmente la vida, el matrimonio y la familia.

A estos extremos hemos llegado. Ya hay mucho de qué cuidarnos. Y a esta lista interminable y asfixiante de riesgos y pendientes, ahora tenemos que estar atentos de las maquinaciones y las agendas secretas que poco a poco están socavando el alma y los valores de este pueblo que está cimentado en el respeto incondicional a la vida, el matrimonio y la familia.

Es inaudito que mientras el pueblo está de luto y conmocionado por los asesinatos y desapariciones de miles de personas así como por la inseguridad galopante, se pase por alto este momento de dolor y frustración para imponer una ideología que le priva al pueblo de un futuro digno, de una vida conforme a sus valores.

Cuánto se necesita que el desgaste parlamentario se concentre en recuperar a México de la violencia, de la inseguridad, de la pobreza y de la descomposición social. Pero ni siquiera este ambiente denigrante y peligroso toca el corazón y la conciencia de muchos representantes sociales para centrarse en las principales urgencias.

Ante este peligroso proceso de descomposción social que estamos viviendo, increíble e inauditamente se está atacando a la familia y se está usurpando su derecho en la educación de los niños y de los jóvenes.

El gobierno sigue asumiendo como referente conceptual la ideología de género, que desconoce las bases científicas, impulsando una agenda política que también se refleja en el sistema educativo.
Ya son muchas acciones y medidas que están imponiendo los nuevos gobernantes alineados y enajenados por la ideología de género, que los lleva a negar la realidad, a pasar por alto los valores de nuestro pueblo, a desconocer las evidencias científicas y a usurpar el derecho de los padres de familia a la educación de sus hijos.

Como lo vienen haciendo muchas personas y asociaciones, debemos seguir enfrentando de manera urgente el reto que nos viene de la ideología de género que está destruyendo nuestro marco antropológico desde el cual percibimos la bondad, grandeza y belleza del plan de Dios para el hombre, el matrimonio y la sexualidad.

Teniendo en cuenta las maquinaciones y los alcances de una ideología como la que comienza a imperar en México, cito la reflexión de Aleksandr Solzhenitsyn, escritor ruso y crítico del socialismo soviético, quien sostenía que: “Hemos puesto demasiadas esperanzas en reformas políticas y sociales, sólo para descubrir que nos estaban privando de nuestra posesión más preciada: nuestra vida espiritual”.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.