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sábado, febrero 27, 2021

Quiero creer, aún

Thomas L. Friedman, periodista y escritor estadounidense, autor de ‘La tierra es plana’, tres veces ganador del premio Pulitzer, es experto en globalización. Afirma en su columna en The New York Times: ‘Cómo México volvió a estar en el juego’ después de participar en la XXVIII Reunión Anual de Consejeros del Sistema Tecnológico de Monterrey. “Hoy día”, escribió Friedman, “México está recuperando de Asia participación en el mercado de manufacturas, y está atrayendo más inversión global que nunca en automóviles, partes aeroespaciales y electrodomésticos. “Declara en el Financial Times que México exporta más productos manufacturados que todo el resto de América Latina. Se sorprende por la cantidad de nuevas empresas tecnológicas que están surgiendo entre los jóvenes mexicanos.

“México es mucho más que pura violencia”, afirma. Si las capacidades de manufactura e innovación mexicanas se integran mejor al ecosistema industrial, vaticina Friedman, todos saldrían ganando: las empresas en Estados Unidos serían más rentables y competitivas, y los mexicanos bien remunerados tendrían más razones para quedarse en México. Hasta la violencia se reduciría”.

Friedman afirma que la próxima potencia mundial en el transcurso del Siglo XXI no será China o India, sino México. ¿Cómo hacer este vaticinio realidad? Los sociólogos sugieren utilizar ‘El Pensamiento Lateral’.

Cuentan que en un pequeño pueblo un granjero no podía pagar una deuda a un viejo feo y antipático. El granjero tenía una hija muy linda que despertaba las ansias del prestamista y éste le propuso perdonar su deuda si le daba su hija en matrimonio. ¡Granjero e hija quedaron horrorizados!

El prestamista modificó la propuesta: sugirió que fuera el azar el que determinara el asunto. Colocarían una piedra blanca y otra negra dentro de una bolsa vacía; si la chica sacaba la piedra negra, se casaría con él y la deuda de su padre sería saldada, si sacaba la blanca, no tendría que casarse con él, pero aun así la deuda quedaría liquidada. Si la niña no aceptaba el juego, el padre sería inmediatamente enviado a la cárcel.

El prestamista se agachó a recoger dos piedras (las dos negras) y las puso rápidamente en la bolsa. La niña no dijo nada. El viejo le pidió que tomara una. ¿Qué hacer? ¿Negarse? ¿Demostrar que el prestamista hizo trampa? ¿Casarse con el viejo para evitar a su padre la prisión?

Aquí reside la diferencia entre el pensamiento lógico directo y el pensamiento llamado “lateral”. Las tres opciones eran nefastas, entonces, ¿qué hizo? Sacó cualquiera de las piedras e inmediatamente la dejó caer al suelo sin que nadie hubiera tenido tiempo de verla, y se disculpó asustada. La piedra se confundió con las piedras negras y blancas del camino.

¡Ay, qué torpe soy!, exclamó la niña, ¿cómo puede pasarme algo así? No importa, dijo, todo tiene solución: se puede saber cuál es la piedra que saqué primero tomando la que queda en la bolsa; si es negra, saqué anteriormente la blanca, y si es blanca, entonces era la negra. ¿No es así?

Sacó la negra, y el viejo no se atrevió a confesar su trampa. La chica, con el pensamiento lateral transformó una situación imposible en un desenlace ventajoso.

Existe una solución para la mayor parte de los problemas complejos, sólo que no sabemos verlos en perspectiva. ¿Saldremos los mexicanos de la encrucijada en que nos encontramos?

El cerebro puede ser llenado con pensamientos positivos y con decisiones sabias. Dicen los sociólogos que el pensamiento lateral es capaz de encontrar el ángulo adecuado.

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