fbpx
jueves, agosto 13, 2020

Papel Social

JESSE OWENS: Verdades y mentiras de su hazaña

Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, precisamente el 9 de agosto compitió el atleta estadounidense, Jesse Owens quién gana su cuarta medalla de oro rompiendo el récord mundial en la categoría de relevos 4 x 100 a pesar del apoyo ensordecedor que salía de los aficionados alemanes en las gradas del estadio.

En la opinión de Buenos Días…

Para el momento que lanzaron las bombas sobre las ciudades japonesas, Japón estaba ya en la lona, era cuestión de días en que cayera. Pero, ya tenían el “producto” y debían probarlo sobre piel humana, pues era una bomba de uranio y la otra de plutonio y debían ver los efectos de ambas sobre los japoneses que en esta ocasión sirvieron de “conejillo de indias”.

Nuestros pueblos indígenas, el gran legado

México cuenta con 69 lenguas nacionales, 68 indígenas y el español, por lo que se encuentra entre las primeras 10 naciones con más lenguas originarias y ocupa el segundo lugar con esta característica en América Latina, después de Brasil.

En la opinión de Buenos Días…

Jesús nunca se anduvo con cuentos, sanó a leprosos, el equivalente a los apestados del presente. Duran más vivos los leprosos que los aquejados del COVID-19. Y ahí andan de “asustados” los “representantes de Cristo en la tierra” ¡Prrrrttttt!

En la opinión de Buenos Días…

Hoy con la pandemia lo podemos constatar fehacientemente. Despertar cada día es un lujo, ver el sol, estar vivos ¡El un lujo!

Papel Social

Resiliencia frente al Covid 19

La mayoría de las familias de México y de gran parte del mundo hemos realizado un grandísimo esfuerzo para retirarnos prácticamente de cualquier actividad laboral, educativa o lúdica, como resultado de la pandemia a que ha dado lugar el coronavirus Covid 19. Madres, padres, hijos, y en algunos casos otros integrantes de las familias, hemos tenido que convivir obligatoriamente durante 24 horas con las mismas personas y en los mismos espacios por más de 120 días de manera ininterrumpida. No ha sido fácil, y menos aún lo ha sido para quienes por motivos económicos o de cualquier otra naturaleza no pudieron quedarse en casa como nos han conminado las autoridades sanitarias, sabiendo que el peligro de contagio está afuera, en la convivencia social.

De manera especial considero necesario mencionar, y desde estas páginas enviar un merecidísimo homenaje a todo el personal relacionado con el sector salud de nuestro país, que no pudo permanecer en sus hogares por estar al frente, en la primera línea, incluso en situaciones de riesgo, atendiendo a quienes lamentablemente se han infectado del coronavirus. En algunos casos incluso han perdido la vida salvando la de otras personas; en otros han sido, de manera verdaderamente inverosímil, insultados o atacados por personas sin principios, y afortunadamente en la mayoría han permitido que la esperanza volviera a los hogares de un importante número de personas que recobraron la salud por su entrega y conocimientos.

Es terrible para cualquier persona vivir ante la amenaza invisible y constante del contagio; ello nos provoca estrés, miedo, desconfianza en las personas que nos rodean e incluso caemos en el extremo de una vigilancia excesiva. Procuramos utilizar todos los cuidados preventivos de los que hemos sido alertados pero nunca nos sentimos totalmente confiados y tenemos pánico de caer enfermos. Ese miedo constante y permanente destruye, sin duda, nuestra estabilidad emocional y considero que sus consecuencias son aún más devastadoras en los niños, ya que en muchas ocasiones son testigos presenciales de roces, desavenencias o conflictos que de manera natural se originan en la convivencia cotidiana en confinamiento.

¿Con qué confianza se incorporarán nuestros hijos de nueva cuenta a sus centros educativos llevando en mente que posiblemente su compañero de clase es su enemigo porque lo puede contagiar de esta terrible enfermedad? ¿Con qué actitud podremos reincorporarnos a nuestras actividades laborales cotidianas sin ver al compañero o al amigo como todo lo contrario de lo que siempre ha sido porque posiblemente puede ser una fuente de contagio? ¿Con qué tranquilidad podremos visitar a nuestros padres o abuelos cuando hemos escuchado permanentemente que se trata de población extremadamente vulnerable y al abrazarlos podemos ser una fuente de transmisión? ¿Algún día nuestros hijos o hijas podrán practicar deportes de contacto como el futbol o disfrutar de los juegos tradicionales donde la cercanía siempre ha estado presente, sin necesidad de aislarse y tener que permanecer por horas frente a un dispositivo electrónico?

Trabajar en la resiliencia para poder enfrentar el futuro inmediato con equilibrio mental es un gran reto que nuestra sociedad y nuestras familias deben estar emprendiendo desde ya. Es necesario prepararnos a título individual y de manera conjunta con nuestros cónyuges, hijos, padres y amigos para entender que todavía nos falta recorrer caminos difíciles; al día de hoy no tenemos ninguna certeza de lo que está por venir. Es nuestra obligación actuar con responsabilidad y protegernos con todas las prevenciones sanitarias que conocemos de memoria, pero hasta ahí, no es necesario amplificar pero tampoco minimizar.

Tenemos que tener conciencia de que la crisis que hoy define nuestro comportamiento social es el mayor desafío que la sociedad global ha enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial por sus consecuencias, pero más propiamente, por ser un tema de salud colectiva, desde la pandemia de la influenza española de 1918 que arrebató alrededor de 50 millones de vidas en todo el planeta e infectó a una tercera parte de la población mundial, es decir, 500 millones de personas.

Nuestra organización social, por más esfuerzos que hagan los gobiernos o la ciudadanía de manera corresponsable con ellos, está a la deriva. No es de justicia incriminar a nadie, nos enfrentamos a escenarios totalmente inéditos, lo que sí sabemos con certeza es que nos tendremos que adaptar a un nuevo comportamiento social hasta que la medicina contemporánea encuentre medicamentos con qué atacar a este virus o una vacuna que nos proteja de él, y siempre con reservas.

La resiliencia es la capacidad que tiene el ser humano para afrontar en épocas de crisis la nueva realidad a que da origen un evento traumático. La crisis sanitaria a que nos ha llevado el coronavirus y la medida principal de permanecer en casa han representado un desafío para nuestra estabilidad psicológica, económica y social; nuestra capacidad para resolverla se sustenta precisamente en la resiliencia que seamos capaces de desarrollar. En otras palabras, ésta sólo puede aparecer cuando estamos en contacto con la incertidumbre, la angustia, el dolor; implica enfrentar la situación, no negarla porque existe, y transformar esa realidad que nos hace daño en la posibilidad de generar una nueva que sin duda será diferente a la anterior.

La resiliencia también debe estar presente en nuestra comunidad, involucra a todos los grupos sociales como parte de una solución colectiva, sólo podremos ser resilientes cuando hagamos de la unión una realidad que busque el bienestar colectivo, cuando el respeto a nuestras instituciones y liderazgos se haga realidad en nuestras acciones, cuando todos seamos capaces de dejar a un lado prejuicios, culpas y desconfianza. ¿Será pedir mucho?

Superar la crisis que ha generado esta pandemia depende de nosotros mismos, recordemos que las situaciones de crisis nos ponen a prueba como especie.

[email protected]

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

Lo más reciente

Contenido relacionado

En la opinión de Buenos Días…

Hoy con la pandemia lo podemos constatar fehacientemente. Despertar cada día es un lujo, ver el sol, estar vivos ¡El un lujo!

JESSE OWENS: Verdades y mentiras de su hazaña

Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, precisamente el 9 de agosto compitió el atleta estadounidense, Jesse Owens quién gana su cuarta medalla de oro rompiendo el récord mundial en la categoría de relevos 4 x 100 a pesar del apoyo ensordecedor que salía de los aficionados alemanes en las gradas del estadio.

En la opinión de Buenos Días…

Jesús nunca se anduvo con cuentos, sanó a leprosos, el equivalente a los apestados del presente. Duran más vivos los leprosos que los aquejados del COVID-19. Y ahí andan de “asustados” los “representantes de Cristo en la tierra” ¡Prrrrttttt!