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jueves, octubre 29, 2020

La epopeya de los Niños Héroes

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Papel Social

El azúcar cristalizado, como hoy lo conocemos, data de tan sólo dos mil seiscientos años atrás, de acuerdo a fuentes documentales originarias.

Por: Coronel Jorge Nuño

Ejemplo para la juventud actual

La historia y la epopeya coinciden para consolidar los símbolos nacionales y sin duda los Niños Héroes que defendieron heroicamente el Castillo de Chapultepec, son el ejemplo más acabado de una juventud amante de la patria, y de un México orgulloso de su pasado histórico que no debemos olvidar.

México vivió un ejemplo de singular heroísmo hace 173 años, aquel 8 de septiembre de 1847. Recordando el asalto al Molino de Rey y Casa Mata, que constituyen no el epílogo sino el prólogo del heroísmo que hoy forma parte de nuestro calendario cívico, en el cual se exaltan los más altos niveles de dignidad y responsabilidad ante la patria, conducta admirada por todo el mundo.

La heroica jornada anteriormente mencionada nos revela las profundas raíces y sentimientos de un alto concepto del honor, lealtad y el sacrificio de la vida que deja trazado el camino de una de las más nobles tradiciones que los miembros de Heroico Colegio Militar guardan y observan celosamente en su quehacer cotidiano, resguardando a la institución republicana y de nuestro orden constitucional.

La epopeya de los Niños Héroes

Esta epopeya es más que la historia, es un legado a las generaciones futuras, porque integran el verdadero evangelio de la patria que todo buen ciudadano tiene la obligación de defender: su suelo patrio.

Los ahuehuetes milenarios de Chapultepec, que nacieron cuando todavía este rincón de la patria se llamaba Tenochtitlán, contemplaron con sus teocalis y canales la llegada de espíritus aventureros que construyeron con el paso del tiempo el virreinato hasta el amanecer insurgente, y el alba de la independencia con los padres de la patria como Hidalgo, Allende y Morelos entre otros, soñaron con una patria libre y soberana, tirando al basurero de la historia el yugo que nos oprimía y no nos permitía el más caro anhelo: una patria digna y el valor supremo: la soberanía nacional.

Han pasado muchos lustros y aún parece que los ahuehuetes lloran todavía de lo que fueron testigos, del recuerdo lacerante de aquella fatídica fecha del 8 y el 13 de septiembre de 1847. Hoy, sus follajes movidos por el viento, nos hacen recordar para volver a vivir aquel acto de Hamlet que engendró el drama de la historia.

Recordamos hazañas de nuestros ancestros aguerridos defensores; al General Anaya en Churubusco, al General León en el Molino del Rey, quienes demostraron su alta calidad de hombres y su responsabilidad patriótica, que con gran temeridad no titubearon en cumplir con su deber fundamental de todo buen soldado: “morir no es nada, cuando por la patria se muere”. Especial mención hago de la destacada y magnífica figura del prócer Xicoténcatl, del General León y del General Lucas Balderas.

En esta ocasión subrayo la conducta de los Cadetes de Chapultepec, que la historia los ha bautizado como los Niños Héroes, que quedaron inmortalizados en las seis columnas de mármol que se prolongan hasta el infinito en el cielo y en lo más profundo de la tierra por sus valores del espíritu por haber hundido en la consciencia popular, que son, la expresión más acabada de nuestra nacionalidad, por su sacrificio supremo, al Teniente Juan de la Barrera y los alumnos Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar, Vicente Suárez y Juan Escutia pero debo mencionar en honor a la justicia que hubo otros alumnos heridos como: Pablo Banuet, Andrés Mellado, Hilario Pérez de León y Agustín Romero quienes son poco mencionados en los textos de la historia.

Mención muy especial merece la conducta del General Antonio León, quien como bien sabemos murió en combate defendiendo el punto estratégico del Molino del Rey, y una vez derrotadas las tropas del General León, emprendieron el ataque y bombardeo al Castillo de Chapultepec, defendido como mencionamos anteriormente por los alumnos del Colegio Militar.

Los norteamericanos atacaron despiadadamente el Molino del Rey y la Casa Mata en la madrugada del 8 de septiembre de 1847, con efectivos de más de 1000 hombres, donde el General León defendía la posición con el comando de las Fuerzas Mexicanas, recibiendo el ataque nutrido de fusilería, seguido de una batalla cuerpo a cuerpo, mientras que las fuerzas invasoras la plaza.

El Castillo de Chapultepec estaba defendido al mando del General Nicolás Bravo, antiguo insurgente. La tropa americana se abalanzó arrolladoramente, aunque los defensores se mantuvieron en sus parapetos bravamente, la resistencia la opusieron ejemplarmente los alumnos del Colegio Militar, quienes, a pesar de su corta edad, algunos casi eran niños, lucharon con gallardía y firmeza, un valor digno de la causa que defendían.

La heroica resistencia presentada por el General Nicolás Bravo y los patriotas a su mando, contaron con la ayuda eficaz del Coronel Santiago Xicoténcatl, quien desde mi punto de vista debe ser considerado el héroe epónimo de esta memorable jornada como quedó plasmado en los anales y las páginas de la historia, uno de los cadetes envolviéndose en el lábaro patrio, se arroja al vacío, antes que los invasores ultrajaran y pisotearan a nuestra insignia nacional.

La historia ha dictado ya su sentencia sobre estos tristes y lamentables acontecimientos y aseguró, que no se puede decir que México fue derrotado: porque las armas invasoras cometieron un asesinato y un verdadero latrocinio, masacrando a niños orgullosos de su patria, a quienes no se les perdonó la vida, ya que era preferible la moderación en la venganza y respetar las leyes de la guerra, de elegir el dialogo propio del ser humano, frente al abuso de la fuerza que es propio de los animales (Cicerón), porque esta guerra no era justa, no se respetaron las normas sagradas del derecho fecial del principio latino: que las quejas sean expresadas de forma solemne y que la guerra sea el último de los recursos.

Sin lugar a dudas fueron héroes estos jóvenes por varias razones, en primer lugar porque no tenían obligación de permanecer en el Castillo por la condición de Cadetes y decidieron quedarse voluntariamente, y con escasas provisiones y pertrechos militares resistieron el bombardeo de más de un día bajo el fuego de la artillería enemiga, que hizo cimbrar Chapultepec entero, pero ante las circunstancias, la edad no importaba, lo importante era la patria.

Hoy debemos sentirnos orgullosos de este ejemplo singular para México y debemos entender la lección de unir a la Nación ante los ataques del exterior y de la ofensiva de un enemigo interno que siempre acecha y de traidores o caballos de Troya que siempre están listos para unirse al enemigo, por lo anterior, ayer como hoy, debemos aprender con claridad el símbolo del valor, del coraje y la dignidad del General León, del Coronel Xicoténcatl y de los seis Cadetes de Chapultepec por su noble gesto que iluminan la consciencia de una nación entera, y se han constituido en símbolos o íconos de honradez, de pureza y de patriotismo. Ha llegado la hora para que nos inspiremos con claridad con una consciencia social e histórica, con valores esenciales para nuestro progreso integral, unidos todos entorno a nuestra Constitución y al pueblo con la convicción de que: sólo la unión nos hará fuertes, la verdad nos hará justos y la justicia nos hará libres. No permitamos jamás en honor a estos valerosos jóvenes que cunda el rumor de la discordia y la división entre hermanos, enfrentemos la verdad con la verdad, a los delitos con la ley y a actos apátridas con la Constitución en la mano.

¡Que Viva México!, que es más grande que nuestros problemas.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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