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KINTSUGI O LA CREATIVIDAD CONVERTIDA EN LUJO

Sellar las cicatrices con oro es de buen gusto

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El reciclaje creativo se abre paso como una fórmula magistral de convertida en filosofía de vida, que sostiene que un objeto puede ser más bello después de romperse y sellar sus cicatrices con oro, le añade valor. La idea es que las cosas que se rompen se pueden arreglar, o reutilizar, para darle un uso diferente, funcional o artístico. Le llama suprarreciclaje o upcycling y es una alternativa contra las tendencias modernas al hiperconsumo y la obsolescencia programada, que apoya el consumo responsable, el reciclaje y la necesidad de reducir al máximo la generación de residuos.

No es nada nuevo, pues hace cinco siglos los japoneses acuñaron un término: kintsugi, literalmente “parche de oro”, y es una apreciada técnica artesanal que consiste en recomponer los pedazos rotos de un objeto de cerámica y cubrir las “costuras” con polvo de oro o plata. El objeto se enriquece, y como una pieza kintsugi puede ser más valioso y apreciado que antes de romperse. Las cicatrices de la pieza, lejos de esconderse, disimularse u ocultarse, se exhiben realzadas y transforman su esencia estética resaltando el valor de la imperfección: la historia deja huella en un objeto, y esa huella lo enriquece, lo convierte en único.

La escritora francesa Céline Santini en su libro, “Kintsugi. El arte de la resiliencia”, dice que es una proyección de esta filosofía oriental a la vida personal, que la belleza de las heridas, de las grietas, son una metáfora del valor de la huella que deja el paso del tiempo, como esencia de la vida misma. El kintsugi tiene mucho de superación frente a una adversidad, de necesidad de reutilizar, de no consumir y tirar. También del gusto por los trabajos caseros de bricolaje o artesanía del DIY (do it youself), que permite dar un toque personal a las cosas y brindarles una nueva vida, o simplemente repararlas y seguir utilizándolas, en vez de sustituirlas.

Y ya que de arte y de recuerdos se trata, no hace mucho en nuestro país se acostumbraban las colchas de retazos, las macetas hechas de pedazos de cerámica de tazas y jarras rotas, o patios enteros cubiertos con mosaicos de diferentes colores.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.