miércoles, septiembre 28, 2022
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Hacia una conciencia climática

Sonia Déciga Campos: Candidato a Doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Autónoma de México, especialista en tendencias globales, prospectiva de la política mundial y complejidad. Se desempeña como Directora General del Capítulo Mexicano de la World Future Society. Miembro del Comité de Prospectiva Gubernamental en el Instituto de Administración Pública del Estado de México, y del Seminario Permanente de Estudios Prospectivos de la UNAM.

Sonia Déciga Campos, autora de “Hacia una conciencia climática

Hacia una conciencia climática

Cuando el virus COVID-19 empezó a extenderse por todo el planeta, el mundo enteró se preguntó ¿por qué nadie advirtió sobre la existencia de una pandemia? Y la verdad es que los futuristas más respetados del mundo llevaban años vaticinando que este evento sucedería; pero ningún tomador de decisión hizo nada para actuar anticipadamente. En consecuencia, los sistemas de salud del mundo colapsaron, la gente tuvo que quedarse encerrada por meses enteros; y hoy en día lamentamos las incontables pérdidas humanas.

Cuando se habla de conocer el futuro no se trata, por supuesto, de predecir lo que indudablemente ha de pasar. Se trata de utilizar métodos y técnicas que permitan pensar y situarnos en diferentes horizontes para identificar las debilidades y las oportunidades con las que contamos. La prospectiva es sólo uno de estos métodos y su utilidad es tal que permite explorar todos los futuros plausibles de un evento; de manera que nos da tiempo para diseñar estrategias y posicionarnos en el mejor escenario en el que podamos estar. Pero, lo más importante es que, al analizar las diferentes posibilidades podemos identificar aquellas de continuidad, eventos extremos y aquellos que llegan como disrupción, disminuyendo la incertidumbre inherente de estos tiempos.

La pandemia de COVID-19 es, en efecto, una sorpresa inevitable –un evento que los expertos ya habían anticipado, pero sin saber con certeza cuándo y cómo sucedería- que ha llegado de forma disruptiva: ha modificado desde nuestros hábitos y estilos de vida; hasta las agendas establecidas en los gobiernos, las empresas y las instituciones internacionales. Hasta antes de esta irrupción, el World Risks Report 2020 del Foro Económico Mundial anunciaba que los riesgos globales de mayor nivel de impacto y probabilidad eran de carácter medioambiental, siendo la meteorología extrema, los efectos del cambio climático y los desastres naturales los factores de riesgo más importantes.

Y es que indudablemente es urgente difundir información sobre las consecuencias e impacto del cambio climático en el largo plazo, porque los tomadores de decisiones necesitan pasar de la anticipación a la acción (principal premisa de los estudios prospectivos). Si queremos evitar las consecuencias devastadoras que tendrá en nuestras vidas, entonces hay que actuar. Nuevamente aquí la pandemia del COVID-19 ha venido a jugar a nuestro favor, pues ha sido gracias a la contingencia que se han visto efectos positivos para el medio ambiente: la Agencia Internacional de Energía estima que este año, el mundo usará un 6% menos de energía, lo que llevará a una reducción importante de las emisiones de CO2.

Hacia una conciencia climática

Tal parece que la pandemia ha sido una advertencia de qué podría pasar si no se pone atención a temas cruciales. Imaginemos un mundo en el que la temperatura gradual aumenta 1°C a 2°C, con efectos como el aumento del nivel del mar y la consecuente desaparición de algunas ciudades, el derretimiento de los polos con la extinción de vida animal y vegetal, y la aparición de fenómenos meteorológicos extremos con el aumento de crisis alimentarias y pobreza. No es un escenario catastrófico, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial en el periodo de 2011 a 2015 la temperatura media mundial aumentó 0.2 grados; poniéndonos de frente una realidad de la que no podremos escapar si no ponemos manos a la obra para repararlo.

No se trata de ser alarmistas, pero sí de pensar que estamos hoy en un momento único e irrepetible para actuar. El COVID-19 es un ejemplo de cómo podría ser nuestro mundo si no tomamos acciones anticipatorias y si no presionamos a los tomadores de decisiones para que hagan lo propio. Estamos entrando en una nueva era en la que podemos heredar un mejor mundo a las nuevas generaciones; pero para lograrlo la premisa es que la responsabilidad climática no es de un solo individuo, sino de la sociedad en general.

¿Qué acciones podemos hacer en lo individual?

1. Reducir la huella de carbono individual. Por supuesto, son importantes acciones como usar menos el coche y empezar a moverse en bicicleta, ahorrar energía en calefacción y aire acondicionado, reducir el consumo, reutilizar y aprovechar los mercados de segunda mano, reciclar lo más posible envases y residuos, plantar árboles, entre muchas otras.

2. Pero más allá de acciones individuales lo que se necesita es crear conciencia entre nuestros amigos, vecinos y conocidos, de que la crisis climática es real. La concientización es, incluso, un deber moral para con las personas que están vivas ahora y para aquellas que aún no han nacido. Con el tiempo, esta concientización servirá para promover los verdaderos cambios políticos a gran escala.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen. 

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