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Buenos Días

En la opinión de Buenos Días!

México quedó estupefacto con el suceso en Torreón, Coahuila, con lo del niño de once años que causó una masacre.

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¡QUE ESPANTOSOS HECHOS!
México quedó estupefacto con el suceso en Torreón, Coahuila, con lo del niño de once años que causó una masacre. Pero, eso habla de lo terrible que ya somos como sociedad ¡Y es a nivel mundial! ¡Con tanta tecnología, tanto consumismo, tanto materialismo!, pero sobre todo ¡Falta de madre! Que en el caso del infante, ocasión de tan terrible tragedia es y fue literal, pero sobre todo en el padre ¿Qué pasó? No estoy en condiciones de hacer análisis alguno en este tiempo de horror y sensacionalismo en que sobrevivimos. Con falta total de buenos ejemplos y sobre todo liderazgos ¡Peor aún en casa! Pero, pensando en toda esta tragedia, no sé por qué me vino a la memoria la poesía de “La Guaja”, tal vez porque de una u otra forma remite a lo grande que fueran los padres de nuestra generación, destacándose la figura materna ¡Y que no estuvimos influenciados por inventos tan pavorosos como el celular!, en donde, sobre todo los niños reciben tanta información perversa. Y, aunque se haga un poco extenso el espacio, me concretaré a transcribirles el poema:

“¡Ven acá granuja! / ¿Dónde andas so guaja? / Hoy te mondo los huesos a palos, / no llores ni huyas por que no te escapas, / yo no sé lo que hacer ya contigo me tienes muy harta, / a ti ya no te valen palabras, a ti ya no te valen razones, / ni riñas, ni encierros, ni golpes, ni nada. / Te dije al marcharme: levántate pronto y estira esos huesos / y dobla las mantas y enciende la lumbre / y arrima el puchero y enjuaga las ollas / y barra la casa.
Y vengo y me encuentro grandísimo pillo, / la lumbre sin brazas, / la puchera sin caldo ni pringue, / la vivienda peor que una cuadra, / la burra sin pienso, / las pilas sin agua.
¿Segaste la hierba? / ¿Trajiste la paja? / ¿Regaste los tiestos? / ¿Cerniste la harina? / ¿Clavaste la estaca? / ¿Comió la cordera? / ¿Bebió la lechona? / ¿Cogiste los huevos? / ¿Mudaste la cabra?
¡Hum! / ¿Y a ti que te importa? ¿Para qué quieres cansarte? / Si aquí está la burra que todo lo haga.
Te piensas granuja / que al estar tu madre hechita una negra / quemándose el alma, / mientras tú me malgastas el tiempo que da más que lástima, / hecho un ropa suelta… / hecho un rajamantas…/ por esas callejas detrás de los perros, / por esos regatos tirando a las ranas, / o cogiendo nidos en las zarzamoras, /que así estás de lindo grandísimo guaja.
¿Y ese siete tan guapo en la blusa? / ¿Y esos pantalones tan llenos de manchas? / ¡Hum! / ¡Qué gorra más limpia! ¡Qué medias tan majas! / ¡Qué pelos tan lindos! / ¡Qué cuello, qué puños, qué codos, qué mangas! / Yo no sé lo que hacer ya contigo, me tienes muy harta.
De sobra conoces que somos solitos… / que ya no tenemos quien nos lo ganaba… / que la vida de toditos los pobres es vida de lágrimas… / ¡Pero ni por esas! / A ti que te dejen roncando en la cama y te pongan la mesa tres veces y rueden los días y viva la holganza ¡Súbete esos calzones so pillo! ¡Átate esos zapatos so randa! / límpiate esos mocos, lávate esa cara y vete ahora mismo donde no te vea / que me tienes, me tienes muy harta.
Te aseguro chiquitín, / te aseguro que esto se te acaba. / Endende mañana ¡A la cola del burro! / Conmigo a la plaza, conmigo al molino, / conmigo a la haza, / a sudar fatigas, a mojarte el alma, / ya verás las penitas que cuesta… / ya verás con que ahogo se gana este pan que tan cómodamente a lo bobo, / ¡A lo bobo te zampas! / Y ahora ¡A la cama!, ¡a la cama!
La aurora se acerca espléndida, diáfana, / lentamente despliegan las nubes su manto de escarcha, / la madre afanosa se tira del lecho / y sus toscos aperos prepara, / que ya espera más ruda que nunca la brega diaria, / cariñosa y tierna se acerca hasta el lecho donde el niño cándido, / tranquilo descansa, / un instante contempla amorosa su faz sonrosada / y después… / con cariño ferviente dando un beso en sus labios exclama: / ¿Yo turbar este sueño tan dulce? No fuera quien soy ni tuviera entrañas… / juega, brinca y destroza hijo mío… / ¡Tu madre lo gana!”.

TODO ESO HACE FALTA PARA UN BUEN DESARROLLO
Hoy los niños, sobre todo los de clase media para arriba, ya no corren en las calles y los baldíos, ya no trepan a los árboles, ya no inventan juegos entre sus pares, todo está en los dispositivos electrónicos ¡Primando la maldad a ultranza! Y aunque en el poema pareciera se trata de una madre permisiva, no es así, es una madre estricta, que reprende al hijo, pero, como sucedió entre la mayoría de los integrantes de nuestra generación, era al final la madre amorosa, que hacía sentir ese maternal cariño después de una falsa ira. Y como dijera Honoré de Balzac: “El corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontramos perdón”.

URGE RESTITUIR A LA FAMILIA COMO EJE RECTOR
Desafortunadamente en este tiempo de tecnologías de punta, de velocidad extrema en todo, de marcas, slogans, de marketing e influencers; de vidas, que entre más vacías más pesan. Nada ha logrado sustituir a ese perfecto equilibrio logrado entre el amor rector de la madre y la autoridad emanada del padre proveedor, que encontraba lugar en su quehacer para platicar y jugar con nosotros, los hijos. Ambos inspiraban respeto. Hecho fundamental que forjó el México en el que nuestra generación se desarrolló.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.