sábado, julio 31, 2021

En la opinión de Buenos Días…

San Francisco habría abrazado a los enfermos de COVID-19, no los dejaría solos

Reprobados en materia de fe la infinidad de sacerdotes en el mundo, comenzando por el papa ¿Por qué? Fallaron rotundamente con el COVID-19. Si San Francisco de Asís viviera seguramente él estaría abrazando a los enfermos de COVID-19, no importa que se lo llevara entre la patas la pandemia, él los abrazaría mientras pudiera y no los dejaría morir en la más absoluta de las soledades tal y como sucede a todo aquel enfermo de COVID-19 que cae en un hospital o en general que se encuentra entre los pobres.

Sacerdotes que viven del cuento

Los sacerdotes católicos que tanto ensalzan a la fe como fuente de vida cada vez que les da por disertar al respecto, y hoy que al fin tienen frente a sí al ejemplo palpable de esa fe que le exigen a la feligresía desde hace siglos, resulta que han reculado, se han recluido y aislado de la pobre gente que padece la pandemia y han hallado mil y un subterfugio para evitar entrar en contacto con los enfermos de coronavirus y se  mantienen recluidos para no infectarse.

¡Ah, pero quien lo ve condenando el aborto! No cuesta nada hacerlo

Es hora de que reflexionen sobre sus exhortaciones a la feligresía sobre esa fe tan caduca o simplemente inexistente en ellos. Ellos que dicen seguir las enseñanzas de Jesús, bueno, pues llenos de fe debería estar en primera línea con los enfermos de coronavirus.

¡Nula fe! Ahí están escondidos, pero gordos de tanto comer

Les recuerdo cuando Jesús habló de la fe, cuando le caminó sobre las aguas al encuentro de los apóstoles a quienes les ordenó se hicieran a la mar en la barca. Al estar lejos de la tierra, ya noche, lo vieron venir a ellos caminando sobre el agua, cuando lo vieron pensaron era un fantasma y se sobresaltaron y dieron gritos de temor. Pero Jesús les habló luego, diciéndoles: “Tranquilizaos; Yo soy; no tengáis miedo”. Pedro le contestó diciéndole: “Señor, si eres Tú, mándame que vaya a encontrarte sobre las aguas”. Él le contestó: “Pues ven”. Y apeándose Pedro de la barca, se echó a caminar sobre las aguas, dirigiéndose hacia Jesús. Pero mirando el viento tan fuerte, tuvo miedo, y comenzándose a sumirse le gritó: “Sálvame, Señor”. Jesús le alargó inmediatamente la mano y agarrándolo le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”. Y luego que subieron a la barca se calmó el viento. (Mateo 14: 26 al 33)

Sacerdotes, pastores y demás “guías espirituales”, buenos para nada

Así están estos sacerdotes católicos de utilería, integrantes en su inmensa mayoría integrando una iglesia aburguesada y cómoda. Se parecen a esos gatos bodegueros, todos gordos, adiposos. Sibaritas, amantes de la buena comida y a cambio de ello recitan la Biblia de memoria. Son unos sofistas, fariseos sin oficio alguno que hacerse pasar por personas pías, que al final de todo le dan la razón a Nietzsche cuando dijo: “En el mundo ha habido un sólo cristiano, y éste ha muerto en la cruz”. Todos los demás somos meros jijos de la rejija.

¡HE DICHO!

Hacía días que quería escribir esto ¡Y lo he hecho! Me siento satisfecho.

¿Dónde están su fe en Jesús?

Jesús nunca se anduvo con cuentos, sanó a leprosos, el equivalente a los apestados del presente. Duran más vivos los leprosos que los aquejados del COVID-19. Y ahí andan de “asustados” los “representantes de Cristo en la tierra” ¡Prrrrttttt!

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