fbpx
Síguenos en:
.

Buenos Días

En la opinión de Buenos Días!

Y como le dije no le daba la mano porque aun traía la gripe de “nevero” que traía desde hace dos semanas que lo había visto.

Publicado

en

UN AUTÉNTICO DILEMA
Ayer fui con mi amigo el sastre, que dicho sea de paso es uno de mis lectores y a cuyo establecimiento fluye “todo Veracruz”, pues amigos que tenía como mil años de no ver ¡Ahí he coincidido con ellos! Ahí estaba mi amigo leyendo El Dictamen y nada más traspuse el umbral de su negocio me espetó: “Aquí estoy leyendo como se queja usted de estar ya viejo, cuando todavía usted está muy bien ¡Hombre!”. Y como le dije no le daba la mano porque aun traía la gripe de “nevero” que traía desde hace dos semanas que lo había visto (de esas de las que ahora nadie se salva, con todo y las vacunas que se haya uno aplicado) pero que ahí le dejaba un arreglo a un pantalón, me miró con gesto adusto diciéndome: “Ya ve, ahí va usted”. Y para no terminar contagiando al buen amigo, me retiré rápido del negocio, no sin antes avisarme don Manolo que él me llamaría cuando estuviera listo el trabajo solicitado.

¡AZÚÚÚÚCAAARRR! AL FINAL ENLAZO LA NARRATIVA
Les conté el otro día de la epifanía pletórica del grato pasado en mis ayeres que tuve nada más entrar al nuevo local del Café de la Parroquia cito en Washington y el Bulevar. Bueno, pues regresé tal y como vaticiné, con todo y mi gran gripa (ya en decrecimiento –la gripa, no yo-). Iba con un muy grato amigo, quien apenas me lleva 10 meses de edad y nos dispusimos a comer un “consomé Parroquia” ¡Exquisito! Y para acompañarlo pedí mi clásico “lechero”: descafeinado, deslactosado y sustituto de azúcar (mi amigo pidió lo mismo, iguales características). Yo iba con chamarra “rompe-vientos” (por lo de la gripa), mi gorra de “abarrotero gallego” y estuve buscando una mesa donde no pegara de lleno el aire acondicionado. Mi buen amigo, a quien hace tres meses se operó de una “catarata”, por lógicos motivos llevaba lentes oscuros ¡En plena luz del día! Llegó lo solicitado y nos dispusimos a disfrutar la ambrosía. Para entonces, sin dejar de ver la magnífica vista marina, mi contertulio (quien es un pescador profesional, con él fui muchas veces a pescar) y yo platicábamos amenamente de las islas, bajos, sus señalamientos correspondientes y abundando sobre los canales de navegación para entrar al puerto, etc.

HE AQUÍ EL ENLACE DE LOS PÁRRAFOS ANTERIORES
Habiendo dado buen fin de las exquisitas viandas, pedimos más café y como postre ¡Un veracruzano “Chamuco” cada uno! El mesero, quien nos atendía muy profesional, en tono afable y atento de mutuo propio nos explicó: “Los “Chamucos” que tenemos vienen espolvoreados de azúcar”. No terminaba el mesero su exordio cuando ya me estaba yo aventando una de mis clásicas carcajadas. Y le dije a mi buen amigo: “¡Elio, tan jodidos y viejos nos ven que nos están advirtiendo sobre la presencia del azúcar por aquello de la diabetes!”. El buen Elio también rio de buena gana. Diciéndome: ¡Lo que se ve no se juzga!

EL BUEN MESERO ACATÓ A SONREÍR
El mesero esbozó una sonrisa y para que no se sintiera incómodo, le expliqué mi “discreta” risa se debía a que mi sastre apenas tenía escasas dos horas me acababa de levantar el ánimo diciéndome que yo estaba aún joven, fuerte y pletórico de vida, pero ahora, con su observación, saliendo de ahí rumbo a casa, me detendría en el camino en la “Residencia de la Paz” para cambiar de domicilio.

¡TRISTE MI CUADRO!
Mi actual dilema me lleva ahora a recordar el trilema que un gran amigo contaba: “Si ves tu casa arder, a tu esposa con otro hombre y en tu culo un avispero ¿Qué atenderías primero?”.  Decía mi amigo todo el mundo optaba por atender la última variable.

http://losbuenosdias.blogspot.com
correo: [email protected]

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.