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domingo, enero 17, 2021

El Ejército Mexicano, siervo de la nación

Al General Felipe Ángeles, leal soldado de la Revolución.

Por: Lic. Jorge Nuño Jiménez

La semana pasada se conmemoró, como cada año el 110 aniversario del inicio de la Revolución; el único orador fue el General Luis Cresencio Sandoval, Secretario de la Defensa Nacional. Habló fuerte y claro, naturalmente, como hijo del Heroico Colegio Militar y soldado de la república leal a México

Levantó y tomo el guante ante las circunstancias que atraviesa el país, por una serie de improperios, infamias e insultos a México, nuestro querido Ejército Mexicano, siervo de la Nación, torre de lealtad, centinela del orden constitucional y la soberanía nacional, subrayo que el instituto armado jamás busca ni buscará el poder, y tiene razón, por qué ya lo tiene: el poder de poder servir al pueblo.

El Ejército Mexicano no busca protagonismos ni riquezas, lo que quiere es servir a la Patria con lealtad absoluta a el orden constitucional a las instituciones y nuestra soberanía.

Nos recordó el carácter de los soldados egresados de nuestro Heroico Colegio Militar y su compromiso con EL HONOR DE MEXICO.

El Ejército Mexicano, siervo de la nación
El Ejército Mexicano, siervo de la nación

Anécdota histórica del Heroico Colegio Militar

Después de la victoria de las armas de la República en Querétaro aquel 15 de mayo de 1867, quedó prisionero y condenado a muerte el General Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano.

Custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. La víspera de la ejecución dormía plácidamente el Coronel cuando su asistente lo despertó.

El General Del Castillo, deseaba hablar con él. Fuero se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte sin olvidar que el General Severo había sido amigo de su padre.

  • Carlos -le dijo el General- perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuantas horas de vida y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez.
  • Mi General -respondió Fuero- no creo que sea necesario que vengan esos señores.
  • ¿Cómo? -se irritó el General Del Castillo- Deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?
    -En efecto, mi General – repitió el Coronel republicano. – No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese.
    El General Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel era extraordinaria.
  • Pero, Carlos – le respondió emocionado – ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento?
  • Su PALABRA DE HONOR, mi General -contestó Fuero.
  • Ya la tienes -dijo don Severo abrazando al joven Coronel.
    Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia:
    – El señor General Del Castillo va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo quedaré en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted a despertar.
    A la mañana siguiente, cuando el superior de Fuero, General Sóstenes Rocha, llegó al cuartel, el encargado de la guardia le informó lo sucedido. Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo.
  • ¿Qué hiciste Carlos?, ¿Por qué dejaste ir al General?
  • Ya volverá – le contestó Fuero – Y si no, entonces me fusilas a mí.
    En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.
  • ¿Quién vive? -gritó el centinela.
  • ¡México! – respondió la vibrante voz del General Del Castillo – y un prisionero de guerra.
    Cumpliendo su palabra de honor, volvía Don Severo para ser fusilado.
    El final de esta historia es feliz. El general Del Castillo no fue pasado por las armas.
    Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste a don Benito Juárez.
    El Benemérito, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra Fuero.

Ayer como hoy, así se comportan los hijos del Heroico Colegio Militar, cuna de honor, patriotismo.

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