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Cuentos Políticos

La Verdad Inútil

Columna por: Francisco Martín Moreno

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Supongamos, sin conceder, como decimos los abogados, que López Obrador ganara las elecciones del 1 de julio, objetivo en el que, desde luego, fracasará por tercera ocasión. Una vez expuesto lo anterior, me apresuro a anticiparme a las suspicacias reflejadas en el rostro sonriente del lector que pase su mirada distraída por estas breves líneas.
Por supuesto que conozco las encuestas en las que López Obrador aparece como virtual triunfador con porcentajes que van desde 70 al 35% de las preferencias electorales, por encima, claro está, de Ricardo Anaya y de José Antonio Mead. Sin embargo, me llama poderosamente la atención que en dichos estudios demoscópicos invariablemente existe un 40% o más de mexicanos cuestionados en torno a su candidato a ganar las elecciones que rehúyen responder las preguntas de los encuestadores. Por si fuera poco, un porcentaje importante, pero difícil de medir, se localiza entre el público que miente en su respuesta o no confiesa sus inclinaciones políticas por pudor, por escepticismo o por la razón que sea. Estas realidades evidentes confunden profundamente al electorado sin ocultar que algunas casas encuestadoras -a saber cuáles- bien pueden estar recibiendo sobornos de parte de los diferentes partidos políticos para mostrar una tendencia conveniente a sus propios intereses.
Así las cosas: ¿en dónde subyace la verdad en torno a las preferencias electorales de casi 90 millones de mexicanos que integran el padrón electoral? No perdamos de vista que unos días antes de las elecciones en los Estados Unidos, la señora Clinton parecía ganar abiertamente la contienda con un 85% de votantes, según las propias encuestas levantadas en los estados de la Unión Americana y, sin embargo, todos conocemos, para nuestra desgracia, los resultados finales. No debo dejar en el tintero el atentado cometido en Atocha, la principal estación trenes en Madrid, España, cuando detonó una bomba privando de la vida a más de 200 personas. Quien parecía ser, en términos definitivos el triunfador en dicha contienda, era Mariano Rajoy, pero ese atentado terrorista mal administrado por el presidente Aznar a tres días de las elecciones, produjo una sorprendente volcadura en contra del Partido Popular y a favor de Rodríguez Zapatero, el candidato del PSOE.
¿A dónde voy con estos argumentos y con el recuerdo de estos sucesos electorales acaecidos fuera de nuestras fronteras? Muy simple: de acuerdo a las encuestas publicadas en los medios de difusión masiva, así como en las redes sociales, el incuestionable ganador de las elecciones sería López Obrador. Los hechos son tercos, la supuesta verdad estaría al la vista. Bien, pero supongamos, tal y como comienza la presenta columna, esta vez a la inversa, que López Obrador solamente obtuviera para nuestra buena fortuna, tan solo un 20% de votos y, en cambio ganara Anaya o, bien, Mead. Solo supongamos que esto pudiera acontecer. ¿Quién se va a creer semejante resultado a pesar de que la voluntad popular estaría consignada en las urnas vigiladas por más de 1 millón de mexicanos, ciudadanos de a pie, apostados en las casillas electorales para contar uno a uno los votos para evitar los fraudes electorales? ¿Cuántos mexicanos iban a admitir que AMLO habría perdido legítimamente la contienda cuando las encuestas habían reflejado su triunfo avasallador en todos y cada uno de los momentos previos a los sufragios?
Por esta y única razón intitulé esta columna. La verdad inútil;, porque que si López Obrador, después de la encuestas, fuera derrotado por el bien de la nación en las urnas, la auténtica verdad sería muy difícil de deglutir.
Si AMLO llegara a ganar de manera transparente y auténtica en las elecciones vigiladas por más de un millón de mexicanos, se diría que pudo vencer muy a pesar de los fraudes electorales ejecutados en su contra. Y si fuera derrotado, dirían, simple y sencillamente, que perdió en razón del fraude electoral. No hay manera de aceptar la verdad.
De acuerdo a lo anterior, estamos frente a una verdad inútil. O bien porque muchos mexicanos consultados y cuestionados se negaron a confesar sus preferencias electorales, o equivocaron al encuestador con respuestas falsas, o bien porque algunas encuestadoras o medios de difusión fueron sobornados, el hecho es que el resultado de las elecciones sobre la base de que AMLO llegue a perder, como sin duda perderá, la comunidad nacional quedará sepultada en el escepticismo. Y peor aún, el daño sería todavía más severo aun si la contienda tuviera que dirimirse en los tribunales, cuyos jueces, en su mayoría, han perdido toda credibilidad después de la sentencia a favor de el Bronco y de Gómez Urrutia. ¿A dónde vamos en un partido de fútbol en donde los árbitros ya son cuestionados antes del juego porque sus decisiones inatacables e inapelables se supone han sido enajenadas al mejor postor?
No puedo alegar que elevo mis plegarias para que López Obrador salga derrotado en las urnas por la sencilla razón que no creo en Dios ni en ninguna inteligencia superior a la humana, pero sí apelo a la inteligencia nacional para que la verdad no sea inútil y que aceptemos civilizadamente cualquier resultado que se produzca en las sumatorias de las boletas electorales contabilizadas por más de un millón de mexicanos. No escogeremos un nuevo presidente, sino un nuevo destino que debemos aceptar por los errores cometidos por todos nosotros a lo largo de nuestra historia.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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Si bien el señor López se sintió sorprendido al ser condenado a pasar la eternidad en la galera más recalcitrante del infierno, su confusión se desbordó al contemplar los rostros impasibles de otros señores López

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La Pesadilla del Señor López

Si bien el señor López se sintió sorprendido al ser condenado a pasar la eternidad en la galera más recalcitrante del infierno, su confusión se desbordó al contemplar los rostros impasibles de otros señores López, tal vez alojados en orden alfabético en el averno. Ahí estaba López de Santa Anna, ataviado con guerrera de gala y López Portillo enfundado en su warm-up-suit como si fuera a hacer ejercicio.
Si se aterró al ver el rostro sanguinolento de Mefistófeles, quien le extendió la más cordial bienvenida, el pánico se convirtió en furia al darse cuenta que su sustituto, el Secretario de Gobernación, ya nombrado presidente interino de la República, tomaba la decisión de continuar con el aeropuerto de Texcoco que generaría 150 mil millones de dólares al año, una derrama económica sensacional que enriquecería a toda la nación. En su pesadilla, la mayoría de su gabinete o había huido del país o estaba encarcelado. El peso de las sábanas lo asfixiaba. Sudaba, empapaba la cama, volteaba desesperado en busca de auxilio, en tanto producía meros sonidos guturales.
El nuevo mandatario recuperaba en instantes la confianza mundial en México. Arribaban miles y miles de millones de dólares, euros, yuanes y yenes que creaban empleos y bienestar. Las rondas petroleras inundaban con miles de millones de dólares las arcas nacionales para detonar el desarrollo de México y desmantelar la crisis financiera de Pemex. Se extraía abundante petróleo gracias a la técnica del fracking que le había reportado autosuficiencia petrolera a EU, mientras el norte de México se convertía en potencia gasera en razón de la explotación del gas shale con la participación asociada de experimentadas empresas extranjeras. Dejábamos de importar gas. Los proyectos multinacionales de energía limpia, la eólica, la barata, desplomaban las tarifas de consumo de energía eléctrica.
El señor López trató de sacudirse la colcha como si se estuviera incendiando al corroborar la reinstalación del Consejo de Promoción Turística. Nada parecía ser suficiente. De golpe vio a Bartlett encerrado en una celda roja, alegando que fundaría una granja porcina en la luna, junto con Mao y Stalin. A un lado observó a Martí Batres, a Yeidckol Polevnsky, a Mario Delgado y a Ricardo Monreal, guardados en una media esfera de vidrio, desde donde repetían al unísono: “ocho, ocho, ocho, ocho…” ¿Tendrían que estar en un manicomio? ¿Cómo apelar a una sentencia dictada por una Corte Celestial que contaría con otros datos…?
Sofocado, comprobó la cancelación de Dos Bocas, del Tren Maya y del corredor transístmico, aberrantes proyectos que nacerían quebrados. La nación estalló en ¡Vivas! cuando 350 mil pequeñitos volvían a las estancias infantiles, regresaba el presupuesto a los hospitales públicos, los médicos recuperaban sus empleos, se expulsaba a los “doctores cubanos”, en realidad, agentes comunistas, al igual que se largaba del país al asesor vasco y al argentino. Se reponía la autonomía de los organismos públicos. Se fortalecía la democracia. México apoyaba al Grupo de Lima. Las compras del gobierno se hacían por licitación y no por asignaciones directas. Ya no se perseguía a los opositores y se derogan las leyes confiscatorias. Las cárceles se llenaban de morenistas corruptos. Desaparecían los poderes en Baja California. Se respetaba a las fuerzas armadas y se desintegraba la Guardia Nacional para capacitar a la Policía Federal. Arriba, en lo más alto de la caldera, colgaban ahorcados, Peña Nieto y Videgaray, ambos con la lengua de fuera como si continuaran burlándose de México. Se volvía a instalar una reforma educativa con arreglo al mérito y no a las presiones sindicales. Se tranquilizaba a los mercados y a las casas calificadoras. Ya no se regalarían 350,000 millones de pesos a Ninis ni a otros beneficiarios, era la hora de trabajar y no de comprar el voto de millones de mexicanos para el 2021 o el 2024. Ya no se obsequiarían 100 millones de dólares a los países centroamericanos, cuando en México se requerían empleos a gritos. Las consultas populares espurias del señor López ya eran consideradas delitos federales. Se acababa el paternalismo que invitaba a la resignación y a la pobreza.
Nunca amaneció, nunca oscureció, nunca despertó el señor López: el infierno era eterno…

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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En la década de los 70 la palabra ‘pirruris’ fue usada para “designar a jóvenes provenientes de un estrato social alto o bien para calificar a quienes tenían pretensiones de pertenecer a el

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¡Arriba los Pirruris!

En la década de los 70 la palabra ‘pirruris’ fue usada para “designar a jóvenes provenientes de un estrato social alto o bien para calificar a quienes tenían pretensiones de pertenecer a el.” Los “niños bien” criticaban las costumbres de las clases populares, las de los llamados “nacos”, al carecer éstos de las inmensas desventajas socioeconómicas y de la educación de los sectores de escasos recursos. ¡Un horror!
Hoy en día, el término ‘pirruris’ ha resurgido en razón de un léxico agresivo y clasista utilizado por el ciudadano presidente de la República para dividir y enfrentar a nuestra sociedad, en lugar de impulsar un proceso de reconciliación nacional y de trabar poderosas alianzas para crear millones de empleos con el objetivo de ir disminuyendo gradualmente las terribles diferencias económicas, en realidad, amenazantes bombas de tiempo que todos estamos obligados a desactivar a la brevedad posible.
En la actualidad, y en el contexto de la evolución filológica de la palabra ‘pirruris’, dicha expresión se refiere, en lo general, a ciertas personas adineradas, entre las que no se encuentran los narcotraficantes multimillonarios ni los políticos enriquecidos con cargo al erario ni los prelados titulares de inmensas fortunas después de haber lucrado perversamente en el mercado espiritual, entre otros especímenes más. Los nuevos “pirruris”, de acuerdo a la terminología política actual, según mi entender, son los empresarios destacados que han conquistado el éxito económico a través de sus compañías, bienestar que, desde luego, comparten sus respectivas familias.
Estos empresarios triunfadores en la escala que se desee, son acusados y denunciados socialmente por quienes piensan que el dinero es el “excremento del diablo”, además de creer que toda riqueza es mal habida, salvo la detentada por una parte de la Nomenklatura de Morena, oculta, por supuesto, al escrutinio público.
Los renombrados políticos que atacan hasta ahora verbalmente a los “malvados hambreadores del pueblo”, desconocen las complejidades y riesgos en las negociaciones de los contratos colectivos de trabajo con líderes mafiosos, so pena de ver colocadas las banderas rojinegras en las puertas de sus compañías. Ignoran los riesgos de ser secuestrados, o asesinados, al igual que sus seres queridos, así como las consecuencias del desplome de las ventas, asfixia financiera que impide el pago de salarios o de impuestos o la amortización de los créditos bancarios o hipotecarios que puede ocasionar la desaparición de las empresas. No se toman en cuenta los chantajes de los auditores fiscales ni los sobornos imprescindibles para obtener licencias y autorizaciones y solo así poder continuar con el desempeño de sus actividades ni las consecuencias de las abruptas devaluaciones del peso cuando se tienen contratadas deudas en dólares ni la desesperación propia del bloqueo de las líneas férreas o del saqueo de los trenes que transportan los insumos ni la imposibilidad de surtir pedidos a tiempo, so pena de enfrentar multas comprometedoras.
Los críticos suicidas de los “pirruris” les es imposible entender que en su resentimiento y envidia que a más empresas sanas, más empleos, más consumo de productos nacionales, más equilibrio social, más divisas, más utilidades, más recaudación tributaria en todos los niveles de gobierno, más crecimiento económico y más capitalización: unas empresas fuertes hablan de un fisco fuerte y por ende, de un país fuerte al contar con más presupuesto público para construir más obras de infraestructura, dotar con más y mejores servicios a la comunidad, más y mejores sistemas de impartición de justicia, más solidez institucional, más y mejor educación, más democracia, más desarrollo político, más certeza y oportunidades de negocios para los inversionistas nacionales y extranjeros, más posibilidades de abrazar más proyectos sociales, culturales y económicos y a la inversa…
Comparemos entonces a un país con “pirruris” y a un país sin “pirruris” como ocurre en Cuba, en Venezuela y en Nicaragua. ¿Está claro? Los “pirruris”, con sus debidos defectos y excepciones, crean empleos, se juegan su patrimonio, generan divisas, impulsan la prosperidad y el bienestar, pagan impuestos (a pesar de la escandalosa evasión que va de la mano con la corrupción pública), financian actividades turísticas, deportivas y culturales, entre otras tantas actividades más.
Cuando los “pirruris” son atacados y se atenta en contra de la certidumbre y seguridad pública y jurídica, aquellos sustraen la sangre del aparato productivo y exportan sus recursos o los congelan en perjuicio de los sectores más necesitados a los que urge ayudar. Tan pronto los “pirruris” huyeron de Cuba y Venezuela, advino una pavorosa miseria que tarde o temprano ocasionará nuevos estallidos sociales.
En México necesitamos millones de “pirruris” para poder construir más academias y universidades, más polos de desarrollo, más infraestructura, más y mejor educación, seguridad y servicios públicos.
¡Arriba los “pirruris”!, mientras más “pirruris” tengamos, mejores condiciones de vida disfrutaremos y a la inversa. Desde que los “pirruris” se fueron de Venezuela o les expropiaron sus empresas, en Caracas desaparecieron los gatos y los perros callejeros porque fueron devorados por una nación hambrienta sometida a una terrible tiranía. Una vez más ¡Vivan los “pirruris”.

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Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena, presentó una iniciativa de Reforma Constitucional ante el Pleno del Senado

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Los Ministros Mudos

Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena, presentó una iniciativa de Reforma Constitucional ante el Pleno del Senado, con el objeto de ampliar de 11 a 16 el número de ministros de la Suprema Cortes de Justicia de la Nación (SCJN), por si fuera poco, todavía planteó como un emboscado ultramontano extraído de las catacumbas de mediados del siglo XIX, la creación de una Tercera Sala de la SCJN especializada en materia anticorrupción, la cual, según él, “debe contar con la competencia exclusiva para tratar temas de responsabilidad administrativa y delitos que tengan por origen hechos o actos de corrupción en los que participen servidores públicos y particulares”. El presidente de la República, enviaría cinco ternas a fin de que los senadores eligieran por mayoría de dos tercios de los votos a los nuevos integrantes de la SCJN.
Justo es reconocer dentro del más estricto rigor ético que Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, discrepó del senador morenista porque “En mi opinión, la Constitución tiene una Tercera Sección en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa que establece, precisamente, la integración de tres Magistrados para ver el tema anticorrupción que hasta la fecha no han sido nombrados.”
Por toda respuesta, el coordinador de Morena agendó la polémica iniciativa después de haber desayunado con el Presidente de la República en Palacio Nacional, de modo que el ciudadamo Jefe de la Nación está perefectamente enterado y conforme con el planteamiento, de otra forma se hubiera opuesto, como correspondería a un auténtico juarista defensor de las ventajas de la división de poderes.
¿No era acaso un momento histórico para que los actuales ministros de la Suprema Corte de Justicia hubieran convocado a una conferencia de prensa para protestar por la iniciativa, en la que tambíén se proponía desaparecer el Consejo de la Judicatura Federal?
¿Qué tal un discurso en los siguientes términos ante la opinión pública?
Señor Ricardo Monreal:
“Los Poderes de la Unión, su independencia y su autonomía, aunados a los órganos constitucionales autónomos, constituyen las limitantes a los poderes entre sí y al equilibrio que exige nuestra democracia republicana en cumplimiento de la ley suprema.
“La invasión irrespetuosa del Ejecutivo en contubernio con el Legislativo a órganos autónomos y del Poder Judicial, contrapesos constitucionales que limitan el poder presidencial en beneficio de los gobernados, minan su credibilidad y confianza.
“Parte fundamental de cualquier democracia es un Poder Judicial, eficaz y con la suficiente autoridad para hacer exigible a las autoridades su sometimiento al orden jurídico, la independencia de este sistema es fundamental para que el Estado de derecho prevalezca y los derechos humanos estén a salvo y debidamente protegidos.
“La incorporación de 5 nuevos ministros atropella de manera vulgar el Nuevo Sistema de Justicia Penal, el Sistema Nacional Anticorrupción, las obligaciones de la función pública en cuanto a la aplicación cabal de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, la autonomía de la Fiscalía General de la República, la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación. A los ministros de la Corte no les corresponde la persecución de los delitos y mucho menos la aplicación de sanciones administrativas.
“La corrupción per se no está tipificada como delito, son las conductas que de ésta generan la adecuación a delitos previamente previstos y sancionados en la legislación mexicana.
“De acuerdo a lo anterior, nosotros, los ministros de la Corte, en uso y goce de las facultades autonómicas que nos concede nuestra Carta Magna, y en ejercicio de los principios de contra pesos políticos existentes en una democracia, rechazamos la propuesta proveniente del senador Monreal porque en el fondo, de manera perversa y espuria, se le estaría concediendo al Jefe del Ejecutivo un control encubierto sobre el máximo tribunal de la nación, sin perder de vista que el presidente López Obrador ya cuenta con una mayoría simple en el Congreso de la Unión y por ende, ya domina también en el Poder Legislativo, por lo que puede promover y aprobar diferentes leyes. Si accediéramos a esa propuesta contraria a los intereses de la República y al Constituyente del 57 y del 17, nos convertiríamos en cómplices de una regresión de consecuencias imposibles de prever. Todos somos Belisario Domínguez”.
¿Qué sucedió en la realidad? Que los ministros de la Corte enmudecieron y con ello reforzaron el dicho de quien calla otorga. ¿Ya no existen los Belisarios en el México del siglo XXI? ¿NO…? Preparémonos entonces para una nueva dictadura…

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