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Cuentos Políticos

Del Coraje al Miedo

Por: Francisco Martín Moreno

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Partamos de un principio irrefutable: Las emociones, por definición, son irracionales. ¿Aceptado? Pues en este orden de ideas he observado que algunos sectores de la sociedad mexicana han iniciado un lento peregrinaje del mundo de la furia, del hartazgo y del coraje, al escenario del miedo, otro sentimiento en el que se percibe la gradual desaparición del justificado deseo de venganza ante los ultrajes incalificables cometidos por la propia autoridad: se empieza pensar -ya era tiempo- en la protección personal y en el cobijamiento de la patria. Castigar al gobierno en las urnas se entiende como una intención incontestable, ni hablar, ¿pero qué culpa tiene México en este apetito de penalización?
¿De dónde surge y se alimenta la indignación y la cólera? Nunca, en la dolorida historia de México, habíamos asistido a tantos desfalcos escandalosos, desviaciones de fondos, moches o simples raterías burdas o sofisticadas ejecutadas por la pandilla gobernante en los tres niveles de gobierno, contemplados tanto desde el ángulo vertical, como del horizontal. La delincuencia organizada la encabeza la propia autoridad representada, sálvese quien pueda, por los tres poderes de la Unión. Aquí no se salva nadie o muy pocos, poquísimos. El malestar ciudadano se disparó desde que se instrumentó una reforma fiscal draconiana que privó a la sociedad de una parte muy importante de sus recursos, solo para que ésta se frustrara al comprobar cómo se dilapidaban o se robaban sus impuestos pagados con enormes sacrificios. La ciudadanía se politizó desde que empezó a constatar el oprobioso destino de sus ahorros convertidos en botín de los poderosos.
¿Más? La inseguridad nacional se convirtió en desesperación desde que el gobierno no pudo frenar ni la ola de crímenes, ni de desaparecidos, ni contenía a los narcos, ni sometía a los huachicoleros, ni a los ladrones de trenes, ni a los gobernadores podridos, ni a la CNTE que dejaba a millones de niños sin escuela, otra banda de rufianes, supuestos maestros, feroces defensores de la ignorancia. Los cargos de ineficiencia nos condujeron ahora a una nueva conclusión: la sociedad mexicana y el mundo contemplan al gobierno de México como un Estado fallido.
Hasta aquí solo algunas explicaciones para tratar de demostrar el origen de la ira, así como los deseos de venganza. Pasemos ahora a tratar de demostrar el tránsito del hartazgo al miedo.
El creciente temor social se funda en la identidad del verdugo llamado a ejecutar la represalia. Todo comienza porque AMLO, el supuesto impartidor de justicia, formó parte durante muchos años, de la familia de depredadores y saqueadores que ahora deseamos sancionar con todo el rigor de la ley. Como fiel heredero de la escuela delictiva priísta, AMLO decidió investir como legisladores (los encargados de construir un Estado de Derecho) a secuestradoras como Nestora o defraudadores como Gómez Urrutia, entre otros tantos “colaboradores” con cuentas pendientes con la justicia. Exoneró de todo cargo a la llamada “Mafia del Poder” y prometió conceder amnistía a los narcotraficantes encarcelados y a los envenenadores de la sociedad que aun se encuentran en libertad. López Obrador se opone a combatir la violencia con violencia como si fuera un Gandhi dispuesto a convertir a los huachicoleros, narcos y presupuestívoros, en Carmelitas Descalzas incapaces de robar gasolinas propiedad de la nación, vender enervantes o lucrar con el tesoro público.
Si uno de los conflictos que más afligen a la sociedad es la inseguridad que también tiene consecuencias en la inversión extranjera y en el turismo, resulta imposible que el futuro Jefe de la Nación desee prescindir del uso del monopolio de la fuerza pública para someter a los rufianes que atentan en contra de la vida y de bienes de la sociedad. ¿Más? La marina y el ejército son unas de las pocas instituciones respetables que subsisten en México y AMLO se ha cansado de denigrarlas, al igual que ha hecho con los escasos ministros respetables de la Corte de justicia, a quienes ha etiquetado con calificativos indignos e irrepetibles. López Obrador, propone la creación de un Estado de Derecho a modo, el mismo sistema existente en las perversas décadas de la Dictadura Perfecta. ¿Pruebas? Pretende elegir a un fiscal especial anti corrupción sin la participación de la ciudadanía.
En un país de reprobados, en el que existen más de 50 millones de personas sepultadas en la pobreza, AMLO se opone a la reforma educativa, como se opone a la reforma energética que implica el arribo de 200 mil millones de dólares y al aeropuerto, que significa la brutal expansión de los movimientos de carga y de pasajeros con la consecuente derrama voluminosa de divisas. AMLO sostiene, sin demostrarlo, que ahorrará 500 mil millones de pesos porque con su simple llegada al poder se acabará la corrupción, misma que no pudo erradicar cuando fue Jefe de Gobierno. ¿Ahora sí podrá cuando renuncia a ejercer la fuerza pública y cree que con su presencia se “purificarán” millones de burócratas dignos de ser santificados y bendecidos?
La sociedad se ha venido dando cuenta que AMLO representa al viejo PRI, aquel de cuya memoria nadie quisiera acordarse. Basta con estudiar los antecedentes y desprestigio de la inmensa mayoría de colaboradores. Los capitalistas nacionales y extranjeros han detenido sus inversiones, el tipo de cambio sufre aparatosos vuelcos, no solo por el TLC; los empresarios mexicanos, los creadores masivos de empleos productivos, se encuentran enfrentados con AMLO, quien llama “Gigante” a un canalla como Fidel Castro, otro que mandó al diablo a las instituciones cubanas. ¿Qué tal la torpeza de prometer la construcción de refinerías de costos multibillonarios, cuando las industria automotriz fabrica vehículos eléctricos?
La sociedad mexicana se va serenando al tiempo que transita de la furia al miedo, según se acerca el momento de votar. En las próximas semanas empezarán a cambiar los resultados de las encuestas, más aún si se sabe que López Obrador se encuentra muy enfermo y cansado y el poder presidencial podría caer en manos de otro personaje igual o más peligroso, cuyo verdadero rostro nadie imagina. ¡Cuidado!
El miedo pide, con razón, el uso de la palabra.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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Si bien el señor López se sintió sorprendido al ser condenado a pasar la eternidad en la galera más recalcitrante del infierno, su confusión se desbordó al contemplar los rostros impasibles de otros señores López

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La Pesadilla del Señor López

Si bien el señor López se sintió sorprendido al ser condenado a pasar la eternidad en la galera más recalcitrante del infierno, su confusión se desbordó al contemplar los rostros impasibles de otros señores López, tal vez alojados en orden alfabético en el averno. Ahí estaba López de Santa Anna, ataviado con guerrera de gala y López Portillo enfundado en su warm-up-suit como si fuera a hacer ejercicio.
Si se aterró al ver el rostro sanguinolento de Mefistófeles, quien le extendió la más cordial bienvenida, el pánico se convirtió en furia al darse cuenta que su sustituto, el Secretario de Gobernación, ya nombrado presidente interino de la República, tomaba la decisión de continuar con el aeropuerto de Texcoco que generaría 150 mil millones de dólares al año, una derrama económica sensacional que enriquecería a toda la nación. En su pesadilla, la mayoría de su gabinete o había huido del país o estaba encarcelado. El peso de las sábanas lo asfixiaba. Sudaba, empapaba la cama, volteaba desesperado en busca de auxilio, en tanto producía meros sonidos guturales.
El nuevo mandatario recuperaba en instantes la confianza mundial en México. Arribaban miles y miles de millones de dólares, euros, yuanes y yenes que creaban empleos y bienestar. Las rondas petroleras inundaban con miles de millones de dólares las arcas nacionales para detonar el desarrollo de México y desmantelar la crisis financiera de Pemex. Se extraía abundante petróleo gracias a la técnica del fracking que le había reportado autosuficiencia petrolera a EU, mientras el norte de México se convertía en potencia gasera en razón de la explotación del gas shale con la participación asociada de experimentadas empresas extranjeras. Dejábamos de importar gas. Los proyectos multinacionales de energía limpia, la eólica, la barata, desplomaban las tarifas de consumo de energía eléctrica.
El señor López trató de sacudirse la colcha como si se estuviera incendiando al corroborar la reinstalación del Consejo de Promoción Turística. Nada parecía ser suficiente. De golpe vio a Bartlett encerrado en una celda roja, alegando que fundaría una granja porcina en la luna, junto con Mao y Stalin. A un lado observó a Martí Batres, a Yeidckol Polevnsky, a Mario Delgado y a Ricardo Monreal, guardados en una media esfera de vidrio, desde donde repetían al unísono: “ocho, ocho, ocho, ocho…” ¿Tendrían que estar en un manicomio? ¿Cómo apelar a una sentencia dictada por una Corte Celestial que contaría con otros datos…?
Sofocado, comprobó la cancelación de Dos Bocas, del Tren Maya y del corredor transístmico, aberrantes proyectos que nacerían quebrados. La nación estalló en ¡Vivas! cuando 350 mil pequeñitos volvían a las estancias infantiles, regresaba el presupuesto a los hospitales públicos, los médicos recuperaban sus empleos, se expulsaba a los “doctores cubanos”, en realidad, agentes comunistas, al igual que se largaba del país al asesor vasco y al argentino. Se reponía la autonomía de los organismos públicos. Se fortalecía la democracia. México apoyaba al Grupo de Lima. Las compras del gobierno se hacían por licitación y no por asignaciones directas. Ya no se perseguía a los opositores y se derogan las leyes confiscatorias. Las cárceles se llenaban de morenistas corruptos. Desaparecían los poderes en Baja California. Se respetaba a las fuerzas armadas y se desintegraba la Guardia Nacional para capacitar a la Policía Federal. Arriba, en lo más alto de la caldera, colgaban ahorcados, Peña Nieto y Videgaray, ambos con la lengua de fuera como si continuaran burlándose de México. Se volvía a instalar una reforma educativa con arreglo al mérito y no a las presiones sindicales. Se tranquilizaba a los mercados y a las casas calificadoras. Ya no se regalarían 350,000 millones de pesos a Ninis ni a otros beneficiarios, era la hora de trabajar y no de comprar el voto de millones de mexicanos para el 2021 o el 2024. Ya no se obsequiarían 100 millones de dólares a los países centroamericanos, cuando en México se requerían empleos a gritos. Las consultas populares espurias del señor López ya eran consideradas delitos federales. Se acababa el paternalismo que invitaba a la resignación y a la pobreza.
Nunca amaneció, nunca oscureció, nunca despertó el señor López: el infierno era eterno…

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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En la década de los 70 la palabra ‘pirruris’ fue usada para “designar a jóvenes provenientes de un estrato social alto o bien para calificar a quienes tenían pretensiones de pertenecer a el

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¡Arriba los Pirruris!

En la década de los 70 la palabra ‘pirruris’ fue usada para “designar a jóvenes provenientes de un estrato social alto o bien para calificar a quienes tenían pretensiones de pertenecer a el.” Los “niños bien” criticaban las costumbres de las clases populares, las de los llamados “nacos”, al carecer éstos de las inmensas desventajas socioeconómicas y de la educación de los sectores de escasos recursos. ¡Un horror!
Hoy en día, el término ‘pirruris’ ha resurgido en razón de un léxico agresivo y clasista utilizado por el ciudadano presidente de la República para dividir y enfrentar a nuestra sociedad, en lugar de impulsar un proceso de reconciliación nacional y de trabar poderosas alianzas para crear millones de empleos con el objetivo de ir disminuyendo gradualmente las terribles diferencias económicas, en realidad, amenazantes bombas de tiempo que todos estamos obligados a desactivar a la brevedad posible.
En la actualidad, y en el contexto de la evolución filológica de la palabra ‘pirruris’, dicha expresión se refiere, en lo general, a ciertas personas adineradas, entre las que no se encuentran los narcotraficantes multimillonarios ni los políticos enriquecidos con cargo al erario ni los prelados titulares de inmensas fortunas después de haber lucrado perversamente en el mercado espiritual, entre otros especímenes más. Los nuevos “pirruris”, de acuerdo a la terminología política actual, según mi entender, son los empresarios destacados que han conquistado el éxito económico a través de sus compañías, bienestar que, desde luego, comparten sus respectivas familias.
Estos empresarios triunfadores en la escala que se desee, son acusados y denunciados socialmente por quienes piensan que el dinero es el “excremento del diablo”, además de creer que toda riqueza es mal habida, salvo la detentada por una parte de la Nomenklatura de Morena, oculta, por supuesto, al escrutinio público.
Los renombrados políticos que atacan hasta ahora verbalmente a los “malvados hambreadores del pueblo”, desconocen las complejidades y riesgos en las negociaciones de los contratos colectivos de trabajo con líderes mafiosos, so pena de ver colocadas las banderas rojinegras en las puertas de sus compañías. Ignoran los riesgos de ser secuestrados, o asesinados, al igual que sus seres queridos, así como las consecuencias del desplome de las ventas, asfixia financiera que impide el pago de salarios o de impuestos o la amortización de los créditos bancarios o hipotecarios que puede ocasionar la desaparición de las empresas. No se toman en cuenta los chantajes de los auditores fiscales ni los sobornos imprescindibles para obtener licencias y autorizaciones y solo así poder continuar con el desempeño de sus actividades ni las consecuencias de las abruptas devaluaciones del peso cuando se tienen contratadas deudas en dólares ni la desesperación propia del bloqueo de las líneas férreas o del saqueo de los trenes que transportan los insumos ni la imposibilidad de surtir pedidos a tiempo, so pena de enfrentar multas comprometedoras.
Los críticos suicidas de los “pirruris” les es imposible entender que en su resentimiento y envidia que a más empresas sanas, más empleos, más consumo de productos nacionales, más equilibrio social, más divisas, más utilidades, más recaudación tributaria en todos los niveles de gobierno, más crecimiento económico y más capitalización: unas empresas fuertes hablan de un fisco fuerte y por ende, de un país fuerte al contar con más presupuesto público para construir más obras de infraestructura, dotar con más y mejores servicios a la comunidad, más y mejores sistemas de impartición de justicia, más solidez institucional, más y mejor educación, más democracia, más desarrollo político, más certeza y oportunidades de negocios para los inversionistas nacionales y extranjeros, más posibilidades de abrazar más proyectos sociales, culturales y económicos y a la inversa…
Comparemos entonces a un país con “pirruris” y a un país sin “pirruris” como ocurre en Cuba, en Venezuela y en Nicaragua. ¿Está claro? Los “pirruris”, con sus debidos defectos y excepciones, crean empleos, se juegan su patrimonio, generan divisas, impulsan la prosperidad y el bienestar, pagan impuestos (a pesar de la escandalosa evasión que va de la mano con la corrupción pública), financian actividades turísticas, deportivas y culturales, entre otras tantas actividades más.
Cuando los “pirruris” son atacados y se atenta en contra de la certidumbre y seguridad pública y jurídica, aquellos sustraen la sangre del aparato productivo y exportan sus recursos o los congelan en perjuicio de los sectores más necesitados a los que urge ayudar. Tan pronto los “pirruris” huyeron de Cuba y Venezuela, advino una pavorosa miseria que tarde o temprano ocasionará nuevos estallidos sociales.
En México necesitamos millones de “pirruris” para poder construir más academias y universidades, más polos de desarrollo, más infraestructura, más y mejor educación, seguridad y servicios públicos.
¡Arriba los “pirruris”!, mientras más “pirruris” tengamos, mejores condiciones de vida disfrutaremos y a la inversa. Desde que los “pirruris” se fueron de Venezuela o les expropiaron sus empresas, en Caracas desaparecieron los gatos y los perros callejeros porque fueron devorados por una nación hambrienta sometida a una terrible tiranía. Una vez más ¡Vivan los “pirruris”.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena, presentó una iniciativa de Reforma Constitucional ante el Pleno del Senado

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Los Ministros Mudos

Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena, presentó una iniciativa de Reforma Constitucional ante el Pleno del Senado, con el objeto de ampliar de 11 a 16 el número de ministros de la Suprema Cortes de Justicia de la Nación (SCJN), por si fuera poco, todavía planteó como un emboscado ultramontano extraído de las catacumbas de mediados del siglo XIX, la creación de una Tercera Sala de la SCJN especializada en materia anticorrupción, la cual, según él, “debe contar con la competencia exclusiva para tratar temas de responsabilidad administrativa y delitos que tengan por origen hechos o actos de corrupción en los que participen servidores públicos y particulares”. El presidente de la República, enviaría cinco ternas a fin de que los senadores eligieran por mayoría de dos tercios de los votos a los nuevos integrantes de la SCJN.
Justo es reconocer dentro del más estricto rigor ético que Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, discrepó del senador morenista porque “En mi opinión, la Constitución tiene una Tercera Sección en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa que establece, precisamente, la integración de tres Magistrados para ver el tema anticorrupción que hasta la fecha no han sido nombrados.”
Por toda respuesta, el coordinador de Morena agendó la polémica iniciativa después de haber desayunado con el Presidente de la República en Palacio Nacional, de modo que el ciudadamo Jefe de la Nación está perefectamente enterado y conforme con el planteamiento, de otra forma se hubiera opuesto, como correspondería a un auténtico juarista defensor de las ventajas de la división de poderes.
¿No era acaso un momento histórico para que los actuales ministros de la Suprema Corte de Justicia hubieran convocado a una conferencia de prensa para protestar por la iniciativa, en la que tambíén se proponía desaparecer el Consejo de la Judicatura Federal?
¿Qué tal un discurso en los siguientes términos ante la opinión pública?
Señor Ricardo Monreal:
“Los Poderes de la Unión, su independencia y su autonomía, aunados a los órganos constitucionales autónomos, constituyen las limitantes a los poderes entre sí y al equilibrio que exige nuestra democracia republicana en cumplimiento de la ley suprema.
“La invasión irrespetuosa del Ejecutivo en contubernio con el Legislativo a órganos autónomos y del Poder Judicial, contrapesos constitucionales que limitan el poder presidencial en beneficio de los gobernados, minan su credibilidad y confianza.
“Parte fundamental de cualquier democracia es un Poder Judicial, eficaz y con la suficiente autoridad para hacer exigible a las autoridades su sometimiento al orden jurídico, la independencia de este sistema es fundamental para que el Estado de derecho prevalezca y los derechos humanos estén a salvo y debidamente protegidos.
“La incorporación de 5 nuevos ministros atropella de manera vulgar el Nuevo Sistema de Justicia Penal, el Sistema Nacional Anticorrupción, las obligaciones de la función pública en cuanto a la aplicación cabal de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, la autonomía de la Fiscalía General de la República, la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación. A los ministros de la Corte no les corresponde la persecución de los delitos y mucho menos la aplicación de sanciones administrativas.
“La corrupción per se no está tipificada como delito, son las conductas que de ésta generan la adecuación a delitos previamente previstos y sancionados en la legislación mexicana.
“De acuerdo a lo anterior, nosotros, los ministros de la Corte, en uso y goce de las facultades autonómicas que nos concede nuestra Carta Magna, y en ejercicio de los principios de contra pesos políticos existentes en una democracia, rechazamos la propuesta proveniente del senador Monreal porque en el fondo, de manera perversa y espuria, se le estaría concediendo al Jefe del Ejecutivo un control encubierto sobre el máximo tribunal de la nación, sin perder de vista que el presidente López Obrador ya cuenta con una mayoría simple en el Congreso de la Unión y por ende, ya domina también en el Poder Legislativo, por lo que puede promover y aprobar diferentes leyes. Si accediéramos a esa propuesta contraria a los intereses de la República y al Constituyente del 57 y del 17, nos convertiríamos en cómplices de una regresión de consecuencias imposibles de prever. Todos somos Belisario Domínguez”.
¿Qué sucedió en la realidad? Que los ministros de la Corte enmudecieron y con ello reforzaron el dicho de quien calla otorga. ¿Ya no existen los Belisarios en el México del siglo XXI? ¿NO…? Preparémonos entonces para una nueva dictadura…

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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