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Opinión

Cierto… Se necesita

Ignorancia, desidia, indiferencia, pereza y bueno, tantos negativos que no ayudan al ser humano político a tener éxito en sus encomiendas

Publicado

en

Irene  Ortega Valdivia

¿Quien de nosotros no ha tenido a veces la inquietud de hacerle al detective? Y es que vemos y escuchamos tantas cosas a nuestro rededor que nuestras necesidades y hasta nuestra imaginación aún llena de pensamientos y fantasías positivas nos obligan a serlo. Conclusión, se necesita un hombre. No, no se trata de ofender a nadie, simplemente expresar que no existe un solo hombre que necesitando de la colaboración de muchos no haya quedado casi estupefacto ante la irresponsabilidad de tantos, sus falta de energía y hasta sapiencia para llevar la nave airosamente a su destino.

Ignorancia, desidia, indiferencia, pereza y bueno, tantos negativos que no ayudan al ser humano político a tener éxito en sus encomiendas. Una cabeza que piense, razone y discurra en el hacer que se le ha encomendado es lo que México está necesitando. Pero seguro, la capacidad de hechizar y convencer a una multitud con gestos y una temblorosa voz, no es suficiente ni lleva la capacidad que atañe a un México, libre y soberano.
Con pena se va observando que todos, desde las fuerzas de Policías hasta las Fuerzas Armadas, son rígidas jerarquías sobrecargadas de incompetencia en esos menesteres y que no pueden ser ascendidos pero tampoco pueden ser excluidos.

Saber dar órdenes y recibirlas no es fácil, como equívocamente se cree, comenzando por ser impecable con las palabras, -algo que parece muy simple- pero es sumamente delicado porque ellas son la herramienta más poderosa que tiene el ser humano, aunque sean como una espada de doble filo.

Y esa sensación nos produce escuchar a connotados políticos en sus charlas delevisivas acompañadas de una sonrisa benévola para disminuir la desilusión que su contenido mezcla de presunción, soberbia e ignorancia nos produce, respondiendo sin duda a su realidad interior, dando pié a observar como la retórica del exponente trasluce no la disciplina del soldado, sino la del guerrero, rubricándola con una sonrisa que pretende imbuir en el ánimo de los escuchas.

En consecuencia, ante tanta mentira, las víctimas se reprimen porque tienen miedo de mostrar sus emociones, decir lo que quisieran decir y poder expresarlas en el momento adecuado. En cambio el orador tiene un control absoluto sobre sus propias mentiras y emociones y una sonrisa fría.

Ciertamente, se necesita un hombre que no tenga miedo de que se le descubra que no es perfecto y que le falta sabiduría. Pero bueno, quitarse la máscara social resulta doloroso y en algunos casos difícil.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.