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Opinión

Ciento tres años de salvaguardar el orden constitucional

El 5 de febrero pasado celebramos el centésimo tercer aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en la ciudad de Querétaro.

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Ciento tres años de salvaguardar el orden constitucional

El 5 de febrero pasado celebramos el centésimo tercer aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en la ciudad de Querétaro. 219 legisladores constituyentes rubricaron el documento original que sustenta el marco jurídico de nuestra nación y consta de 136 artículos, divididos en nueve Títulos, además de 16 artículos transitorios, todo ello distribuido en 96 páginas manuscritas sobre pergamino.

Nuestra Ley Suprema, como hemos escuchado muchas veces pero que debemos tener muy presente, en el momento de su promulgación se convirtió en el instrumento jurídico más liberal, reivindicatorio y equitativo del escenario internacional de principios del siglo XX. En ella destaca su marcado contenido social que al paso de los años se ha venido manteniendo y reforzando como expresión de la evolución jurídica, política, económica, cultural y social de nuestro país.

En el articulado de la Constitución de 1917 ya se establecen las garantías individuales y los derechos sociales y colectivos en favor de todos los mexicanos por igual, así como la protección de trabajadores y campesinos frente al poder económico que tenía especial predominio en la estructura social de principios del siglo pasado. Existían ya leyes laborales tanto en Europa como en Estados Unidos que consideraban algunos derechos en favor del trabajador, relacionadas, por ejemplo, con la jornada laboral máxima de ocho horas o el derecho a la asociación y a la declaración de huelga; sin embargo, en ningún país se había logrado incluir estos derechos en su Ley Fundamental.

A más de un siglo de distancia nuestra Constitución ha sufrido cerca de setecientas modificaciones que, sin duda, reflejan la evolución jurídica que hemos vivido, así como la voluntad de una ciudadanía cada día más corresponsable con el fortalecimiento de la democracia y de mejores políticas públicas encaminadas a hacer realidad la equidad, la inclusión y la justicia social.
De igual modo, la participación y aportaciones de un gran número de hombres y mujeres de distintas fuerzas políticas y sectores sociales de nuestro país han sido fundamentales para crear y hacer evolucionar las instituciones de nuestro país, sustento inobjetable de nuestra identidad nacional y también de nuestra vida democrática.

Las modificaciones a nuestra Constitución también han fortalecido la capacidad de respuesta de nuestros gobiernos a las demandas ciudadanas al correr de los años, al tiempo que han permitido abrir rutas para propiciar el desarrollo sustentable de México. De igual modo, han coadyuvado al crecimiento de nuestra democracia y al empoderamiento de una ciudadanía convencida de su rol corresponsable en el destino de nuestra nación.
Los cambios también han dotado al Estado mexicano de los mecanismos jurídico-institucionales que nos permiten ser más competitivos en el plano económico global y anticipar con fortaleza las crisis económicas que en las últimas décadas se han presentado de manera cíclica y que hemos logrado sortear a pesar de condicionantes externas adversas.

Sin embargo, como afirman los doctores en Derecho Diego Valadés Ríos y Héctor Fix Fierro en el estudio introductorio de su texto titulado “Hacia la reordenación y consolidación del texto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917”, […] si bien la Constitución se ha actualizado y modernizado significativamente, de tal modo que el texto vigente incorpora ya los elementos y las instituciones principales del constitucionalismo contemporáneo, lo cierto es también que las continuas reformas y adiciones que ha sufrido han dado por resultado un texto cada vez más extenso, desordenado, asistemático y descuidado desde el punto de vista técnico-jurídico… por lo que resulta imperativo encontrar otras opciones que le den estabilidad y viabilidad.
Nuestra Constitución, afirman Valadés y Fix Fierro, ha sido reformada de manera importante en rubros de vital importancia como el control de la constitucionalidad de las leyes; la autonomía municipal; el sistema electoral y representativo en los ámbitos federal y local; la salvaguarda de los derechos individuales y sociales, incluidos los de los pueblos indígenas; el manejo de la propiedad y la justicia agrarias; la transparencia y acceso a la información pública gubernamental, y la rendición de cuentas; los sistemas de justicia penal y seguridad pública; la relación del Estado con las Iglesias; la rectoría del Estado sobre el desarrollo nacional y la explotación de los recursos energéticos y empresas productivas del Estado. En el marco de estas reformas se ha dado origen a nuevas instituciones y se han reformado las existentes.

En el mismo estudio los connotados abogados hacen una propuesta de reordenamiento que, sin afectar los principios fundamentales que incluye y su expresión jurídica, restaura sus cualidades formales y técnicas permitiendo un manejo más sencillo de la ley.

El tiempo no se detiene. A pesar de que nuestra Ley Fundamental mantiene su vigencia a más de cien años de su promulgación, ha logrado mantener presente el gran legado de nuestro pasado y establecer el rumbo por el que debemos conducirnos en la defensa de la salvaguarda de nuestra soberanía, de los derechos humanos y sociales, y de la gran riqueza patrimonial con la que cuenta nuestra Nación, es probable que en el corto plazo se den las condiciones necesarias para diseñar una nueva Constitución Política que cuente con más orden desde el punto de vista técnico. Ella misma será el mejor punto de partida cuando así lo decida la soberanía popular.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.