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domingo, enero 17, 2021

Cambio climático: La consecuencia de la inconciencia

Por: Luisa Alejandra Domínguez Álvarez:

Es bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ponente en congresos y foros nacionales e internacionales, asesora del programa “La ciencia en tu escuela” en la Academia Mexicana de  Ciencias. Actualmente se desempeña en la Coordinación General de Adaptación al Cambio Climático en el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático.

Entre las características que han permitido, o quizá dado un pretexto para separar al ser humano Homo sapiens, del resto de los homínidos y en general de todos los animales, se encuentra, además de la capacidad de modificar su medio, la adquisición de una consciencia. Entendiendo conciencia, tal como lo define la Real Academia de la Lengua Española, como el “conocimiento claro y reflexivo de la realidad”.

Sin embargo, si pensamos en la historia de la humanidad nos encontraremos con muchos ejemplos, que nos demuestran que los seres humanos hemos actuado, con inconciencia total en el pasado, en el presente y casi seguro en el futuro, algunos ejemplos que me vienen inmediatamente a la mente son: actos de genocidio, exterminio, discriminación y esclavitud, si hablamos de seres humanos; y extinciones de especies, sobreexplotación de recursos y contaminación, si hablamos de la naturaleza.

Luisa Alejandra Domínguez Álvarez

Como lo describe muy bien, la Dra. Andrea Sáenz-Arroyo, en su escrito “La paradoja del Chimpancé pensante”: Hasta el día de hoy los humanos hemos actuado como depredadores seriales de numerosas especies marinas (y terrestres sic) y nuestra forma de adaptarnos a este saqueo ha sido generalmente la flexibilidad de nuestro apetito o la migración, esto lo expresa cuando trata de explicar que muy a menudo las comunidades humanas simplemente reemplazamos una especie, una vez que se ha extinguido la especie que comenzó a explotarse.

Algunos de los ejemplos de especies que han desaparecido totalmente de la faz de la tierra, debido a la  sobreexplotación, pese a que sus poblaciones eran tan abundantes son: la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas), paloma pasajera (Ectopistes migratorius) y el bisonte americano (Bison bison), que si bien no se extinguió sus poblaciones se redujeron a tal grado que fue necesario establecer programas de reproducción. Estos tres ejemplos tienen totalmente la etiqueta de la consecuencia de la inconciencia, a tal grado que resulta doloroso leer de la forma en la que se extinguieron.

En muchas ocasiones en diferentes situaciones y en diferentes regiones he escuchado a  personas decir la frase de “Es un regalo de la naturaleza”, hace un par de días mientras veía un programa, en donde una comunidad nórdica iba a la caza de delfines volví a escuchar esta frase y me pareció completamente violenta. Ese es el problema, creer que las especies y todos los recursos naturales están aquí, para nosotros, para los gocemos y los disfrutemos solo por tener la capacidad de capturarlos, cazarlos, domesticarlos y  cortarlos. Y ese es el punto tenemos que cambiar, tenemos que dejar de tener este desprecio por la naturaleza y creer que somos la especie que la domina o que los seres vivos nos pertenecen.

La deforestación y la defaunación, tienen efectos cascadas sobre los ecosistemas: la destrucción del hábitat y la introducción de especies alóctonas (es decir que no pertenecen a ese sitio), la contaminación y los cambios en las condiciones climáticas, son variables ambientales que significativamente afectan la ecología de las enfermedades infecciosas emergentes. Como por ejemplo, la actual pandemia provocada por el COVID-19: Estamos viendo que las dinámicas de muchos patógenos están cada vez más relacionadas con los cambios drásticos que estamos haciendo al ambiente, como la deforestación, la contaminación, la invasión de zonas naturales o la pérdida de diversidad.

Otros impulsores de deterioro ambiental en el planeta

En una entrevista que realiza la UNESCO al reconocido profesor de la Universidad de Harvard y creador del concepto de “biodiversidad”, el Dr. Edward O. Wilson, define las principales amenazas: destrucción de los hábitats, especies invasoras, contaminación, superpoblación humana y explotación excesiva de los recursos de caza y pesca. Entre estos cinco factores, el cambio climático habría que clasificarlo como una destrucción de hábitats de proporciones mayúsculas.

Mencionaré solo unos pocos datos de la sobrepoblación humana, actualmente la población en el planeta se estima en 7.8 mil millones de personas y aunque la tasa de crecimiento de la población mundial se redujo del 2,2% anual hace 50 años al 1,05% anual las proyecciones revelan que la población mundial de seres humanos alcanzará hasta 10.9 billones en el 2100, esto representa una enorme cantidad de recursos naturales, agua, vivienda, alimentos, educación vida digna y derecho a el esparcimiento. Lo que nos lleva a pensar que debemos encontrar soluciones dignas, justas y equitativas, para los grupos humanos y para la naturaleza.

Este incremento en la población se debe a muchos factores, por primera vez se tuvo el conocimiento científico suficiente para combatir enfermedades y generar vacunas que por primera vez permitieron que descendiera la mortandad, se encontraron formas sintéticas de producir fertilizantes y con ello se aumentó la producción de alimentos y se modificaron cada vez más ecosistemas para establecer nuevas zonas de vivienda, en su libro “Las Musas de Darwin” el Doctor José Sarukhan, lo expone magistralmente..

Cambio climático

Con la revolución industrial apareció, además, un cambio total en las formas de producir y también aparecieron nuevos compuestos y mayor volumen de algunos de los que ya existían, estos son los denominados Gases de Efecto Invernadero, que al irse acumulando en la atmósfera han provocado en la más reciente publicación del IPCC, se menciona que desde el período preindustrial, la temperatura del aire en la superficie terrestre ha aumentado casi el doble que la temperatura media global. El cambio climático, incluidos los aumentos en la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos, ha afectado negativamente a la seguridad alimentaria y a los ecosistemas terrestres, además de contribuir a la desertificación y a la degradación de las tierras en muchas regiones.

En estos momentos de la historia del planeta Tierra y de la humanidad existe un consenso por parte del grupo de expertos de todo el mundo IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático) que el clima del mundo está cambiando y continuará cambiando en el próximo siglo a tasas proyectadas, sin precedentes en la historia humana reciente. Los especialistas reportan que el uso humano afecta directamente a más del 70 % de la superficie terrestre global libre de hielo.

Los riesgos asociados con estos cambios son reales pero muy inciertos. La vulnerabilidad, que se define como la incapacidad de un sistema o población para afrontar los impactos negativos del cambio climático, puede empeorar los desafíos sociales y económicos en curso, como la desigualdad, y las brechas de género, particularmente para aquellas partes de las sociedades que dependen de recursos que son sensibles a los cambios climáticos, como por ejemplo las personas que pescan, cultivan o cosechan recursos que son el sustento de las poblaciones rurales de los países en desarrollo.

Pero no todo está perdido, es el tiempo de actuar con conciencia

Una vez que hemos llegado a este punto es entonces cuando también vale la pena reconocer los hitos que como humanidad hemos hecho bien, por cierto, quiero destacar que siempre en todos estos procesos ha habido un despertar de conciencia de algunas personas que logran conformar una masa crítica suficiente para exigir a los gobiernos que se lleven a cabo estos grandes cambios o transformaciones.

Recuperación de las poblaciones de ballenas, la caza puso en un punto altamente vulnerable a las poblaciones de ballena. En 1946 se firmó en Washington DC, la Comisión Ballenera Internacional, con el propósito de velar por la conservación adecuada de las ballenas y posibilitar así el desarrollo ordenado de esta industria. La prohibición de los flourocarburo que afectaban la capa de ozono, la denuncia de Rachel Carson, con su primavera silenciosa, que sacudió al mundo y comenzó a crear conciencia de uno de los problemas más graves que produjo el siglo XX: la contaminación que sufre la Tierra.

Así que esto puede ser esta gran oportunidad para estas generaciones para tomar cartas en el asunto, ya que sabemos que las únicas vías que existen para enfrentar este reto global son las acciones de mitigación que son todas las  Intervenciones,  encaminada a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o mejorar los sumideros (conservar, restaurar y rehabilitar bosques, selvas y manglares), a fin de limitar el cambio climático futuro y las acciones de adaptación, que son todos los procesos de ajuste para disminuir moderar, evitar los daños y/o aprovechar las oportunidades beneficiosas (en caso de existir) los impactos del cambio climático actual o proyectado.

¿Qué puede hacer un joven como tú?

Primero que nada, tener el impulso y las ganas de tomar parte para enfrentar esta crisis del cambio climático y la degradación de los ecosistemas.

Segundo: evita el desperdicio de alimentos, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, 1/3 parte de todos los alimentos producidos en el mundo se pierden o se desperdician y la comida no es lo único que se desperdicia cuando no se consume: todos los recursos (como semillas, agua, etc.), el dinero y la mano de obra necesarios para producirlos, la energía y los insumos también se pierden, la generación de gases de efecto invernadero para su producción también fueron en vano.

Revisa el tiempo que pasas en tus redes sociales, ya que los hábitos de internet no son tan limpios como se cree, el almacenamiento de imágenes y videos requiere de una gran cantidad de energía, por lo que te recomiendo leer el artículo de la BBC: Why your internet habits are not as clean as you think?

Necesitamos como individuos y como sociedad mejorar nuestra capacidad de adaptación para enfrentar el cambio climático, los desafíos son muchos y muchos de estos retos con diferente nivel de incidencia: desde la gestión de los recursos naturales locales como también los acuerdos y acciones internacionales en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

“Construir un futuro mejor, después de la pandemia, requiere implementar hoy intervenciones sociales y económicas para una mayor resiliencia”, como afirmó Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Es urgente luchar contra la desigualdad, las brechas de género y la falta de oportunidades para las generaciones futuras porque esto agrava la desigualdad, se tienen que cambiar los hábitos de consumo y la manera en la que producimos, tenemos que dejar de pensar que la naturaleza, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos sirven solo para satisfacer las vidas humanas. 

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen. 

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