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martes, abril 20, 2021

Cada día es una nueva expedición de vida

Por: Andrés de Jesús Palacios Sarabia

Fátima del Ángel es originaria de la ciudad de Córdoba, Veracruz. Es Licenciada en Contaduría Pública, y en la actualidad se dedica a la estética canina por su amor hacia los perros. También es Directora Ejecutiva de Bomberos y Paramédicos Regionales de las Altas Montañas.

Fátima creció en un hogar en el que se le enseñó el respeto hacia todos los seres vivos, en especial a la naturaleza. Su motivación apareció al observar el Pico de Orizaba y preguntarse si algún día podrá ascender a ella. La curiosidad sumada al amor por la naturaleza la llevó a tomar la decisión de escalar esta montaña, comenzando a sí su carrera deportiva.

Practica dos disciplinas: escalada en alta montaña y esquí de travesía. Ambas son ramas que pertenecen al montañismo. Otras especialidades conocidas son el alpinismo, reservado para expediciones en los Alpes, andinismo en los Andes, e himalayismo en el Himalaya.

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Escalar alta montaña no es tarea sencilla, pues todo el tiempo te enfrentas a situaciones hostiles que ponen en peligro tu integridad. Una de las más importantes es la hipoxia, la disminución del oxígeno a partir de los 950 metros sobre el nivel del mar la presión atmosférica comienza afectar tu cuerpo.

Para practicar cualquiera de las ramas del montañismo es necesaria una exhaustiva preparación física, pues es indispensable tener una buena capacidad pulmonar y una correcta aclimatación para contrarrestar los efectos.

Después de escalar repetidas veces el Pico de Orizaba, Fátima comenzó a desarrollar proyectos de escalada que le propusieran un nuevo reto en su carrera. A través de estos proyectos ha logrado escalar montañas como el Kilimanjaro, en África; el Damavand, en Irán; el Parinacota, en Chile; e incluso en el Desierto del Sahara recorriendo 500 km caminando en 14 días.

Una de las expediciones más reconocidas de Fátima es haber llegado al eje de rotación de la Tierra en el Polo Norte. Este recorrido se ve envuelto en condiciones hostiles como el frío extremo, en donde la temperatura desciende a los 45° bajo cero de forma permanente, lo cual es tres veces más frío que los congeladores que tenemos en casa. Esta condición sumada al peligro de la fauna silvestre y el terreno inestable, representan un verdadero desafío para cualquier deportista.

En muchos de estos viajes, Fátima se dio cuenta de que el montañismo no está exento de las problemáticas medioambientales. Por ejemplo, el calentamiento global ha provocado que el terreno se vuelva más inestable complicando el esquí de travesía, pues al pisar en hielo blando, podrías terminar en el fondo del mar.

De acuerdo con la deportista, otra problemática centrada en México es la falta de sistemas regulatorios que obliguen a los montañistas a sacar su basura, y no tirar ningún tipo de desecho, pues esto compromete el equilibrio natural del ecosistema.

Asimismo, el descuido de las montañas en México provoca deforestación, inundaciones, deslaves, y el caso del Pico de Orizaba en el cual su cara Sur ha perdido gran parte del hielo que la cubría.

El activismo desde el deporte es factible. Para Fátima, es posible ayudar a la conservación de las montañas a través la difusión de estas problemáticas con el objetivo conocer el impacto de la contaminación y el cambio climático.

Fue su cercanía con la naturaleza la que la inspiró a perseguir sus sueños en el montañismo, pero ahora es esta misma naturaleza quien nos llama a comprometernos en ayudarla.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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