domingo, agosto 1, 2021

Caballero es alguien que nunca inflige dolor

Se asoma la providencia divina en los acontecimientos de la vida y aunque la podemos constatar no siempre la podemos agotar.

Con el paso del tiempo volvemos sobre los acontecimientos que marcaron nuestra vida y descubrimos diversas manifestaciones de la providencia que en su momento escaparon a nuestra vista y sensibilidad; a veces porque nuestras emociones nos impiden ver más allá y a veces porque hay cosas que se descubren no de manera intelectual sino después de sufrirlas, experimentarlas y aceptarlas.

Respecto de don Sergio Obeso Rivera alcancé a ver en su momento algunos signos providenciales que rodearon su partida de este mundo, el pasado 11 de agosto. Sin embargo bajo este proceso de apertura espiritual y a la distancia de este acontecimiento voy cayendo en la cuenta de otros aspectos providenciales que impresionan y confirman la presencia de Dios que no deja de manifestarse.

En este caso he tenido que abrir más la perspectiva en el tiempo; también en la geografía, aunque solo con el afán de ubicar mejor a las personas en cuestión ya que la Iglesia es católica y abraza por igual a hombres y mujeres de todos los pueblos del mundo.

Abriendo la perspectiva temporal me remonto al santo obispo de Veracruz. En efecto, después de la muerte de San Rafael Guízar Valencia, el 6 de junio de 1938, don Manuel Pío López Estrada asumió como Obispo de Veracruz en 1939 y falleció el 11 de agosto de 1971.

Abriendo la perspectiva geográfica, me voy a referir a un cardenal inglés, converso a la fe católica después de haber vivido en el anglicanismo, cuya santidad es convergente con la vida de don Sergio Obeso. El próximo mes de octubre el papa Francisco canonizará al beato Cardenal inglés John Henry Newman, quien murió el 11 de agosto de 1890.

Se pueden trazar varios paralelismos entre el Cardenal Newman y el Cardenal Obeso, pero en esta ocasión quisiera fijarme en la definición de un caballero, que aparece en la obra de Newman La idea de Universidad, específicamente en el Discurso VIII.

No hay mejores palabras para describir la calidad humana de don Sergio, su exquisita capacidad de tratar y de acoger a las personas, su extremada amabilidad y su caballerosidad. La gentileza y sencillez de don Sergio se percibían inmediatamente en un mundo donde la constante son las burlas, insultos y humillaciones.

Decía San Francisco de Sales que: “El trato cortés y delicado es la crema de la caridad y del amor”. La calidad humana de don Sergio era el resultado de su educación, de su notable inteligencia y de su fe.

La descripción de lo que es un caballero, en la obra de Newman, es bastante amplia. Yo sólo tomo los rasgos más significativos que se encarnan en la vida del Cardenal veracruzano.

“Es casi una definición de caballero decir que es alguien que nunca inflige dolor… No le pesan los favores mientras los realiza y parece recibir cuando en realidad está dando. Nunca habla de sí mismo excepto cuando se ve obligado y jamás se defiende mediante simple réplica. No tiene oídos para los chismes ni las calumnias.

Es escrupuloso para comprender los motivos de aquellos que interfieren, y trata de interpretar todo de la mejor manera. Jamás es desconsiderado o mezquino en sus disputas ni tampoco se aprovecha de ventajas injustas…

Desde una prudencia que ve más allá, observa la máxima del antiguo sabio, que deberíamos dirigirnos siempre hacia nuestro enemigo como si un día fuera a ser nuestro amigo. Tiene demasiado buen sentido como para ofenderse por los insultos, está suficientemente ocupado como para recordar injurias y demasiado indolente como para soportar la malicia.

Si entra en alguna controversia de cualquier tipo, su intelecto disciplinado lo preserva de cometer una desatinada descortesía de mentes mejores, o tal vez, de las menos educadas…

Puede estar bien o mal en su opinión, pero tiene demasiada claridad mental como para ser injusto… Es la encarnación de aquellas ideas de lo sublime, lo majestuoso, y lo hermoso, sin lo cual no puede haber una filosofía grande…”

Decía Chesterton que: “Cada generación busca su santo por instinto, y no es lo que el pueblo quiere sino lo que el pueblo necesita”. Necesitados de cariño y de atención en un mundo que no sabe escuchar, valorar, comprender ni mirar a los ojos, la santidad de don Sergio se manifiesta en el apostolado de la bondad y la amabilidad que más que ser un signo de cortesía y buena educación, en don Sergio eran un signo de su buen corazón cristiano y de su notable inteligencia.

Antes de ser una eminencia por el título cardenalicio que la Iglesia le asignó, ya era para nosotros una eminencia por su inteligencia que lo hacía una persona cortés, cabal y bondadosa, un verdadero caballero de Cristo.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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