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martes, enero 26, 2021

En la opinión de…Buenos Días!

VANITAS VANITATUM, ET OMNIA VANITAS
Ayer, revisando un medio de la Ciudad de México, vi una información de unos médicos respecto a los “peligros” de la cirugía plástica. Ellos se referían a los grandes riesgos en materia existencial, en función a los apegos por los que se realizan este tipo de intervenciones quirúrgicas, pero, lo más elocuente, cuanto paradójico del caso, es que los médicos en cuestión ¡Todos!, a leguas se les notaba su buen tratamiento de tal índole. Tomaron como ejemplo para sus decires a un grupo de gente destacada dentro del ambiente artístico en el mundo, que ya no son ni la sombra de lo que fueran y ahora se le ve prácticamente “piel de tiburón”. Me resultó entretenida la lectura, porque no obstante los médicos hablaban de los “grandes trastornos en la personalidad por motivo de este tipo de intervenciones ¡Ellos estaban en el mismo dilema! O sea, aplica aquí aquello de: “El burro hablando de orejas”.

NO EN BALDE EL AUTOR LE PIDIÓ A DIOS SABIDURÍA
Apenas empezando la lectura de esta entrevista, también me vino a la mente la frase aquella del Eclesiatés, libro 1 versículo 2: Vanitas vanitamun, et omnia vanitas (latín, en cristiano quiere decir: “Vanidad de vanidades y al final todo es vanidad”. Adentrándose más el libro en cuestión, puede un leer que el autor (se le atribuye a Salomón), dice la misma juventud es vanidad.

DIJERA MI MADRE: “¡ESTÁ CABRÓN LLEGAR A VIEJO!”. PERO YA LLEGAMOS Y HAY QUE SEGUIR
Esto, claro, no logra uno observar hasta que ya se encuentra uno dentro de la hoy llamada “Tercera Edad” o ¡Vejez! Porque, en tratando de conservarse joven, la gente hace de todo y aún más. He ahí entonces lo que los médicos en cuestión llaman “problema de personalidad”. Y, bueno… pues… si, uno quisiera conservar para siempre la juventud y morir incluso en condiciones físicas propias de la juventud, pero, en internándose en el tiempo ¡Todo, absolutamente todo, fenece! Y a eso debemos acostumbrarnos, de lo contrario, le va a uno como en feria. Pues, como decía un amigo: “Debe uno envejecer con dignidad”. De lo contrario, puede uno caer en depresiones tan espantosas, como en la que caen mucha gente, sobre todo los de la farándula, que quisieran ser jóvenes por siempre y caen en el exceso de la cirugía plástica, encontrando problemas como los del cantante inglés, Tom Jones, el cual por tanta cirugía plástica (en seis meses cumple 80 años) está irreconocible; incluso, se rumora que de tanta cirugía ya no puede ni dormir con los ojos cerrados, debiendo recurrir a antifaces especiales y a lágrimas artificiales.

GOETHE NO QUERÍA MORIR ¡Y FENECIÓ!
En otras ocasiones les he platicado de todo de lo que el ser humano ha sido capaz de hacer con tal de no envejecer, pero, al final, todo es en vano, nos llega la decrepitud y con ello la antesala de la extinción. Les decía que en una ocasión leí que el gran escritor universal de todos los tiempos, Johann Wolfgang von Goethe, cuya obra cumbre se considera “Fausto”, en donde plasma de manera magnifica el gran drama de la humanidad por no envejecer. A este escritor se le adjudica la frase de: “Más luz, más luz”. Cuando estaba muriendo. Pero en los hechos, es que él no quería morir, tenía un tremendo miedo a pasar por este trance y comentan gritaba mucho que no quería expirar. Y para hacer esto un tanto más “visible” alguien se aventó lo de “más luz, más luz”.

“KEEP AWAY FROM DOCTORS” (“ALEJATE DE LOS DOCTORES”, REFRÁN GRINGO)
Volviendo al tema inicial, reitero lo dicho sobre la cirugía plástica, logro entenderla entre las damas y los artistas, pero, entre los caballeros de actividad profesional normal, no lo veo tan elocuente. Las arrugas llegan porque llegan y el tiempo finalmente hace su chamba. Así que, lo mejor es aceptar la realidad y dejarse de tanto cuento ¿A poco no?

EL GRAN GENIO DE MI CUATE VÍCTOR HUGO
¡También en una ocasión les reproduje el poema de mi cuate Víctor Hugo!, el de “Te deseo”, en donde el galo habla prácticamente de las etapas de la vida del ser humano y entre ese escrito dice: “Te deseo que siendo joven no / madures demasiado de prisa, / y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, / y que siendo viejo no te dediques al desespero. / Porque cada edad tiene su placer / y su dolor ye s necesario dejar / que fluya entre nosotros.”

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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